La razón de la alegría

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«El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza»  Arturo Jauretche

A todos los que no somos Mendoza, Lovera, Machado, Zuloaga, nos golpea esta guerra. Todos somos su objetivo, ninguno de nosotros puede evitar serlo. No hay modo: Venezuela está en la mira de los dueños y los venezolanos, todos, salvo los Amos del Valle, somos fichas desechables en este tablero de guerra. 

Después de años de intentos locos y violentos, donde alguien tenía que dar la cara, a finales de 2012 los dueños afinaron una estrategia que venían incubando desde hacía varios años. Recuerdo el martes 9 de octubre, lo recuerdo clarito porque regresaba a mi casa luego de un mes de ausencia, y tuve que hacer mercado para poner mi cocina al día. Recuerdo mi asombro cuando vi que en cada pasillo había un trabajador remarcando mercancía. De domingo para martes todo subió casi al doble “¡Y se va a poner peor!“ –me dijo con una sonrisa sádica, creyéndose parte de ”la gran familia del dueño”, el pendejo asalariado que estaba arrodillado remarcando latas de atún, chacumbelemente.

Y se puso peor… Ya lo sabemos.

Vamos a asfixiar a Venezuela, dijeron los voceros del Departamento de Estado, y bueno, Venezuela se asfixia asfixiando a los venezolanos. Eso no es difícil de entender, y menos ahora, cuando a todos nos falta el aire. Es una guerra cruel. Ya sabemos cómo funciona, por otras historias de otros países, ya conocíamos de lejos los efectos que empezamos a sentir de cerquita, en carne propia. Es jodido saber lo que viene y seguir levantándose cada mañana con una sonrisa y con esperanza, pero no hay otra: los pueblos tristes no vencen y los chavistas no tenemos otra opción que no sea vencer. Los chavistas lo sabemos.

Es jodidos ver a algunos compañeros caer en el camino, es jodido verlos señalarnos por nuestra insistencia de seguir andando por el mismo camino donde una vez nos encontramos. Es jodido ver cómo algunos pretenden que sintamos vergüenza por no caer derrotados, por no entregarnos, por ser capaces de seguir peleando con toda el alma y seguir sonriendo… Es jodido pero es parte del parte de guerra.

Parece que la alegría es un agravio, cosa que complace a los dueños que nos quitan todo para quitarnos la alegría. Porque de eso se trata, de desmoralizarnos hasta el punto de sumergirnos en la tristeza más profunda: la desesperanza. Los pueblos tristes no vencen y el chavismo es alegría. Esa es, y ha sido, nuestra mayor fortaleza. 

Defender la alegría es vital en esta guerra y esto pasa por inventar y celebrar cada invento, por pequeño que sea, como gran una victoria, porque lo es. Porque en la medida que nos reinventemos nos acercamos a nuestro objetivo. La alegría pasa por el descubrimiento de nuevas capacidades, de nuevas posibilidades, de nuevas formas de hacer las cosas. Pasa por celebrar cada cuesta remontada. La alegría pasa por cada gesto de solidaridad que nos acerca, que nos fortalece. Pasa por el visible florecimiento de la inevitable organización efectiva de la gente para resolver problemas comunes. Pasa por la reflexión, por el reacomodo y el deslastre. Pasa incluso por lo más pequeño, lo más insignificante, por lo cotidiano, lo bonito, lo inocente que persiste a pesar de los dolores, inconsciente de ellos, pasa por preservar esa pureza.. Pasa por la dignidad de guapear, de no mostrarte herido ante quien te quiere destrozado en pedacitos. No tambalear ante quien quiere verte derrumbado. Pasa, en lo individual, por ayudar a todos los que puedas, no como un acto de caridad masturbatoria, sino como un acto de militancia. En esta guerra, no ayudar al otro, es un delito de traición a la Patria.

