Como Chávez

Esta semana me topé tantas veces con un comentario tantas veces escuchado, cada vez que hay elecciones, cada vez el un candidato es revolcado por una zaparapanda de votos, brota de las profundidades del supremacismo clasemediero la amarga frase: “los compraron (se vendieron) por una bolsa de comida”. Después de 18 años de lecciones electorales, algunos parecen no haber aprendido nada.

Creer que el pueblo se vende, que el pueblo se compra, demuestra un profundo desprecio por quienes han sostenido esta revolución durante todos estos años, aguantando todos los chaparrones, del lado más duro y cruel de esta larga batalla.  

Nosotros, la clase media, pecamos de arrogantes. Nos subimos a una lucha una vez que estaba empezada, y llegandito, quisimos ordenar la pea. Nosotros no llegamos aquí para aprender, vinimos a enseñar, porque hemos leído y viajado, sabemos cómo deben ser las cosas, y las cosas deben ser como una idílica mezcla de Noruega con Dubai y la URSS, pulida con photoshop, una vaina impecable, donde lo humano es borrado por la pureza y la perfección.  

Subidos a un ridículo taburetico, con una batuta de moral inmaculada, señalamos errores en un mar de avances sociales, culturales y políticos, salpicados de desaciertos, sí, pero enormes avances al fin y a cabo. Ponemos nombres a las cosas que no entendemos: populismo, paternalismo, demagogia, así descalificamos a los salvavidas urgentes, muchas veces desesperados, improvisados que han mantenido, hasta en los peores momentos de esta guerra, a los más vulnerables a flote. 

Desde el taburetico señalamos a Chávez, que así no se hace, que así no se dice, que guarda el crucifijo, que la cagaste, que yo era de izquierda primero que tú. Y me disculpan, pero yo aquí me bajo porque mi escasa formación ideológica no me permite seguir en la comparsa que, nublada de soberbia, desde el taburetico cuestionó a Chávez su decisión más pensada, la más difícil de todas, la más definitiva, la que fue firme, plena, como la luna llena, irrevocable, absoluta, total…  

Chávez se equivocó afirmaron por goteo, mientras Nicolás llevaba el timón en medio de la más poderosa tormenta. Que así no, que si el legado, que así no va a durar ni dos días, que no va a ganar una sola elección, que ya van a ver, que yo me voy, que yo no me hundo con este barco, que coño de la madre que no se hunde, que bueno, que miren que les traigo unas orientaciones, un nuevo liderazgo, uno de verdad, no como ese que lleva el timón, que lo lleva tan mal, que mira que hay corruptos, que mira que todo está carísimo, que quiero chutney de manzana y pecans, que subieron la tarifa de Direct TV, que la gente pasa hambre… Coño, que les dan cajas de CLAP, que no les den el pescado, que les enseñen a pescar… ¿Que el carnet de la Patria? ¿Un carnet como el de AD? Y el pueblo sacándose esa vaina porque no tiene formación política… 

Mientras que así, chico, sin formación política, el pueblo burló al paramilitarismo y cruzó ríos y trochas para votar por la Constituyente, y apagado el candelero, volvió a votar, una y dos veces, a pesar de los augurios que desde el taburetico aseguraban que el pueblo no votaría más porque la Constituyente solo freno la guerra civil pero no la guerra económica y eso iba a costarle al chavismo, como iba a costarle no escoger a tal candidato. 

Y el pueblo “equivocándose, vendiéndose por una caja de comida, por un bono navideño”, vota por un proyecto, con sus aciertos y errores, con más aciertos que errores, consciente el pueblo de que este proyecto no es un nombre, ni un cargo de elección popular, que todo es mucho más complejo, más a largo alcance y a la vez inmediato. Vota el pueblo para frenar el más feroz ataque del enemigo histórico mientras apunta a consolidar el futuro como el que nos contaba Chávez. 

