Julito el cipayo


Lleva años viajando por el (primer) mundo, en una carísima gira cinco estrellas, financiada por bolsillos que no son el suyo -y que querrán recuperar su inversión, por supuesto-, con el único fin de suplicar a la llamada “comunidad internacional” que intervenga en Venezuela, que la bloquee, que la asfixie. La historia de un perfecto cipayo. 

Su inclinación a la vileza se remonta a su infancia, en un colegio ultraconservador, en un salón lleno de varoncitos como él, con copetes a lo Rafael Caldera, pequeños Rafaelitos de cuatro años, empezando su proceso de formación para asumir, en el futuro, el liderazgo del país. Allí, en ese salón de niños cool, en una esquina, con sus cejas pegadas y su mirada de bolsa, Julito pasaba el día entretenido, robándose los Pepitos de la lonchera de Luisito Pietri Azpurua, y achacando el robo, un día a Carlitos Mirabal Sosa, otro a Gustavito Roche, a cualquiera, a menos Fernando Guedez Méndez que era el más grande del salón y pegaba durísimo. Julito descubrió temprano el perverso placer de ser, a la vez, el perpetrador y acuseto pantaleto de todo lo malo pasaba en su salón. Era tan torcido Julito, que cuando tocaba confesión, el niño de cejas de cepillo de limpiar pocetas, no confesaba al cura del cole sus pecados, sino los de sus compañeros de clase, que se ganaban la penitencia sin haber pasado por “Go”. 

Así Julito se convirtió en Julio, el que aprovechaba para copiar en los exámenes, mientras el profe de física regañaba a Rodrigo Vecchio por copiar, gracias a Julio que lo acusó de copión. Así pasó por la escolaridad, rodeado del profundo desprecio, no solo de sus compañeros de clase, sino de los profesores que no entendían cómo un muchacho tan joven podía ser tan rastrero y vil. Así pasa por la vida. 

Se quedó calvo y echó barriga. Sus cejas indomables resisten la depilación láser, como su esencia rastrera se resiste a la dignidad. Hoy Julio va por el mundo, coleccionando desprecios, suplicando y aplaudiendo sanciones contra su país, pidiendo más, mientras clama preocupación por el pueblo que sufre los efectos del bloqueo; y lo hace con esa misma cara de cínico despreciable que ponía cuando se pasaba el recreo comiendo Pepitos, pegado a la ventana del salón, mirando a Carlitos Mirabal, castigado, sin recreo, por un Pepito que no robó. 

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Solos y desnudos (sin motor arrechísimo)

No habían terminado su festival de insultos, donde “tumor” fue el más suave de los improperios, y en plena repartición de culpas, que cayeron casi todas sobre los pendejos que los han soportado todos estos años, que les han consentido todas sus pataletas, siempre violentas, siempre desastrosas, que los han acompañado en esas misiones suicidas donde los muertos nunca son quienes las convocan; los que hicieron corto circuito con tanta incoherencia discursiva de unos líderes que los llevan como en un carrito chocón, y no votaron, coño, porque “no es no”, porque “calle, calle y más calle sin retorno forever”, porque “las dictaduras no caen con votos”, o porque “Ocariz es un güebón”… En medio del estruendoso derrumbe de una Mesa de Unidad pegada con moco, se anuncian las elecciones municipales. #SOSElQueSeCansaPierdeVE 
Por un breve instante se detiene la función. Los dirigentes de lo que fue la MUD, se miran unos a otros con la rabia y la desconfianza de siempre, buscando un indicio de “para donde irá a agarrar el carajo ese”. Y saltó Borges, que acaba de hundir a Guanipa y en plan, “si soy tan pesado que no puedo flotar, aquí nos hundimos todos”, anuncia, porque sabe que va a perder hasta las cejas, que Primero Justicia no va participar en estas elecciones. Freddy Guevara, se empina para que lo vea el 3,6% que apoya al partido que Freddy trata de quitarle a Leopoldo, para decir, con su cara de Alvin la Ardilla tan lavada, que Voluntad Popular, pa’lante, pa’tras, tampoco va a participar. Capriles, la nada, en otro vano intento de ser tomado en cuenta, dijo alguna babosada con cara de “me la estoy comiendo”, por Periscope. Y María Corina, torciéndoles los ojos con nauseas, solo pudo tuitear: “se los dije”. Pero quedaba un hilo suelto que había que amarrar. 

