Fuego amigo en es este del Este

El antichavismo se supera y abraza un nuevo elemento de violencia, quizá el más peligroso de todos: el linchamiento. 

Los operadores del odio dejaron caer la idea, como quién no quiere la cosa, señalando las posibles presas, que, según explicaron con criminal precisión, son de todos los tamaños, porque hasta niños de cinco años, si son hijos de chavistas, “son culpables y deben pagar”. Ya saben, esto para tener “un país mejor donde quepamos todos”
“¿Cómo se siente ser escupido en todo el planeta? ¿Que no haya sitio dónde esconderte, avión dónde volar? ¿Que ya no tengan paz jamás?” —Aupaba el caos, Cesar Miguel Rondón, regodeándose en su cobarde sadismo.
Y no solo a los chavistas, “hasta una simple secretaria de un ministerio —instruye Patricia Poleo desde Miami—, porque todo el que trabaje en una institución pública será considerado cómplice”. Se levanta la veda y 2 millones de empleados públicos están en la mira.
Es tan sencillo, si alguien señala a un chavista, corra usted a entrarle a patadas o insultos, y grabe con su teléfono la cobarde proeza para tuitearla después.
Rebotaban encantados los videos en las redes, hasta que el de una turba libertaria en el CCCT prendió las alarmas. La locura instantánea: de repente cae un señor al piso, rodeado de verdugos que lo muelen patadas. De la nada llegan decenas de personas con sus gorras siete estrellas, apuntando a la víctima con sus celulares, como si estos lanzaran rayos laser, todos gritándole, mientras los vigilantes lo rescatan y alejan de la turba. “¡Fuera, fuera!”… El golpeado no era un funcionario chavista, como decían. Era alguien que a alguien se le pareció a alguien y ya.
Entonces el repudio: El periodista Isnardo Bravo tuiteó su selectiva indignación “Qué pasa, ahora la idea es maltratar a quien sea, sin ni siquiera averiguar. POR DIOS!!!” Su colega, Carines Moncada describió el hecho como “muy vergonzoso, ya que, aparentemente, confundieron a un ciudadano con un chavista”
Así que ya sabe, amigo decente y pensante, averigüe primero y linche después, no vaya a ser que termine usted pateando a un ciudadano y no a un chavista, como debe ser. Linche con precisión, porque de seguir con este desorden, usted mismo ya no sabrá en qué lugar del este del Este, una turba de fuego amigo le podría estar esperando.


Atrapados en el relato


En las “revoluciones de colores”, los medios de comunicación juegan un rol principalísimo construyendo el relato que desdibuja la realidad. Reporteros que logran estudiadas imágenes del cinematográfico joven solitario enfrentando al monstruo represivo con una simple bandera, sin miedo; la abuela que increpa el soldado asesino, sin miedo; los pequeños escolares arrodillados frente a un piquete de esbirros de la dictadura, exigiéndoles que paren la masacre, sin miedo… Sin miedo, porque, ubicados en la realidad, saben que el monstruo que relatan no existe, porque de lo contrario ¿qué mamá en su sano juicio expondría a su niño al peligro mortal de enfrentar cara a cara a un esbirro asesino? 

De todos modos, el relato se impone descartando toda verdad que lo contradiga. “No publiques nada que beneficie a la tiranía” -decía un tuit de Mari Montes, periodista opositora, a propósito del revelador video, publicado por un reportero también opositor, que derrumbaba la tesis del asesinato Juan Carlos Pernalete, por un impacto de bomba lacrimógena.
No más deslices: editado, con un salto tremendo en la secuencia, presentaron los constructores del relato el vídeo otro asesinato, el del joven Canizales, instalando una historia que contradice a la autopsia; pero no importa la verdad, no importa la justicia, lo que importa es sacarle el jugo a la muerte. 
También con el asesinato Miguel Castillo esta semana, las evidencias contradicen al relato y el “periodismo” hace maromas. Darvinson Rojas publicó cuatro honestos tuits sobre la investigación del caso. Lo mató una metra de metal, disparada a menos de 10 metros, por un arma de fabricación artesanal, decía en tres tuits, y en otro, hablaba sobre el video que muestra cómo alguien le quita a Castillo, herido de muerte, la cámara Go Pro que llevaba y que pudo haber grabado a su asesino. Ese tuit, al rato, lo borró.
Sin liderazgo que la contenga, la violencia se desborda, incluso contra los periodistas que la maquillaron de “resistencia pacífica”. “Un equipo de Globovisión fue rociado on gasolina en Chacao”, denunciaban periodistas de oposición, pidiendo cordura y respeto. Entonces sus lectores les dejaron bien claro que no hay cordura ni respeto para quienes se atrevan a contradecir el relato que ellos mismos ayudaron a construir. 