Defender la alegría y expresarla a todo gañote, como cañonazos. Defender la alegría contra la vergüenza que nos quieren imponer por sonreír en tiempos de guerra. Defender la alegría impúdicamente, amorosamente, a carcajadas, sin pedir permiso ni perdón. Porque los pueblos tristes no vencen y nosotros venceremos.

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Indignación selectiva y olvido

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Es un escándalo: miles de niños separados de sus padres y puestos en jaulas, como perritos en perreras. Los grandes medios publican su sorpresa, su indignación por tan horroroso hecho. Y se se filtra el llanto de los niños enjaulados, y una periodista larga el llanto en vivo. Y las redes sociales se vuelven un solo clamor, una sola condena. Y nadie se queda fuera de la última movida de indignación y condena, en la que caemos todos como corderitos. 

Es como si el mundo acabara de descubrir que la injusticia golpea más duro a los más pequeños. Es como si el mundo acabara de descubrir que los derechos no existen para los pobres. Es como si el mundo acabara de descubrir que los Estados Unidos viola los derechos humanos con absoluto desparpajo. Y hoy los derechos humanos son unos niños enjaulados de quienes nadie hablaba ayer, cuando el hambre, la violencia, la desesperanza los expulsó de Guatemala o de Honduras, o de El Salvador, o de México… miles y miles de niños que cruzan fronteras, con o sin sus padres, en un éxodo de décadas que, al parecer, nadie ve.

Pero ahora importan los niños. Ahora, convertidos en dudosa bandera del mismo sistema que los enjauló, ondeada por personajes nefastos que fingen indignación. Y vemos a Hillary Clinton, la que sembró el infierno en Libia con una risa macabra, horrorizada con los campos de detención de niños, que funcionaban bajo un manto de silencio durante el gobierno de Obama, del que fue Secretaria de Estado. Otra indignada es Michelle Obama, que no le parecía malo enjaular niños cuando el enjaulador era su marido quien, por cierto, se ganó el mote de “Deportador en Jefe” durante su mandato. 

Laura Bush, sí, la esposa de George W., dice que “esta política de tolerancia cero es cruel e inmoral” Y lo dice con su cara tan lavada, porque nadie recuerda a su esposo por haber sido el impulsor de esa política anti inmigrantes, sino por el el reguero de cadáveres y de huerfanitos mutilados que dejó en Iraq, algo que, para Laura, no es ni cruel ni inmoral.

Y hablando de Iraq, de los medios y de sus denuncias indignadas: recuerdo cómo los medios cocinaban a Saddam y a los iraquíes todos, hasta los que se le oponían, hasta los que deseaban y ayudaban a los Estados Unidos para que los fueran a salvar. Recuerdo el concierto sistemático (no había un solo titular discordante): Saddam era lo más maligno y más peligroso que había en el universo. Saddam era una amenaza espantosa, nadie estaba a salvo de su maldad. Y viene por más, viene por ti… Y los periodistas, convertidos en infomercenarios, los que repitieron mil veces que Bin Laden era el culpable del atentado de las Torres Gemelas, junto con los talibanes malucos que, destruían antiguedades patrimonio de la humanidad y obligaban a las mujeres a vestir burkas, y tiqui, tiqui, tiqui… hasta que Afganistan fue invadida, y el horror de esa guerra nos hizo sentir a salvo. Y llovieron las bombas y los únicos burkas que quitaron los marines fueron los de las mujeres que violaron…  pero eso no importa, porque mira más allá, otro miedo, un malvado que es el culpable de los que era culpable Bin Laden, y no preguntes, mira para acá, que el mundo no estará a salvo mientras exista Saddam Hussein, el de las Torres Gemelas, el que viola los derechos humanos y tiqui, tiqui, tiqui, durante meses hasta que la OTAN invadió a Iraq…

Y luego de vendernos la guerra necesaria, esos mismos medios se lavaban la cara con la historia de Mohamed, el niño que perdió a toda su familia y sus cuatros extremidades de un solo bombazo libertario, y que ahora era atendido amorosamente en el buque hospital del mismo ejército que lo mutiló. Y los infomercenarios mutaban en estrellas lacrimosas que derramaban su llanto se glicerina sobre los cadáveres de niños iraquíes que ayudaron a matar. Y luego la normalización de la guerra eterna que no ya fue noticia, y vino el silencio y, después, un nuevo objetivo, una nueva guerra que cocinar para sus dueños y así van manchando el mapa con sangre de hombres, mujeres y niños que a nadie le importan.