Henri Ramos Allup, soñando con La Casona, despejando obstáculos, lechuginos y petimetres de su camino presidencial, había declarado en los últimos dos meses, que Acción Democrática participaría en cuanta elección se les atravesara. Lo había reiterado apenas hace una semana, pero hubo un obstáculo que Henry no calculó: el que paga, manda, y aquel “give me money” que relataba el ex embajador Brownfield en su comunicados internos, a Ramos Allup, como un boomerang, se le devolvió: “Usted no va”. 

Opaco, cabizbajo, contenido, sin su acostumbrado chisporroteo adecamente rebuscado, Henry en una mesita, con cuatro micrófonos, claudicó -perdón- anunció que AD tampoco va para el baile. Tanto nadar para hundirse en la orilla con los “lechiguinos, petrimetres y mariposones”. 

Por ahí, haciéndose los suecos, Rosales y Henri Falcón sacaban sus cuentas. 

A todas estas, en aquellas alcaldías sifrinoides, bastiones irreductibles del antichavismo, temblaban los vecinos, temblaban más los alcaldes que querían repetir, porque lanzarse allá en un tiro al piso. Yo traté de imaginarme a Chacao chavista, con la plaza Altamira decorada con los ojitos de Chávez y el Obelisco pintado de rojo y negro, por pura maldad, como aquel tumbarrancho gigante que puso Farruco en la plaza El Venezolano. Y claro, la razón me decía que eso iba a pasar, que ellos no iban a soltar ese chollo de gobernar alcaldías donde lo único que los votantes exigen de sus alcaldes es un antichavismo “indevolvible”. 

Así, lo que supuse sería un goteo de postulaciones y deserciones partidarias, se convirtió en un diluvio de postulaciones: casi cinco mil candidatos para 335 municipios. Como dijo Roberto Malaver: “Ahora hay TANTOS candidatos a alcaldes que los únicos que faltan son Ramos Allup y Julio Borges”. 

Fue impresionante ver a Richard Fermín, alcalde ex justiciero de mi municipio, desde su perfil de Twitter todo amarillo y negro, en la noche del lunes pidiéndole a Dios que lo iluminara, y amaneciendo el martes, iluminadísimo, con nuevo perfil, ahora verde, amarillo y azul bandera de Nueva Esparta, con nuevo logotipo, nuevo slogan “Seguimos contigo”, con video publicitario, con una campaña montadita que seguro le envió Dios esa noche, porque esa vaina no la hace ningún mortal de la noche, llena de dudas, a la mañana iluminada. Bien por Fermín, que no se dejó colgar el cinturón de plomo de Julio Borges y optó por el camino democrático que señala esta extraña “dictadura”. 

Y qué soledad más sola, qué desnudez más fea: ni su propios “cuadros” le pararon a Borges, Guevara y Ramos Allup, que no lo salvó ni su motor arrechísimo. Qué ceguera tan grande la de sus jefes, los dueños del circo, que queriendo sabotear la democracia venezolana le dieron un nuevo aliento, dejando la puerta abierta para que un montón de partidos opositores más pequeños, siempre amordazados por la MUD, presenten candidatos y ganen, allá donde los que se fueron siempre ganan. Cuánta soberbia, cuánta torpeza… Y cuántos chantajes, ¿verdad, Ramos Allup? 


Por un boquete

Yo siempre quise poder verlos por un huequito, así, cuando se reunían a puerta cerrada, o peor, cuando se juntaban en grupitos, unos contra otros, clavándose puñaladas por la espalda. Porque ese cuento de la unidad era tan indigerible, tan pegado con saliva, porque uno los conoce y sabe que un sifrino no traga a un adeco ni que el adeco se case con una catira millonaria. “Adeco es adeco hasta que se muera”, o sea, recién vestido, fo… Y uno sabe que un adeco, aunque sueñe ser como ellos, no soporta a los “lechuguinos, petimetres, mariposones”. Yo siempre quise verlos por un huequito, pero ellos se exhibieron por un boquete. 

Se desintegró la MUD, se rompió en los pedacitos incompatibles que siempre fue. Pasó como pasan las cosas en la oposición: con torpeza, con soberbia, destilando ese odio que cultivan con esmero, que es su motor arrechísimo, para todo, contra todo, hasta contra ellos mismos. Explotó la MUD sin pudores, se acabó el disimulo, el fraternal abrazo entre un ordinario Ismael García y una sifrinísima Lilian Titori, y Andrés Velazquez se quedó solo y volvió a ser un indio enano, como aquella que besó a Maria Corina, allá en Amazonas, y que causó tanto asco a la aspirante frustrada a candidata a lo que sea, que no pudo evitar limpiarse el cachete frente a la cámara que la grababa.  