Rehenes de la locura

Esa mañana, la señora Fulana amaneció poseída por el espíritu libertario. Su inteligencia, tal como le pasó al nudista de Altamira, le dijo: “Marica, tienes que hacer algo”. Entonces ya no tuvo dudas.

La señora Fulana, coló su café con determinación. El café siempre ayuda en estos casos. Bebió la taza de un solo sorbo, sintiendo como el brebaje quemaba su garganta. ¡Qué le importa el dolor a una guerrera! 

Activado el sistema digestivo por la cafeína, Fulana sabía que el tiempo no le sobraba. Apurada, buscó un rollito de papel toilet, salió y apretó el botón del ascensor mientras apretaba también glúteos y efínter. Ya en planta baja, cruzó las puertas del edificio y salió a la calle. Sus vecinas de toda la vida la saludaban batiendo banderitas siete estrellas, pero la mente de Fulana, concentrada al máximo en su misión, no estaba para saluditos. 

Finalmente llegó al medio de la calle, como la buena ciudadana que es, por el rayado peatonal. Allí, ante los ojos atónitos de sus vecinas, se bajó los pantalones dejando las nalgas expuestas a la vista de los cuatro gatos que hacían la barricada. “¿Qué está haciendo Fulana? ¡Ay, Dios, tiene el culo horrible!” -comentó Gladys a Mireya. “Nosotras que le llevamos un par de años lo tenemos más firme” -agregó antes de quedarse muda porque ya la cosa no era mostrar unas nalgas colgantes, no: Fulana en cuclillas, en pleno plantón libertario, estaba poniendo un plastón al grito de “Me cago en la dictadura!”. “¡Está haciendo pupú!” -dijo Mireya. “¡Libertad, libertad!” -Coreó Gladys.

La cagada de Fulana se regó por las redes sociales. Entre asombro, burlas y rechazo la imagen de la gente decente y pensante de esta país quedaba en entredicho. Entonces la oposición sacó su conejo comodín de la chistera: y fue así como la Sra. Fulana se convirtió en “colectivo”. 

Al día siguiente, cuando Fulana salió a caminar por el bulevar de toda la vida, sus vecinas, de toda la ídem, le torcieron los ojos porque ellas, primero muertas que saludar a una infiltrada colectivo asesino narcochavista. 

Mientras se desarrollaba esta tragicomedia en El Cafetal, todas las urbanizaciones del Este estaban sitiadas por sus propios vecinos. Otra vez autosecuestrados para que cayera Nicolás. El nuevo líder de la MUD, Freddy “Audi” Guevara, entiende, porque a veces entiende alguna cosa, que su propia gente está siendo instrumento ciego de su propia destrucción. Así, el líder sin liderazgo decidió explicarle a la gente pensante, que esa pendejada de encerrarse a ellos mismos no servía para nada. Le tomó una retahila de tuits para hacerlo, y bajo cada tuit, una chorrera de insultos de su propia gente decente, que como avispas furibundas, defendían su derecho a clavarse el aguijón ellas mismas “hasta que caiga la dictadura”.