Y volviendo a Texas, a las perreras para niños, a la ignominia del país que se auto proclama la tierra de la libertad; no hay sorpresas. No hay preguntas, solo el conveniente teatro de indignación por unos niños sin nombre que hoy son útiles al relato del fin oscuro que los sacó a la luz, y que mañana volverán al olvido, y seguirá el éxodo centroamericano, mientras los medios apuntan a Venezuela, inventando crisis humanitarias de utilería y diásporas de Instagram.

Aquí no han podido ni podrán. Aquí, nosotros venceremos.


¡Confiro, Canada!

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Escribe la periodista opositora Sebastiana Barraez: “Canadá parece que la agarró con el gobierno, pero también con los venezolanos de a pie. Algunas empresas en Caracas se encargan de llevar jóvenes a estudiar a Canadá, pero la embajada se niega a darles visa. Una doctora venezolana (…) que vive allá, ha interpuesto un reclamo en ese país por discriminación contra los venezolanos… Habría un doble discurso de los canadienses, que por una parte dicen trabajar en defensa de los derechos humanos de los venezolanos, pero ahora no les permiten entrar ni siquiera a hacer turismo”. Vaya manera de empezar a entender lo que significan para todos los venezolanos esas sanciones que la oposición gestionó y aplaudió emocionada, y que no iban a afectar a la gente sino a Nicolás, Diosdado y Tareck.

Los chamos del este del Este no pueden estudiar en Canadá, los chamos no pueden y eso que Justin aseguró que el único afectado con la saña canadiense sería el gobierno chavista. Los chamos del este del Este no van a su summer camp en el lago Winnipeg y el ombligo clasemediero pide a Canadá que corrija esa parte de las sanciones que afecta injustamente a los “venezolanos de a pie“ que viajan en avión, pero ni pío de la parte que nos impide acceder a los medicamentos, porque eso es culpemaduro que los escondió.

En esos niveles operan esas cabecitas del ”sector pensante del país”. Y si la cosa no fuera tan seria, si el bloqueo que sus dirigentes gestionaron contra todos nosotros no fuera tan criminal, uno podría hasta conmoverse con tanta ingenuidad. 

La misma nauseabunda ingenuidad con la que les da por ser buenos y solidarios, y recogen alimentos para los pobres, o le dan a un niño de la calle -que empiezan a aparecer en todos lados- un pedazo de pizza acompañado de un discurso sobre su deber de ir al colegio y no estar en la calle pidiendo, porque “si quieres ser alguien en la vida tienes, que estudiar”. Y creen que ir al colegio es tan fácil como prender el carro y llegar, y piensan en los padres irresponsables de ese niño miserable y la culpa, otra vez, es de los pobres, y del gobierno por el que votaron “a cambio de una caja de comida”; no del bloqueo criminal que ellos apoyan y cuyo único efecto negativo parece ser que los chamos de La Salle no tienen visa para irse demasiado a Canadá.


Progresismo cuchi

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El progresismo es un mal urbano, clasemedia, tan soso como peligroso. Es un reguero de pincelitos súper lindos, con logos de coloritos cuchis, diseñados en estudios de marketing, con el fin de demostrarnos que no hay capitalismo feo sino mal maquillado.