Se les rompió el amor que nunca se tuvieron y el despecho se condensó en una guerra de mensajitos, puyas, indirectas tan directas que fueron potentes bofetadas, durísimas bofetadas que revelan un desprecio que ya no puede ser contenido y se desborda en 140 caracteres. Ya nadie guarda las formas, ya no importa. Lo que quedan son trapos sucios al aire, un festival de dimes y diretes, un “y tú, y tú y tú”, con ataques de sinceridad que desnudan las mentiras que dijeron.  

Ahí, a la vista de todos, cada uno de los que oootra vez dirigieron a la oposición a un estrepitoso fracaso, intenta recoger sus votos pateados, regados por el suelo. Y en medio de ese escandaloso derrumbe político, se anuncian las elecciones municipales que seguramente nos traerán alcaldes con aspiraciones a repetir desdiciendo a sus partidos, que juraron no participar, y tantas contradicciones, y nuevos trapos sucios en esta novela de fracaso que insisten en escribir, a todo gañote, los pedacitos rotos de la MUD. 


Sigan, gafitos


“Tumor” -le dijo Capriles a Ramos Allup, en medio de un ataque de arrechera y dijo que se iba de la MUD y que no volvería mientras allí siguiera ese adeco que otrora le llamara “lechuguino, petimetre y mariposón”. ¡No señor, ya basta ya!

Horas antes, Henry “Tumor” Ramos, había disparado una ráfaga de directas indirectas contra Primero Justicia, que horas antes había pataleado contra los cuatro gobernadores adecos que, a modo de patada en el culo al golpismo de la MUD, se juramentaron ante la Asamblea Nacional Constituyente. 

“Con la frente en alto nos juramentamos” -dijo Laidy Gomez, la gobernadora del Táchira y por decir, dijo de todo, como una ametralladora contra aquello que llamaban Mesa de la Unidad y con razón: imagínense que en la MUD querían que se fuera a Miami y que se juramentara como gobernadora de Táchira en el exilio, o algo así… Imagínense a Laidy, que ganó en su estado, que es la gobernadora de verdad, verdad y que ahora los lechuguinos le exigen que mejor sea una gobernadora de mentirita allá en Miami Beach, y que salga en el programa de Jaime Bayly, que la entrevisten dos veces en CNN y que luego la olviden, como se olvida todo en la oposición, y la dejen allá botada, lavando platos y sin situado constitucional. Con toda la razón del mundo, Laidy le tiró a lo que quedaba de la MUD: “¿acaso el CNE solo es ilegítimo ahora q solo ganamos 5 gobernaciones? Ustedes también se presentaron… la realidad es que la ANC se instaló y la comunidad internacional pidió que el pueblo venezolano fuese a votar”.  

Es lo que pasa cuando tejes una maraña de mentiras y la realidad te alcanza. Por mucho que jures con los dedos cruzados, como cuando tenías 7 años y creías que cruzando los dedos podías jurar de en vano y que no pasaba nada… Por mucho que pongas cara de gafo creyendo que verle las caras de gafos a los demás, la realidad se impuso y o la asumes y avanzas, o sigues revolcándote en el chiquero de tus errores, como Audi Guevara, que al frente de un partido que no tiene ni 4% de los votantes, se hace el sorprendido, el ofendido, el traicionado y dice que el partido Voluntad Popular, bravísimo con los adecos, no va a participar en la próximas elecciones municipales -¡oooootra más!- que hará próximamente la “dictadura. 

Y como la oposición siempre ha sido tan tuitera, al punto de permitir que un ejército mixto de bots y apoltronados guerreros del teclado les marcaran la pauta; bueno, no podían sino prender el ventilador y lanzarse puputov en 140 caracteres. Aquello fue una fiesta. Ninguno se cortó ni un poquito. Era como cuando uno ve a un señor en un semáforo en rojo, en su carro con los vidrios cerrados y el aire acondicionado encendido, aprovechando la luz roja para sacarse un moco, como si nadie lo pudiera ver y antes de que cambie la luz -¡zuas!- el moco termina en su boca. ¡Asqueroso! Bueno, algo así hicieron los dirigentes -sin rumbo- de la oposición. 