En Lara, más tardecito, un grupo de encapuchados secuestró una gandola de gasolina. Allí, en la entrada de una zona clase media, decente y pensante, of course, amenazaban con hacerla explotar si el gobierno no liberaba a 141 compañeros de estos terroristas, perdón, estudiantes, hijos ejemplares, deportistas y manifestantes pacíficos que solo exigían justicia y libertad, según tuiteaba explicativo y solidario el gobernador Henri Falcón. 

Horas después, ya en la noche, ardía el camión y volaba por las redes la información de unos colectivos lo habían incendiado. No, no fueron las decenas de encapuchados violentos que amenazaban con hacer volar medio Cabudare, no: Resulta que unos tipos, en una moto, se colaron entre los furibundos encapuchados, los mismos que hemos visto linchar a cualquiera que tenga el pelo medio chicharrón por ser sospechoso de ser chavista… Bueno, sí, resulta que entre ese enjambre violento, se coló esta moto con unos chavistas malvados, que prendieron en llamas al camión para “dañar la imagen de la protesta pacífica”. Fueron los colectivos, repitió la gente pensante en coro.

Y uno se pregunta si en verdad toda la oposición es tan bruta y tan loca, y más cuando la mayoría de las encuestas dicen que la gente lo que quiere es diálogo y paz. Entonces, aunque parezca poco científico y tal vez un poco tonto, en un grupo de whatsapp encontré un indicio de respuesta: la oposición está emocionalmente secuestrada.

Una mamás opositoras tomaron el chat del colegio para hacer su parte en esta lucha libertaria. Alguna sugirió dejar de llevar a los niños al cole, “por su seguridad y por apoyar a los que luchan”. Una a una, las mamás se iban sumando en una especie de votación abierta donde la que no se sumara quedaría en evidencia. Una de ella quiso ser la voz de la razón y dijo que llevaría a los niños al cole para que no fueran a perder más clases. Una lluvia de caritas bravas, de duda y de sospecha de esas que se usan en whatsapp dejaron clara la desaprobación del grupo. La voz de la razón fue apagada de golpe, no fuera cosa de que la confundieran con una chavista y desde entonces, ella lidera el paro educativo en pro de la libertad.

Secuestrados los votantes por la violencia de unos pocos. Secuestrados los dirigentes por los mismos violentos. Aquellos, como Henri Falcón, que quisieron ser la “alternativa” terminan hundiéndose cobardemente en el chiquero de los violentos.

Mientras tanto, el presidente Maduro abre la ventana de la constituyente, que, entre otras cosas, sirve como vía de escape para quienes quieran dejar de ser rehenes de la violencia y la locura. Una vez más se abre una puerta al diálogo y al debate. Una vez más, quienes no tienen más argumento que el odio, se oponen con violencia. Una vez más serán vencidos, porque aunque algunos tengan que disimularlo, la mayoría de los venezolanos somos gente de paz.


Retrato de la locura

El sábado 8 de abril, una multitud de 15 personas vestidas de naranja Voluntad Popular, protestaban en la esquina de una calle que no pudieron cerrar por falta de gente, sosteniendo unos cartelitos que juntos decían “¡Elecciones ya!”. Y es que ya se los había dicho Almagro: ”La dictadura venezolana se derrota con elecciones”, mire usted. Y aunque dirigencia opositora, en coro, dale que repite y dale que repite, instaló en las cabecitas de sus seguidores que Maduro no quiere elecciones porque tiene miedo; sin miedo, Maduro, en su programa del los domingos, dijo estar ansioso de que se hicieran las elecciones, desatando en ese preciso instante un cortocircuito en la oposición, que como un resorte saltó furibunda y desafiante con una nueva y libertaria consigna democrática: ”No queremos elecciones, queremos que te vayas ya”. 