Los progres salen sus banderas, con sus logos y sus causas fragmentadas, inconexas, a librar luchitas, impulsando campañas para que creamos que nosotros somos responsables del desastre porque compramos ropa fabricada por niños que no ganan un dólar al mes y usamos en bolsas plásticas que luego se traga una ballena y ¡maldita humanidad!…

El progresismo es siempre mínimo y nos vende sus nimiedades como grandes proezas. Entonces el primer ministro de Holanda agarra un coleto y limpia un café que derramó en su oficina, y ¡Ains, que lindo! Aprende Maduro, aprendan todos, que eso sí es un presidente. Al progresismo le importa el café derramado en Holanda, pero no la sangre derramada en Libia o Siria, gracias a las balas de ejército holandés. Para los progres, Holanda es tulipanes, marihuana legal, bicicletas y un mandatario que pasa coleto.

En España, el progresismo aplaude un novedoso gabinete ministerial con más ministras que ministros. ¡Igualdad de géneros! -celebran, aunque lo único que tengan en común una ministra sifrina y una obrera en el paro, sea la totona… y ni eso… Y sin ser aguafiestas, tenemos que alegrarnos “todos y todas” porque los puestos de poder, antes reservados para hombres blancos y sifrinos, los ocupen ahora mujeres sifrinas y blancas… Y Lola en la cola del paro, orgullosa de tan importante logro, y tal…

Por aquí también han pasado con su efímera legalización de la marihuana, con la idea de que la humildad es un par de chancletas, de que la cobardía es estrategia, que las revoluciones tienen años sabáticos, para que sus comandantes puedan tener un programa de tele donde pueda entrevistar y hasta llamar “Premio Nobel de la Paz” al presidente de un país vecino que, cuando fue ministro, ordenó bombardear al país del entrevistador.

Eso es el progresismo, lindo, potable, convenientemente inofensivo, plagado de gremiecitos, ONGs y logros inútiles. No como esas revoluciones de los pueblos, que levantan una polvareda y desordenan todo, que son feas y malas porque luchan por cambiar las cosas de verdad, verdad.


Perritos revolcados

Pompeo no solo pide suspender a Venezuela de la OEA: también demanda

 

El domingo, Mike Pence, el vice presidente de los Estados Unidos, declaró que tenían los votos para sacar a Venezuela de la OEA. -No se molesten, hace un año dijimos que nos íbamos y solo estamos ahí porque cumplimos con la norma de tener que esperar dos años para poder terminarnos de ir- “Que sí me molesto, que mañana los botamos nosotros, los dueños del mundo, para que todo sepan quién manda aquí”. Y montaron su show el lunes y vieron las caras y contaron, uno, dos, tres, cuatro… no da… “Si no nos apoyas ¡ay, ay, ay!… Negritos de mierda en islitas de mierda, ¿creen que pueden seguir votando como si fueran países, sin que eso les cueste sangre?” Aprieta, aprieta, ahorca, amenaza, que no vamos a perdonar a nadie que se interponga entre el petróleo venezolano y nosotros… Miren isluchas, que si Venezuela los compró con su petróleo, véndanse mejor para este lado y no jodan, pues… ¿Cómo que ni se compra ni se vende?… Un, dos, tres, cuatro… diecinueve… Hello, Mike, ¿no dijiste que tenías veinticuatro? porque aquí la cuenta no da…

Martes y siguen amenazando, un, dos, tres, cuatro, diecinueve… Solo se arrastran los mismos de siempre, que para no sentirse tan gusanos, ahora les dio por llamarse los ”países importantes de la región”, porque los países cuyos gobiernos se niegan a arrastrarse no son importantes, ni chéveres, you know. “Los negros no deberían tener derecho al voto, hay países que no tienen derecho a ser un país… Un, dos, tres cuatro… diecinueve. Shit, Mike, la cuenta no da”

Cambio de discurso, Mike, que no se note mucho que nos volvieron a joder los paisitos. “Ladys and gentelmen, la cosa no es expulsar a Venezuela, sino empezar a expulsarla, pasito a pasito, suave, suavecito” Votemos pues, uno, dos, tres, cuatro… diecinueve… “¡Já! Tenemos diecinueve votos! ¡Aprobada la resolución! ¡Toma Venezuela, toma, toma y toma!.