Se equivocan los que creen que el pueblo se vende por una caja de comida. Se equivocan también los que creen que con una caja de comida pueden comprarlo. El pueblo votó y seguirá votando para pesar de la soberbia que insiste en enseñarlo a no ser como ha sido: valiente, clarito, firme y victorioso… como Chávez. 

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El carnet de la Patria en Whatsapp


Me llegó de buena fuente: una amiga de la hija del hermano del señor que tiene el quiosco de tequeñones cerca de Fuerte Tiuna y que le vende tequeños a la secretaria de un general, le contó a mi manicurista la oscura verdad detrás del Carnet de la Patria. ¡Agárrense! 

Resulta que ese carnet es un invento comunista para suplantar a la tradicional e inofensiva cédula de identidad. Ese maligno carnet supera a los bombillos espías cubanos en malignidad y lo peor es que todos tenemos que sacarnos ese vil instrumento, porque el que no lo tenga no va a poder salir del país y será condenado al territorio nacional por presidio. 

Para los que no les importa vivir aquí forever, para nos que no tienen para ir a Disney World y creen que están a salvo del carnet, olvídense, ya que a partir de enero serán bloqueadas todas las tarjetas de débito y solo se va a poder pagar con el carnet, porque el gobierno va a expropiar Farmatodo y el Excélsior Gama, el Sambil y todos los bancos, y se van a llevar a nuestros hijos a Cuba. 

Bajo amenaza, la Venezuela decente y pensante acude a la Plaza Bolívar a calarse la cola, y sufrir la vejación de permitir que tu foto quede plasmada entre una silueta de Chávez, el culpable de todo esto, y “Patria”, esa palabrita esa que me saca la piedra. Después están los lambucios de siempre que se lo sacan, genuflexos, por el bono navideño ese, que es solo para chavistas. ¡Bozal de bono! 

Y una vez sacado el carnet, y aquí es donde viene el peligro, te dicen que te registres en una página web y que descargues un app en tu teléfono… ¡Ni se te ocurra! Tu teléfono y tu compu serán infectados con un virus, creado en La Habana hace 15 días, que conecta tus dispositivos a los bombillos cubanos, activando la más sofisticada red de espionaje jamás creada por gobierno comunista retrasado y primitivo alguno.   

Cada llamada, cada selfie, todo irá directo a Cuba y a Moscú, donde Raúl Castro y Putin los verán y hasta podrán publicar, como si fueras tú, en Facebook, twitter y -¡peor!- en Instagram, y colgarán tus fotos sin filtros, exponiéndote así al escarnio público, solo por pensar distinto. ¡Alerta, alerta! 

¡Ruédalo! Y elevemos a la vez una plegaria a la Virgen Dorada de Altamira, para neutralizar así la maldad de ese carnet diabólico. ¡Decretado, transmutado y cancelado! 


El efecto murciélago


La orfandad de liderazgo de la oposición es tal, que el simple aleteo de un vampiro rumbo a Madrid, produjo una especie de brevísimo efecto mariposa -efecto murciélago, diría yo-, que llevó a algunos de opositores aferrados de la nada, a desearen voz alta, sin pudor alguno, que se nombre al Vampiro “¡Presidente, presidente!, en el exilio pero presidente”. Y El Vampiro, sediento de poder, posa su mano ultra derecha sobre su pecho vacío y apunta con su barbilla al cielo, en un gesto de exagerado orgullo y satisfacción. “Presidente”-piensa, relamiéndose los colmillos.  

“Presidente” -sueña despierta su esposa, imaginándose Primera Dama en La Casona, como era antes, cuando los Presidentes vivían en el este del Este, cuando cada quién tenía su lugar y los choferes eran choferes, nunca presidentes, y los soldados también eran choferes y jardineros y carga neceser… Aquellos tiempos cuando éramos felices y no lo sabíamos y la bandera tenía 7 estrellas, como debe ser… Sueña la vampira consorte mientras borra con un marcador azul la octava estrella de la bandera, que “apenas seamos gobierno la borraremos para siempre, porque esto de tratar de taparla con un Sharpie es fastidiosísimo”. 