Y así, indignados por una posible contienda electoral en plena dictadura, llamaron seguir en la calle, calle y más calle sin retorno, un día sí y un día no. El sábado sí, el domingo acude a tu iglesia, el lunes incendia tu calle, el martes y miércoles no porque hay Champions, el jueves sí… y así, hasta que caiga esta dictadura que ahora nos quiere obligar a votar.
La mayoría salió a la calle, sí, pero rumbo a la playa, porque es Semana Santa y porque los días están hermosos. Los que se quedaron, maldecían a los que prefirieron unos días de playa a una vida entera de democracia y libertad. “Ojalá se ahoguen en la playa, malditos” –tuiteaban amorosamente estos guerreros libertarios, constructores fundamentales ese país de tolerancia, paz y unidad nacional que promete en vano Julio Borges.
Así, el lunes volvió a salir a la calle una multitud que no llegaba a mil personas, eso sí, ya sin los cartelitos que reclamaban elecciones. Allí, en Chacaito, el finisterre del sifrinismo caraqueño, líderes como Tomás Guanipa, declaraban desgañitados que “Maduro no quiere elecciones porque tiene miedo porque Maduro quiere elecciones porque tiene miedo”. Dichos los discursos antes un centenar de micrófonos de medios de todo el mundo (nunca una manifestación tan escueta tuvo tanta cobertura), arrearon a su gente a una marcha no autorizada, ooootra vez hacia el centro de Caracas. Y ooootra vez los destrozos en el este del Este porque las fuerzas de seguridad del estado, los muy esbirros represores, no los dejaron ir al Centro a destrozarlo todo allá. 
Inteligentísimos, los manifestantes “pacíficos” del lunes, se ensañaron con la autopista de Prados de Este, dejando aisladas a las urbanizaciones donde reposa el voto antichavista. La gente decente y pensante de este país se quedó atrapada entre la guarimba y su casa. Una decena de postes de alumbrado público tirados en la vía, sí, los mismos postes que reclamarán mañana al maldito de Luís Motta Domínguez porque, sin luz, esa autopista es peligrosísima. Alúmbrame el zaguán…
Los vecinos se comunicaban por whatsapp. Algunos aterrados, no tanto por los postes caídos sino por el fuego que alcanzó los campos de golf. Nunca la guarimba los había tocado tan hondo. Empezaron a temer por su propiedad privada. “Puede que les dé por quemar nuestras casas”, decía un señor con voz temblorosa en un whatsapito de voz. Otra vecina contaba que pasó horas tratando de llegar a su casa. Logró llegar pasada la media noche, sorteando postes y manifestantes muy feos que “no eran de allá”. Una se quejaba de que la Guardia Nacional Bolivariana no llegaba todavía. Sí, la señora quería que vinieran los esbirros a reprimir a los muchachos que liberaban al país tumbando postes y quemando hasta el campo de golf. “No parecen gente de aquí, para mi que son infiltrados”, decía otro; pero toda duda fue despejada con el eufórico audio de un vecino que acababa de cruzar por la zona de guerra santafesina. 
“Yo pasé por Santa Fe, ahorita… Se está incendiando el campo de golf, una valla. Pararon un camión de basura, vaciaron la basura del camión en la autopista y la están incendiando entera. Hay por lo menos unos diez postes de luz en el piso. Hay, no sé, unas 30 personas, todos malandros, porque están pistola en mano. A mi me pararon pistola en mano, bajé el vidrio con el carajo pistola en la mano, que yo dije ve, me jodieron, y lo veo tapado y me dice ¿pa’ dónde vas?, así voz de malandro, y le saqué la máscara que la tenía en el puesto de copiloto y le dije: yo vengo de Altamira de peleá’ y el bicho se voltea y dice, ¡este es de los nuestros! Déjenlo pasá’. Por eso es que digo que no son colectivos. Y, bueno, les di una botella de ron, además para que fueran felices, para que aguantaran la noche y seguí para mi casa. Pero bueno, Santa fe es una guerra, son malandros armados, para mi no colectivos. Son malandros de ahí de Las Minas, no sé de dónde, pero están armados, echando plomo y destruyendo lo que ven y me dijeron que quieren aguantar hasta mañana.”
¡Ay, menos mal! Porque la verdad es que antes del alentador whatsapito de este heroico vecino, estaban aterrados, pensando que los responsables de los destrozos eran colectivos chavistas. Qué reconfortante fue saber que tenían un grupo de malandros armados, llegados de quién sabe dónde, echando tiros, ahí, en la puerta de sus casas. Qué bueno que ya estaba aclarado todo; así, cuando llegara la GNB, los vecinos podrían salir tranquilos a sus balcones a insultarlos y a tirarles cosas, todo esto al son de un nutrido cacerolazo libertario contra estos esbirros represores, violadores del derecho de los demócratas malandros armados de quemar el campo de golf en libertad. ¡Con mi malandro no te metas!
Así están…