Se desmoronó la MUD ante nuestros divertidos ojos chavistas, y sus atónitos ojos opositores. No hubo tuit decente y pensante que medio disimulara el mierdero que se sacaban unos a otros de debajo de su mugrosa alfombra. El modo venenoso de odiar que se han dedicado perfeccionar con los años, los vertieron enterito contra ellos mismos. Tuits iban y venían en un todos contra todos que si hubiera que graficarlo sería esa nube de polvo con puñitos, huesitos, signos de exclamación y asteriscos que salen en las comiquitas. 

En el festival de insultos no se quedó nadie fuera. Los seguidores tuiteros de la MUD, hartos de todos, con un despecho sin retorno, mentaban la madre a cada uno de sus dirigentes. “Él me mintió, él me dijo que me amaba y no era verdad…” Y en medio de la polvareda, expertos analistas y encuestólogos que hace apenas 15 días aseguraban que había llegado el fin del chavismo, dejaban clara su turbia posición ante los hechos con un si pero no, pero sí, pero quizá, tal vez… 

Y mientras Tongo la daba a Borondongo y éste a Bernabé, y aquel parapeto pegado con saliva que era la MUD, se caía a pedazos, Nicolás Maduro, aquél que era bruto -¿se acuerdan?- el maburro, el cucuteño que -hace casi dos años- sacarían de la presidencia en seis meses, el que según la MUD, había abandonado su cargo, el que no tiene ni el 5% de apoyo popular… Ese Nicolás Maduro, con su agenda presidencial repleta, iba de un acto de gobierno a otro. Uno de ellos, con los 18 gobernadores chavistas recién electos, y otro, una reunión con 3 de los 4 gobernadores adecos allá, en el Palacio de Miraflores. Semejante dosis de realidad mereció una patada de ahogado de opositor decente y pensante -valga la redundancia- que escribió, sin miedo al ridículo: “Maduro es bruto, pero hábil”. 

Sigan subestimando a Nicolás, gafitos todos… 


Tu voto, tú dirás…

Los mismos guarimberos que sembraron sus municipios de violencia, los que trancaron las calles con barricadas de escombros y árboles que ya no darán sombran, convirtiendo urbanizaciones bonitas en terribles zonas de guerra. Los mismos que nos juraron que vivimos en una cruel dictadura de la cual no se sale con diálogo -¡no, señor!- ni con votos -¡mucho menos!-, solo con “calle, calle, y más calle sin retorno, 350 ya”. Los mismos de la Hora Cero, ahora participan mansitos en las elecciones regionales, convocadas por la dictadura, con ese CNE “ilegítimo, tramposo y parcializado que te va a robar tu voto, fraaaaude, fraaaaaude”.

Esos cuya campaña se basa en regodearse de especulación y el acaparamiento, sin aportar ni una mínima solución para aliviar al pueblo. Esos mismos que llegaron a la Asamblea Nacional con el cuentico de “la última cola”, y que luego se olvidaron de la cola y para dedicarse a votar que si Nicolás Maduro era colombiano y que si había abandonado el cargo. Esos que usaron tu voto, no para solucionar, sino para desestabilizar, esos que hace apenas unos meses, en medio de las guarimbas declaraban, sin un ápice de pudor, que su meta era generar ingobernabilidad, para lograr una intervención internacional.  

Esos que han recorrido el mundo suplicando sanciones para Venezuela, presión internacional, le llaman a modo de metáfora a un bloqueo, antes silencioso, hoy abiertamente declarado, que pretende, como lo declaró un vocero de la Casa Blanca, asfixiar a Venezuela. 

Esos que ante la amenaza de asfixia, aplauden, justifican y piden mayor severidad. Esos que pretenden sacar réditos electorales de las consecuencias de la asfixia que ellos mismos impulsaron, y que fingen sufrir por los padecimientos que ayudaron a imponerle al pueblo, mientras siguen haciendo lobby para que haya más sufrimiento, hasta torcerle el brazo, hasta quebrarle el alma, hasta domarlo… 

Esos mismos que hoy, disfrazados de candidatos a gobernadores, se presentan como “alternativa democrática”, sin ofrecer a los electores ni un solo proyecto más allá de convertir a sus estados en “bastiones de la resistencia”, dibujándonos un futuro de calles en llamas, encapuchados con morteros, vecinos secuestrados, autobuses quemados, linchamientos, caos, angustia y muerte… Ellos quieren tu voto. 


Lecciones de democracia verdadera

Esta semana, siguiendo el conflicto catalán por los medios españoles, me enteré de un montón de cosas que no se pueden hacer en una democracia. Menos mal que en esta “dictadura bananera” uno puede ver tele de países civilizados, y así aprender qué se puede y qué no se puede hacer en una democracia verdadera. 