“Presidente” -piensa su fiel servidor Igor, alias Lorent Saleh, aquel cuya profesión, según el mismo explicó, era ser terrorista. El que, con el apoyo del Vampiro iba a “eliminar muñecos” y a hacer estallar discotecas llenas de gente “¡fuego, fuego!”. “Presidente” -se imagina en un futuro en las calles, desahogando libremente toda en esa violencia, todas esas ganas de chapotear en sangre, interrumpida por el presidio impuesto por esta dictadura que “lo encerró por sus ideas” de poner bombas, de sembrar terror, de ejecutar asesinatos selectivos…  

“Presidente” -tuitean los bots del ala más violenta de la oposición, esa que habita en la redes sociales haciendo ruido, secuestrando a la dirigencia opositora, que es tan pendeja y tan cómoda que cree que Twitter es la voz de la calle.  

“¿Presidente?” -murmura Richard Blanco, heredero del vacío de poder en un partido de tres militantes. “Presidente yo” -dice y arma su nuevo bloque parlamentario: Richard y sus 13 enanos, la ultra oposición que no solo se opone furibunda al chavismo, sino que su furibundez les alcanza y les sobra para oponerse también la la oposición. 

“¿Presidente? ¡Ni de vaina!” -piensan Julio Borges, Ramos Allup, Capriles, Henri Falcón, Guanipa, Rosales, Andrés Velázquez, Juana La Loca y hasta Ismael Garcia que también se cree, como el resto de los creyones, que es presidenciable.  

“Ni de vaina” -dicen desde otro sector de la oposición, porque recuerdan “La Salida” que lideró El Vampiro junto al Psicópata Sifri y Juana La Loca, recuerdan el desastre que dejó aquella aventura sangrienta. Y puestos a recordar, pues, recuerdan que El Vampiro es un ser milenario, con una historia oscura ligada al pasado más oscuro del país, en la que lo menos malo que hizo fue caerle a rolazos y a chorros de agua a los viejitos que reclamaban el pago de su pensión. 

“Presidente, no, títere” -piensa Luis Almagro, títere de mayor rango, que lo recibe en su oficina con instrucciones claras: ni diálogo, ni elecciones, ni nada. Calle, calle y más calle sin retorno. Y además de instrucciones, Almagro se permitió una opinión: opositor que quiera paz, es colaboracionista del chavismo. 

Y con la cucharada de Almagro, este caldo amargo de la oposición se pone morado. “¿Y quién carajo es Almagro para meterse en los asuntos de los venezolanos? -dicen algunos fingiendo dignidad soberana. “Almagro debe moderar su incontinencia sobre temas venezolanos. Hace mucho daño” -sentencia un historiador que hace apenas un año decía todo lo contrario: “La MUD debe mostrarse enfática en su apoyo a Almagro y a la aplicación de la Carta Democrática para al caso venezolano”. Y una periodista descolocada con tanto lío, tuitea: “ahora resulta que desde el exterior quieren imponer agenda a venezolanos que se quedaron”. A la vez que retuitea a otro que dice que esas divisiones que fomentan algunos opositores y Almagro afectan negativamente el apoyo internacional. O sea, que no, pero sí… 

Ni presidente ni nada, dicen desde Primero Justicia y, pescando en río revuelto, destituyen de una zancadilla a Helen Fernandez, alcaldesa metropolitana, suplente del Vampiro, y tercera militante de su partido de tres. 

Ante semejante atropello, El Vampiro, indignado declaró: “El único alcalde metropolitano soy yo”. 

¿Y no y que eras presidente, pues? -Le preguntó alguien que ya no entendía nada, y que se quedó sin entender porque, acorralado por esa simple pregunta, El Vampiro no tuvo más opción que envolverse en su capa importada de Transilvania y -¡zuas!- desaparecer en una nube de polvo, caspa y telarañas. 