De cómo Trump ahora es bueno

 

 

images

 

“Estemos preparados, hay un pequeño chance de que nuestros líderes horrendos puedan, sin saberlo, llevarnos a la tercera guerra mundial. ¿Qué lograríamos en Siria aparte de más endeudamiento y un posible conflicto de larga duración? Obama necesita la aprobación del Congreso (para poder atacar militarmente a Siria). Repito, a nuestro muy estúpido líder, NO ATAQUES A SIRIA, si lo haces muchas cosas malas pasarán y los Estados Unidos no ganará nada”. Así se expresaba Donald Trump en 2013, poco antes de lanzar su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos. Así se expresó durante su campaña, denunciando el gasto enorme en guerras y proponiendo usar ese dineral en beneficio de la gente. Entonces para los medios, Trump ya no fue más el taquillero millonario excéntrico, y se convirtió en un peligro para la humanidad. Así lo titularon y bajo las alarmantes letrotas negras, siempre una foto del la amenaza inusual y extraordinaria con bisoñé en medio de una estúpida morisqueta. Las letrotas negras se tornaron rojas cuando el misógino, xenófobo, tarado, psicópata, amigo de Putin ganó la presidencia.

Fue tan intensa la campaña mediática contra este loco, que hasta Venezuela, protagonista del cotidiano titular horrendo de primera plana de los últimos años, fue olvidada. El mundo pasó más de un mes sin saber de Venezuela, pero empapándose en los detalles del bisoñé de Trump, del sufrimiento silente de Melania, del negro futuro que Trump supone. Convertido en la burla del periodismo mundial, nunca vimos nada así contra un presidente gringo. Los medios corporativos lo destrozaban en cayapa como los hemos visto hacer contra mandatarios de otros países que a la Casa Blanca, le han parecido incómodos. Ahora la incomodidad estaba adentro de la Casa Blanca.

Convencido el mundo de que Trump es un monstruo apocalíptico que merece todo nuestro rechazo, viene este y bombardea a Siria, sin permiso del Congreso, sin siquiera presentar pruebas falsas ante el Consejo de Seguridad de la ONU, como hiciera Bush antes de atacar vilmente a Iraq. Nada, Trump, asumió ser el “líder horrendo que nos está llevando a la tercera guerra mundial”. Entonces, los grandes medios, sin disimulos, -ya nadie disimula- hacen borrón y cuenta nueva, convirtiendo al imbécil en un respetable líder justiciero.


Un día cualquiera

Puerto-libre-Bulevar-Guevara

 

El jueves, cuando Maduro dio el golpe de estado, yo estuve todo el día en la calle, desde temprano, cuando ya el golpe estaba consumado. Esa mañana, a diferencia de mis mañanas de siempre, no tuve tiempo para leer la prensa, así que salí a la calle sin imaginar lo que estaba pasando.

A millones de venezolanos se nos pasó ese día entre llevar a los niños al colegio, ir al trabajo, hacer mercado, ir al doctor, pagar la luz, el teléfono o el impuesto sobre la renta, cuyo plazo estaba por vencerse. Qué iba uno a imaginar, si parecía un día cualquiera: los colegios, los centros comerciales funcionando con normalidad, lo mismo que los supermercados, bancos, oficinas públicas y privadas… No había “esbirros del régimen” peinando las calles, arreando opositores a un stadium para luego borrarlos del mapa, no. No había allanamientos masivos, como se supone debe hacer cualquier dictadura que se precie de serlo. Nop, la vida seguía como si nada y uno ahí, en la calle, al-inocente-lo-protege-Diosmente, sin saberlo, en medio del caos que narraban todos los grandes medios internacionales.