“Celebren, muchachos -dijo el titiritero-, sonrían y celebren como si hubiésemos metido un golazo ,como si estuviéramos saboreando la más gloriosa victoria y no otra humillante derrota… que no se note que no pudimos, que no se note que tenemos un voto menos que el año pasado, cuando quisimos hacer lo mismo y tampoco nos salió… Celebren, you fucking pieces of shit, que ni para joder a un país pequeñito sirven. Y toma tu muro, you fucking Peña, y toma tus aranceles, you fucking Trudeau y búscate un apellido serio y no el de un poodle francés, y patada por el culo, you fucking Macri, Piñera, Temer, y como quiera que se llame el nuevo perro de Perú… y al pajuo de Julio Borges, ni me lo nombren, que siempre nos trae el cuento de que esto es pan comido y ya ven… Y véanse todos en el espejo de Martinelli, ¿se acuerdan, imbéciles? Sí el gordo y cínico que teníamos en Panamá y que ahora tenemos preso. Ese que nombró a Maria Corina como embajadora para que participara en oootra sesión fallida contra Venezuela, en esta mierda de organización que no sirve para nada… ¿Y qué carajo va a servir una cosa que dirige una ameba como Almagro?. Shut up! Porque ahora no se me van a querer hacer los dignos embajadores que se sienten ofendidos, si aquí todos sabemos que ustedes nos vendieron barata su dignidad, es más, en muchos casos nos estafaron, Almagro, porque nos vendieron algo que no tenían… Shut up!”

Y Venezuela, inmune a aquel festival de inmundicia, de pie, valiente, íntegra, insistiendo en que no se molesten, que no tienen que mostrarle al mundo tanta indignidad, que no tienen que exponerse al enfrentamiento con la verdad que siempre los desnuda, en serio, que ya nosotros nos vamos de todos modos, que ya hace un año que se los dijimos… Ahórrense las derrotas, en serio, no se hagan tanto daño…

Pero la soberbia no los deja. No puede el que se cree dueño del mundo ser humillado por un país tan pequeño… “¡No señor, Venezuela no se va! No aceptamos su retiro, ustedes se quedan aquí para que nosotros podamos seguir queriéndolos expulsar!… Y tú, Almagro, que no le temes al ridículo, embárrate con un tuit que le diga al mundo que ganamos, que Venezuela se queda en la OEA porque a nosotros no da la gana… y deja ya de lamerme el zapato, que es de gamuza y me lo vas a empegostar” 


Trémulo aleteo

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Aletea ansioso el Vampiro en su piso de Madrid. “¡Cónfiro! Sacaron a M. Rajoy y tan bien que nos llevábamos… Y ahora este Pedro Sánchez, que muy de Felipe Gonzalez como que no es, y menos cuando los Barones del PSOE le hicieron aquella zancadilla que el bobo ese supo remontar… ¡Y dígame si Sánchez tira más hacia Zapatero! Dios mío, Mitzy, bórrame aquellos tuits donde insultaba al ex presidente dialogante, no vaya a ser cosa que sea panita de este nuevo presidente, al que ahora le tengo que jalar… ¡Qué jalar! Arrastrarme si es necesario; lo que sea para que me dejen alear por estos lados y me provean de sustento, porque un vampiro en Madrid tiene sus necesidades”.

¡Riiiiing! ”Antonio, ¿cómo ves tú las cosas?” – la voz trémula de Julio Borges inquietaba más al Vampi, y ni los ocho litros de pasiflora con sangría -¡no faltaba más!- que se había bebido, calmaban ese aleteo, ese sudorcito frío… “¡Mitzy, borra esos tuits!”

“Y tan bien que la pasábamos con Mariano, conspirando contra Maduro mientras picábamos que si un jamoncito, que si un quesito manchego, que si la copita de vino, y todo eran risas, cuentas B, tarjetas Black y el firme propósito de librar al mundo de chavistas, de catalanes, de raperos republicanos, de vascos, de moros, de niches, de negros, de rojos… ¡Viva Franco, carajo!”