Héroes y villanos de verdad, verdad

Los agarraron. Se creían sobrados y los agarraron. Sus caras corrieron por la redes, sonrientes, demasiado sonrientes… Sus caras, desconocidas para la mayoría de los venezolanos. Sus nombres, ni hablar. Esos funcionarios que nadie señala la hora de hablar de corrupción, porque no se exponen, porque no tienen que dar la cara todos los días… esos que tienen tanto poder para jodernos y que nadie sabe quiénes son.

Ayer fue la directiva de Citgo. Cayeron sabroso, jurando que nunca iban a caer. Uno de ellos, acorralado, tuvo la impudicia de declararse “ciudadano americano”, exigiendo que contactaran a su embajada, todo esto a pesar de haber nacido en Falcón. ¡Qué escenita más deplorable! 

Los muy bichos vendían al país llenándose los bolsillos y dándole una “ayudaíta” al gobierno gringo en la imposible tarea de tumbar al gobierno bolivariano. Entre sus socios de marramuncias, un venezolano de Weston, opositor decente y pensante, de esos que dicen horrorizados que el gobierno chavista es el más corrupto de toda la historia, o sea guácatelas, ¡Maduro vete ya! Rapacupos de élite envidiados en su entorno, “Fulanito coronó”. Todo un nauseabundo mar de doble moral e hipocresía. 

Bien hecho, plátano hecho, cayeron. Y en los medios opositores donde tanto hablan de corrupción, del yate de Aristobulo, del Reverón de Jessy, de la fortuna de Maria Gabriela, de los Zapatos de Delcy, del oligopolio de Diosdado, dueño de todo lo visible e invisible, amén… En esos medios, la captura de la directiva de Citgo, no es noticia de primera plana.  

Es que no solo cayeron unos corruptos, cayeron unos agentes infiltrados que además de entregarles la empresa a los gringos, les pasaban información sensible sobre la reestructuración de la deuda venezolana, para que nos pudieran joder más y mejor. Para que pasemos todo tipo de calamidades “culpemaduro”. Con razón el falconiano con ínfulas de Joe dijo ser “ciudadano americano”, porque el pobre diablo jura que lo es. ¡Ciudadano americano my ass! 

Agentes infiltrados como la rubia oxigenada que huyó en una moto y que permitió que estas cosas pasaran a pesar de las denuncias, a pesar de que el presidente Maduro había pedido una investigación. “Separación de poderes”, decía ella mientras separaba sus piernas para los gringos. Agentes infiltrados en nuestras instituciones, decir esto hace unos años parecía conspiranoia, hoy los hechos nos dicen que todo lo terrible que intuimos sobre la guerra contra el chavismo, puede siempre ser peor. 

Con la huída de la rubia falsa más allá del color de su pelo, llega Tarek, nuestro fiscal, que no solo tiene pinta de super héroe sino que está decidido a serlo, y asume el compromiso de destapar el pozo séptico más podrido, aquel sobre el que se sentaba la rubia, y así empieza a flotar la mierda. 

Y empiezan a salir nombres y caras, y peces gordos que uno no sabe como llegaron hasta ahí, que nadie sino su mamá oyó de ellos, que nunca dieron la cara, que si llegara el día en que nos vinieran a buscar a los chavistas, tal como la misma oposición nos lo vive prometiendo con su “a ver a donde te vas a meter”, a esos directivos, y altos gerentes, nadie los iría a buscar. Peor, los veríamos liderando la cacería… Y todo esto me da mucho asco… y pienso en cuántos “sin caras, sin nombre” hay en cuántas instituciones, en esos cargos que la mayoría no sabemos que existen. Y ellos ahí enquistados, y la eterna denuncia de los chavistas de “mi jefe en tal ministerio es escuálido”, la leyenda urbana, que no es leyenda, de los directivos de tal institución descorchando botellas aquella tristísima tarde del 5 de marzo de 2013… ¡Coño de la madre! 