Y es que en este país no nos enteramos de nada. Si yo viviera en España o en Miami, no tendría dudas de que, en Venezuela, ese nefasto jueves, la dictadura de Maduro había dado un golpe de estado. Si yo viviera fuera, habría pasado un jueves agónico, pero vivo aquí, en el epicentro de los hechos, por eso no me enteré sino bien tarde, cuando por fin me conecté a la realidad de Internet: Allí supe que, ooootra vez, la comunidad, preocupada por nuestra democracia, profería libertarias amenazas contra nosotros; y oootra vez, la dirigencia opositora, en civilizada sintonía, pedía al “mundo democrático” hechos más que palabras. Por ahí vi a Almagro moviendo la colita con Kuczynski y el resto de la manada de perritos simpáticos; Por ahí me alertaron de que “lo que viene es feo. Compra mucha comida, que no hay, que está carísima, y el dinero no alcanza porque Venezuela se muere de hambre y la dictadura te obliga a comprar pan canilla regulado cuando el paladar te exige cachitos de jamón…” Y ahí, en medio de reguero de alarmantes y caóticas noticias típicas de un golpe, leí que los empresarios esperan las nuevas subastas de divisas del DICOM. Lo normal, pues. Un día cualquiera de estos últimos 18 años.


La infamia derrotada

oea

 

El día de la reunión del Consejo Permanente de la OEA para hablar contra Venezuela, aquí en el país en cuestión, en las emisoras de radio privadas se vertían algunos hermosos puntos de vista sobre la inminente aplicación de la Carta Democrática -con la ayuda de Dios y de la Virgen dorada de Altamira-. Una moderadora decente y pensante, invitaba a su público ídem, a entender a la OEA como una junta de condominio. “Imagínense que en su edificio -decía- todos los vecinos son amables y respetuosos; pero hay un vecino borracho -si, para esa señora Venezuela es un borracho- que hace ruido hasta la madrugada, que molesta a los demás, que hace lo que le da la gana… Bueno, a ese mal vecino la junta de condominio, primero, le reclama, luego lo sanciona, y si sigue, se le corta el agua, la luz y hasta puede botarlo de su apartamento. Eso es lo que va a pasar en la OEA, Dios mediante y vamos a quedar aislados, como Cuba, hasta que saquemos a este gobierno ilegítimo y delincuencial…” Escupía su mal de rabia la señora sin darse cuenta de que ella es el vecino indeseable, lo mismo que sus oyentes, lo mismo que los que tienen la dicha de no oírla. Ahí la dejé como una loca implorándole a Almagro, y a los vecinos decentes, que no tuvieran piedad con Venezuela, “para que esos chavistas sepan lo que es bueno”.

Mientras la señora en la radio soñaba con el desastre, Freddy Guevara anticipaba la aplicación de la Carta con un tuit que lanzó desde su Audi, mientras esperaba en un semáforo: “Aplicar la Carta Democrática significa: libertad presos políticos, elecciones y acceso de alimentos y medicinas a Vzla #OEAVzlaEleccionesYA”. En seguida, sopotocientas respuestas de sus tuiteros siempre furibundos, ahora contra él. Tuiteó @Lidmely: “lo mismo decían al ganar la AN. Vamos a buscar las promesas incumplidas. Cállate, pareces chavista”, @reinhardcelis: “falso de toda falsedad. no sean embusteros y hablenle claro al pueblo, no creen falsas expectativas, irresponsables” @Alienwr: “insistes en demagogia,embustero er Coño la carta democrática es la declaración de un estado fallido” @lucolmen: “En este tema es recomendable ser prudente y no levantar falsas expectativas. Me recuerda a PJ en la campaña para la AN.”  @ELCHUKIGONZALES: “Los chavistas siempre tienen una A’s bajo la manga y Uds los Diputados se la AN se quedan MUDOS como unos guevones siempre!”… Cientos de tuits, todos hartos de su dirigencia.