“No Mitzy estoy bien, son lágrimas de emoción que brotan de mis ojos secos al mentar al Generalísimo… Y es que el final todo esto es culpa de Bolívar, millonario traidor a su clase, Mitzy, a la nuestra… Bueno, a la tuya, pero yo voy pegado ahí… Un carajo que no tenia nada mejor que hacer y le dio por liberarnos del España… Y mira la vaina, Mitzy, mira esta maravilla de país del que nos liberó… ¿Para dejarnos con qué? Con un país tercermundista en manos de negros que no quieren obedecer, que no se dejan mandar por los que sabemos… Y allá estarán, contentísimos, con el cuentico ese de que “el que se mete con Venezuela se seca”, y que “Rajoy se secó”, como se secó Cuchinqui, el gringo peruano, y el gordo Martinelli que los gringos ahora van a meter preso, después de que los ayudó tanto y tanto se arrastró, y ahora Cartés y luego Temer, y Macri… Esos chavistas sí son pavosos, en verdad…”

“Borra los tuits, Mitzy y tráeme tu crema humectante, que siento cierta resequedad en las alitas”


Como Cuba

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“¡Nos va a convertir en una Cuba!” –decía una señora con los ojos desorbitados de rabia y terror, allá en 2001. Ella sabía, lo había leído en infinidad de cadenas de email, él último grito en tecnología para `romper el cerco informativo de la recién instalada dictadura chavista, que acabó con la libertad de expresión, y bueno, también lo leyó en El Nacional, El Universal, 2001, El Mundo… y lo escuchó en Unión Radio, RCR, La Mega… y lo vió en Globovisión, Venevisión, RCTV, Televen… “¡Gracias, medios de comunicación!”… 

“¡Nos van a convertir en una Cuba! Te van a quitar a tus hijos, te van a meter una familia cubana a vivir en cada habitación de tu casa, te van a quitar tu carro, te van a quitar…” Mientras reenviaba cadenas de email, se anotó en el plan carro familiar y se compró una camioneta y luego sacó un crédito hipotecario con intereses protegidos y compró el apartamento que siempre soñó tener, y ¡lo podía pagar! y montó un negocio y solicitó dólares de CADIVI y el negocio creció y viajó con su familia, tres veces al año, sufriendo en cada regreso, según lo expresaba en Facebook, “por tener que volver de Disney World al infierno de la dictadura que te quiere quitar todo lo que me he ganado yo solita con mi esfuerzo”

Sus hijos se casaron y el negocio familiar daba para todos, y más cuando el precio del dólar negro se distanció del oficial, y los precios del negocio subían y subían, y el “compro barato y vendo caro”, axioma del capitalista exitoso, se hizo realidad y la familia toda se forró de logotipos y subió al frágil pedestalito del neo riquismo. Eso sí, maldiciendo al gobierno, todavía, porque una cadena de SMS les dijo que Chávez les quería quitar todo. 

Y Ganó Chávez, una y otra y otra vez y en 2012, cuando ya no se calaban otro triunfo chavista, volvió a ganar. Y la guerra no declarada apretó con fuerza. Entonces estuve en su negocio y la señora –que acababa de leer unos tuits alarmantes sobre cómo, ahora sí, nos iban a cubanizar– me atendió con ojos de llamarada y me lanzó un precio grotesco por el pecho. Al ver mi cara de asombro y sin dejarme pronunciar ni una palabra, escupió, con una sonrisa sádica: “Y esto se va a poner peor… sigan votando por el castro chavismo, pues”

Meses después estaba de fiesta, con los precios ya por las nubes, y ella embutida en su look fitness ADIDAS que no ocultaba lo bien y abundante que estaba comiendo. Ella, su esposo sus hijos, nueras, nietos, y hasta un sobrino. El negocio iba sobre ruedas, como nunca, porque ahora no solo los hacía ricos, sino que servía como arma para tumbar al gobierno. Desde la caja, la mujer se burlaba del “difunto” y cuando alguien reclamaba por los precios, le contestaba, agria y venenosa: “Pero tenemos Patria”…