Ya no más. El principio del esperado fin les ha llegado y no empujen que hay para todos. Tarek, siguiendo la petición del presidente Maduro, mete el ojo en PDVSA, CADIVI -¡Madre mía, CADIVI!- , y ayer Nicolás avisó que también el ministerio de alimentación. No empujen, malditos, que ya viene su sábado. 

Y el profundo asco que me produce cada caso que se destapa, lo supera la alegría y el alivio de saber que se está luchando efectivamente contra la corrupción, y me recreo imaginando las caras de cagados de esos bichos que salían tan sonrientes en las fotos. Y sueño con penas para ellos proporcionales al daño que nos hicieron. Y si esas penas no existen, que la Asamblea Nacional Constituyente las vaya pensando. Me imagino una ley bien bonita que diga 400 años de cárcel para el faconiano gringo, o para Pedro -el tal Topocho- de la faja del Orinoco, 200 para el actorucho ese que llaman Coco… Sí, un pocototón de años que pueden ser menos, digamos 20, en la medida en que devuelvan lo robado, en que reparen los daños hechos a la nación. ¡Sería tan lindo! 

Lo que hace años venimos clamando que suceda está sucediendo. No es poca cosa: estamos presenciando, por primera vez en la vida, a un gobierno atacar la corrupción dentro de sus propias filas. Eso requiere honradez y valentía. Eso lo está haciendo el gobierno chavista, el gobierno de Nicolás. ¡Sigan subestimándolo, gafitos todos!  

Y así, mientras en la vida de los de los rabos de paja hay sobresaltos y maletas preparadas por si acaso, en la mía hay orgullo, esperanzas y cotufas para la próxima rueda de prensa de nuestro Fiscal Tarek. 


Julito el cipayo


Lleva años viajando por el (primer) mundo, en una carísima gira cinco estrellas, financiada por bolsillos que no son el suyo -y que querrán recuperar su inversión, por supuesto-, con el único fin de suplicar a la llamada “comunidad internacional” que intervenga en Venezuela, que la bloquee, que la asfixie. La historia de un perfecto cipayo. 

Su inclinación a la vileza se remonta a su infancia, en un colegio ultraconservador, en un salón lleno de varoncitos como él, con copetes a lo Rafael Caldera, pequeños Rafaelitos de cuatro años, empezando su proceso de formación para asumir, en el futuro, el liderazgo del país. Allí, en ese salón de niños cool, en una esquina, con sus cejas pegadas y su mirada de bolsa, Julito pasaba el día entretenido, robándose los Pepitos de la lonchera de Luisito Pietri Azpurua, y achacando el robo, un día a Carlitos Mirabal Sosa, otro a Gustavito Roche, a cualquiera, a menos Fernando Guedez Méndez que era el más grande del salón y pegaba durísimo. Julito descubrió temprano el perverso placer de ser, a la vez, el perpetrador y acuseto pantaleto de todo lo malo pasaba en su salón. Era tan torcido Julito, que cuando tocaba confesión, el niño de cejas de cepillo de limpiar pocetas, no confesaba al cura del cole sus pecados, sino los de sus compañeros de clase, que se ganaban la penitencia sin haber pasado por “Go”. 

Así Julito se convirtió en Julio, el que aprovechaba para copiar en los exámenes, mientras el profe de física regañaba a Rodrigo Vecchio por copiar, gracias a Julio que lo acusó de copión. Así pasó por la escolaridad, rodeado del profundo desprecio, no solo de sus compañeros de clase, sino de los profesores que no entendían cómo un muchacho tan joven podía ser tan rastrero y vil. Así pasa por la vida. 

Se quedó calvo y echó barriga. Sus cejas indomables resisten la depilación láser, como su esencia rastrera se resiste a la dignidad. Hoy Julio va por el mundo, coleccionando desprecios, suplicando y aplaudiendo sanciones contra su país, pidiendo más, mientras clama preocupación por el pueblo que sufre los efectos del bloqueo; y lo hace con esa misma cara de cínico despreciable que ponía cuando se pasaba el recreo comiendo Pepitos, pegado a la ventana del salón, mirando a Carlitos Mirabal, castigado, sin recreo, por un Pepito que no robó. 