En la OEA, Luis Florido en el mismo cuartico, sobre el mismo taburete donde el año pasado sentaron a Ramos Allup, que esta vez dijo que no se calaba la humillación y se quedó en la dictadura celebrando la validación de su partido por parte del dictatorial CNE. Desde el cuartico oscuro, Florido fue diluyendo su euforia en desencanto a punta de tuits. De “Dejamos claro ante el mundo que el diálogo FRACASÓ y el proceso OEA debe llevar a una salida electoral urgente” dando la cayapa contra Venezuela por sentada, a “Países durante Consejo Permanente rechazan insultos y comportamiento irrespetuoso de Samuel Moncada (delegación de Maduro) ¡Qué vergüenza!”. Apenadísimo estaba Florido cuando Samuel Moncada, sí, el chavista, desarmó con argumentos claros a quienes atacaban a Venezuela. Y es que imagínense, cómo se le va a pedir a gobierno colombiano que haga algo para no seguir siendo el mayor productor de cocaína del mundo. Cómo se le va a pedir que no legalice la gasolina venezolana que entra a Colombia por contrabando. Cómo mencionarles la matanza sistemática de dirigente sociales… ¡Cónchale, vale, eso no se hace! Ni hablar de la mala intención de poner en apuros al representante de México, justo frente a su amo, diciendo que no necesita el muro que el amo le quiere montar, y de paso, le quiere hacer pagar. Cómo tratar así a un gobierno sembrado sobre cientos de fosas comunes, y decenas de periodistas asesinados, la última, por investigar los nexos del narcotráfico con ese gobierno. ¡No señor, qué pena! Y a los amigos de Brasil, decirles en su cara que nadie los eligió; decirles que cuando tuvieran un gobierno electo por votación popular podrían a hablarle de democracia a Venezuela… ¡Eso no se hace, caramba! ¡Chavistas groseros todos!

Y Almagro -¡Ay, Almagro!-, a un par de días de vencerse su ultimatum, ese que advertía a nuestro gobierno que de no convocar “elecciones generales completas a la mayor brevedad, (la OEA iba a) aprobar la suspensión del desnaturalizado gobierno venezolano, que es el más claro esfuerzo y gesto que podemos hacer en este momento por la gente del país, por la democracia en el continente, por su futuro y por la justicia”. Ese delirante Almagro, bolsa de aire caliente; ya desinflado al final de la tarde, disfrazaba sin éxito -siempre sin éxito- su derrota con un tuit lastimero sobre “los pasos gigantescos que habían dado“, así, sin ultimatum, sin Carta, sin expulsión, ¡sin, sin, sin nada, caray!

Aunque la indignidad se lleve la mayor parte de este texto, tenemos que hablar de dignidad, porque de eso se trata todo esto. Junto a Venezuela, Bolivia y Nicaragua defendiendo la soberanía de todos, hasta la de los “perritos simpáticos” que no la desprecian. Haití, siempre Haití, República Dominicana y El Salvador, levantando la voz por la verdad venezolana, aún cuando habían sido amenazados por el senador Marco Rubio si no votaban en contra nosotros, que era igual que votar contra ellos mismos. Y las islas que tanto desprecian algunos, las islas que nadie vio hasta que Chávez nos hizo verlas. Esas islas insumisas, acompañándonos, desafiando al huracán iracundo que viene del norte. Y nosotros, Venezuela, en la voz valiente de Samuel Moncada, lanzando verdades con ese lenguaje clarito que Chávez elevó a esos templos de hipocresía, donde las formas son lo importante, nunca el fondo. Y cuando el fondo les pegó en la cara a los títeres de la infamia, se hicieron los ofendiditos y huyeron en bandada, comandados por el embajador Mexicano que les dijo: “¡Vamos Kiko, no te juntes con esa chusma!”

Y otra vez la infamia derrotada, otra vez y siempre, chavistamente.