Era tan su locura, que no notaba que cada vez había menos gente entrando a su negocio, y no tanto por su veneno sino por los precios que subían de manera militante. ”Dile a Nicolás que te lo compre, si no lo puedes pagar”. Y cuando Nicolás subió los salarios para que pudieras comprar, la mujer subía los precios y “dile a Nicolás que siga subiendo el salario, para que no puedas comprar más”… Y el proveedor le subía los precios a ella, es cierto, y ella lo celebraba porque eran del mismo equipo, “y va a caerrr, y va a caeeer…” y el golpe del precio lo recibía el cliente, que nunca, pero nunca, nunca, tuvo la razón.

“¡Nos quieren convertir en una Cuba!” –decía, mirando aterrada a Miraflores, mientras que en sus filas, sus dirigentes, los que la pusieron a marchar, a cerrar, a calarse meses de guarimbas frente a su negocio, que la llevaron borde de la quiebra, no una sino varias veces… Esos, dirigentes, como Julio Borges, que le juró que el chavismo, además de quitarle a sus hijos, le iba a prohibir el internet para que ni siquiera pudieran hablar con ellos por Skype; bueno, esos dirigentes recorrían el mundo mendigando sanciones contra Venezuela.

Y llegaron la sanciones, primero con un sabotaje financiero no declarado, con calificadoras de riesgo poniéndonos la nota que les daba la gana, no importa que tanto ni qué tan puntualmente pagáramos. Y los bonos del país, justo antes de su vencimiento, eran embarrados por una guerra de rumores para tumbarles el precio, y luego el rumor se disolvía, y aquí no ha pasado nada, y la señora en su negocio leía cadenas de whatsapp que decían que el país estaba al borde del default, y ella no sabía qué era eso pero, si lo decía La Patilla, tenía que ser algo para celebrar… Y celebraba remarcando precios, aquí y allá, con un marcador que servia como varita mágica al hada de la especulación.

Y luego fue oficial: “¡Tiembla, Maduro!”, decía la cadena de whatsapp que anunciaba sanciones y más sanciones, y bloqueo a PDVSA, y Julio Borges y Ledezma celebran y ella celebra, pero no tanto, no vaya a ser cosa que se le suba la tensión, porque lleva días recortando el Losartán, que no se consigue. Celebra y espera que alguien entre al negocio, para decirle que esto ya está a punto de acabar “tic, tac, tic, tac“, pero no entra nadie en toda la mañana. Ni siquiera la clienta fiel aquella que defendía la libertad del comerciante de vender “al precio que le de la gana“, y que más tarde clamaba “que lleguen los productos, al precio que sea, pero que lleguen”… Ni ella…

Y ya el negocio no alcanza para todos, y el local no tiene mercancía, y el proveedor, que era su cómplice y amigo, ahora le condiciona la compra y imponiéndole productos carísimos, que siempre se quedan fríos, para poder adquirir los que la gente sí quiere y necesita comprar. Y así no se puede, y “no hay gobierno que ponga orden… yo no sé cómo vamos a hacer”

Y un hijo se fue a Chile, con la esposa y la bebé, sí, la que es igualita a la abuela; y el otro, está por irse a Ecuador, a encontrarse con su esposa que se fue adelante con prima. Y quedan ella y el marido, solos, y el negocio sigue abierto, aunque vacío, porque una cadena de whatsapp les advirtió el gobierno lo va a expropiar para los CLAP los locales que estén cerrados. Y que los apartamentos vacíos también y que te van a quitar a tus hijos y bla, bla, bla, bla bla… Y ella, victimaria convertida en víctima de su ignorancia y estupidez, reenvía la cadena, compulsivamente, sin entender nada, todavía, a pesar de todo, con un angustiado y rabioso ”Nos van a convertir en una Cuba”.

Y como Cuba, nosotros venceremos.