Solos y desnudos (sin motor arrechísimo)

No habían terminado su festival de insultos, donde “tumor” fue el más suave de los improperios, y en plena repartición de culpas, que cayeron casi todas sobre los pendejos que los han soportado todos estos años, que les han consentido todas sus pataletas, siempre violentas, siempre desastrosas, que los han acompañado en esas misiones suicidas donde los muertos nunca son quienes las convocan; los que hicieron corto circuito con tanta incoherencia discursiva de unos líderes que los llevan como en un carrito chocón, y no votaron, coño, porque “no es no”, porque “calle, calle y más calle sin retorno forever”, porque “las dictaduras no caen con votos”, o porque “Ocariz es un güebón”… En medio del estruendoso derrumbe de una Mesa de Unidad pegada con moco, se anuncian las elecciones municipales. #SOSElQueSeCansaPierdeVE 
Por un breve instante se detiene la función. Los dirigentes de lo que fue la MUD, se miran unos a otros con la rabia y la desconfianza de siempre, buscando un indicio de “para donde irá a agarrar el carajo ese”. Y saltó Borges, que acaba de hundir a Guanipa y en plan, “si soy tan pesado que no puedo flotar, aquí nos hundimos todos”, anuncia, porque sabe que va a perder hasta las cejas, que Primero Justicia no va participar en estas elecciones. Freddy Guevara, se empina para que lo vea el 3,6% que apoya al partido que Freddy trata de quitarle a Leopoldo, para decir, con su cara de Alvin la Ardilla tan lavada, que Voluntad Popular, pa’lante, pa’tras, tampoco va a participar. Capriles, la nada, en otro vano intento de ser tomado en cuenta, dijo alguna babosada con cara de “me la estoy comiendo”, por Periscope. Y María Corina, torciéndoles los ojos con nauseas, solo pudo tuitear: “se los dije”. Pero quedaba un hilo suelto que había que amarrar. 

Henri Ramos Allup, soñando con La Casona, despejando obstáculos, lechuginos y petimetres de su camino presidencial, había declarado en los últimos dos meses, que Acción Democrática participaría en cuanta elección se les atravesara. Lo había reiterado apenas hace una semana, pero hubo un obstáculo que Henry no calculó: el que paga, manda, y aquel “give me money” que relataba el ex embajador Brownfield en su comunicados internos, a Ramos Allup, como un boomerang, se le devolvió: “Usted no va”. 

Opaco, cabizbajo, contenido, sin su acostumbrado chisporroteo adecamente rebuscado, Henry en una mesita, con cuatro micrófonos, claudicó -perdón- anunció que AD tampoco va para el baile. Tanto nadar para hundirse en la orilla con los “lechiguinos, petrimetres y mariposones”. 

Por ahí, haciéndose los suecos, Rosales y Henri Falcón sacaban sus cuentas. 

A todas estas, en aquellas alcaldías sifrinoides, bastiones irreductibles del antichavismo, temblaban los vecinos, temblaban más los alcaldes que querían repetir, porque lanzarse allá en un tiro al piso. Yo traté de imaginarme a Chacao chavista, con la plaza Altamira decorada con los ojitos de Chávez y el Obelisco pintado de rojo y negro, por pura maldad, como aquel tumbarrancho gigante que puso Farruco en la plaza El Venezolano. Y claro, la razón me decía que eso iba a pasar, que ellos no iban a soltar ese chollo de gobernar alcaldías donde lo único que los votantes exigen de sus alcaldes es un antichavismo “indevolvible”. 

Así, lo que supuse sería un goteo de postulaciones y deserciones partidarias, se convirtió en un diluvio de postulaciones: casi cinco mil candidatos para 335 municipios. Como dijo Roberto Malaver: “Ahora hay TANTOS candidatos a alcaldes que los únicos que faltan son Ramos Allup y Julio Borges”. 