Fíjense que lo primero que no se puede hacer es convocar a referendos que no salgan en la Constitución, no se puede y punto. Tampoco se puede hacer propaganda de ese evento ilegal en los medios porque te llega la policía y se acaba la rochelita. Hacer un referéndum así, es un golpe de Estado, según el gobierno español. ¡Mira tú! 

Tampoco se puede increpar, tocar, empujar, o lanzar objetos a la policía, mira tú. Hacerlo supone un grave delito que se paga con cárcel… Y pensar que en Catalunya nadie les ha lanzado morteros ni puputovs.  

No se puede, bajo ningún concepto, usar a menores de edad para en las protestas, ni que sean ellos mismos los que salgan de su colegio a manifestar. ¡No, no y no! En una democracia verdadera, los menores de edad son sagrados. Y eso que en Catalunya nadie le paga a los niños pobres para que fabriquen molotovs, ¿te imaginas semejante barbaridad? 

No se puede -¡no, señor!- bloquear las vías públicas. ¿Qué desorden es ese? Y miren que los catalanes no bloquean las calles secuestrando autobuses y camiones y quemándolos en medio de la vía.   

En una democracia verdadera como la española, los alcaldes son responsables de lo que ocurra en sus municipios y los que han promovido actividades ilegales en ellos, como el referéndum catalán ese, ya se las han sido presentados ante el juez, para que sigan con la guachafita. Y que no vayan a salir con el cuentico de que son presos políticos, no, que los presos políticos están aquí, en Venezuela, donde los alcaldes opositores y hicieron todo lo que está prohibidísimo en España una feroz violencia añadida que dejó un reguero de muertos y heridos, pero es que, claro, aquí lo hicieron, no para poder ser catalanes, sino para derrocar al presidente que, aunque fue electo por la mayoría de nosotros, es un dictador, según nos explican desde el gobierno español. 

 
Veremos si los catalanes terminan votando, peligrosamente, o si sus voces son apagadas a la fuerza, como se hace en las democracias verdaderas. 


Resetea y ya


En abril te mandaron a marchar oootra vez, y te dijeron, oootra vez, que ahora sí, que Maduro ya estaba listo, como estuvo listo el año pasado cuando iba a salir en seis meses. ¿Te acuerdas? O como estuvo listo en enero, cuando la AN, con Julio Borges, declaró el abandono de cargo, o sea, que desde enero no tenemos presidente, según tus líderes, que ahora te llamaron a marchar para salir del presidente que no tenemos.

Y tú marchaste, una vez, dos veces, tres… Cerraron tus calles y aplaudiste que tu urbanización se llenara de violentos encapuchados. ¡Libertad, libertad! Te comprometiste con la lucha militando frenéticamente por Whatsapp. Militaste en familia, jurando no llevar a tus niños al cole “hasta que tuvieran un país libre”. Comprometiste el ingreso familiar en esta lucha, tres meses sin poder llegar a la oficina es un gran aporte a la causa. Tanto, que el régimen, arrinconado, convocó a elecciones, y tú, sabiéndolo perdido, tuiteaste #CalleSíVotosNO. ¿Te acuerdas? 

Pero el régimen resistía, y llegaron esas elecciones que según tus líderes nunca iban a llegar, y salieron ocho millones de personas que, según tus líderes, no salieron, porque el CNE es tramposo, porque cuando comprabas en Farmatodo y ponías tu dedo en el captahuellas, esa vaina se convertía en voto. “No compres nada el 30” -decía la cadena de Whatsapp que, como llegó, reenviaste. ¿Te acuerdas? 

Y se instaló la Constituyente que tus diputados no iban a dejar entrar al Palacio Legislativo y no te quitaron a tus hijos -todavía, dirás tú, porque esto apenas empieza- y no prohibieron el voto sino que -¡peor!- avanza el calendario electoral, tal como se había establecido y tus líderes, los que dijeron que estaban en 350, en rebelión civil, salieron corriendo a inscribir sus candidaturas en ese CNE que siempre hace trampa, salvo cuando gana la oposición. 

Y tú te quedas frío, hasta que tus líderes te explican que se inscriben para ocupar todos los espacios y salir de la dictadura con votos; que “una cosa es inscribirse y otra muy distinta es participar en la elección”, “que es solo un movimiento táctico” que no creas que te están tomando por idiota, que no creas que ellos quieren ser gobernadores, que vayas y votes, y si pierden, cacerolea, you know… Y tu cerebro, en paro activo, se resetea y dice okey.