Fue impresionante ver a Richard Fermín, alcalde ex justiciero de mi municipio, desde su perfil de Twitter todo amarillo y negro, en la noche del lunes pidiéndole a Dios que lo iluminara, y amaneciendo el martes, iluminadísimo, con nuevo perfil, ahora verde, amarillo y azul bandera de Nueva Esparta, con nuevo logotipo, nuevo slogan “Seguimos contigo”, con video publicitario, con una campaña montadita que seguro le envió Dios esa noche, porque esa vaina no la hace ningún mortal de la noche, llena de dudas, a la mañana iluminada. Bien por Fermín, que no se dejó colgar el cinturón de plomo de Julio Borges y optó por el camino democrático que señala esta extraña “dictadura”. 

Y qué soledad más sola, qué desnudez más fea: ni su propios “cuadros” le pararon a Borges, Guevara y Ramos Allup, que no lo salvó ni su motor arrechísimo. Qué ceguera tan grande la de sus jefes, los dueños del circo, que queriendo sabotear la democracia venezolana le dieron un nuevo aliento, dejando la puerta abierta para que un montón de partidos opositores más pequeños, siempre amordazados por la MUD, presenten candidatos y ganen, allá donde los que se fueron siempre ganan. Cuánta soberbia, cuánta torpeza… Y cuántos chantajes, ¿verdad, Ramos Allup? 


Por un boquete

Yo siempre quise poder verlos por un huequito, así, cuando se reunían a puerta cerrada, o peor, cuando se juntaban en grupitos, unos contra otros, clavándose puñaladas por la espalda. Porque ese cuento de la unidad era tan indigerible, tan pegado con saliva, porque uno los conoce y sabe que un sifrino no traga a un adeco ni que el adeco se case con una catira millonaria. “Adeco es adeco hasta que se muera”, o sea, recién vestido, fo… Y uno sabe que un adeco, aunque sueñe ser como ellos, no soporta a los “lechuguinos, petimetres, mariposones”. Yo siempre quise verlos por un huequito, pero ellos se exhibieron por un boquete. 

Se desintegró la MUD, se rompió en los pedacitos incompatibles que siempre fue. Pasó como pasan las cosas en la oposición: con torpeza, con soberbia, destilando ese odio que cultivan con esmero, que es su motor arrechísimo, para todo, contra todo, hasta contra ellos mismos. Explotó la MUD sin pudores, se acabó el disimulo, el fraternal abrazo entre un ordinario Ismael García y una sifrinísima Lilian Titori, y Andrés Velazquez se quedó solo y volvió a ser un indio enano, como aquella que besó a Maria Corina, allá en Amazonas, y que causó tanto asco a la aspirante frustrada a candidata a lo que sea, que no pudo evitar limpiarse el cachete frente a la cámara que la grababa.  

Se les rompió el amor que nunca se tuvieron y el despecho se condensó en una guerra de mensajitos, puyas, indirectas tan directas que fueron potentes bofetadas, durísimas bofetadas que revelan un desprecio que ya no puede ser contenido y se desborda en 140 caracteres. Ya nadie guarda las formas, ya no importa. Lo que quedan son trapos sucios al aire, un festival de dimes y diretes, un “y tú, y tú y tú”, con ataques de sinceridad que desnudan las mentiras que dijeron.  

Ahí, a la vista de todos, cada uno de los que oootra vez dirigieron a la oposición a un estrepitoso fracaso, intenta recoger sus votos pateados, regados por el suelo. Y en medio de ese escandaloso derrumbe político, se anuncian las elecciones municipales que seguramente nos traerán alcaldes con aspiraciones a repetir desdiciendo a sus partidos, que juraron no participar, y tantas contradicciones, y nuevos trapos sucios en esta novela de fracaso que insisten en escribir, a todo gañote, los pedacitos rotos de la MUD.