Zapateando sobre el cadáver del periodismo

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Primero lo secuestraron y más tarde lo mataron. Una vez muerto el periodismo, el chisme y el rumor ocuparon su lugar vestidos de páginas web de noticias, una especie trampa atrapa clics insaciables, cada clic un billete para el cochinito.

Los titulares que conocíamos, aquellos que nos abrían la puerta a la noticia, por ejemplo “Decretado aumento de salario”, se convirtieron en cosas como “¡Horror! Sepa por qué el aumento nos hará más pobres (FOTOS FUERTES)”. Siempre unas fotos fuertes, aunque al final no lo sean, para generar tráfico en la web. Luego el texto de la noticia, una serie de brinquitos alrededor de la realidad, llenos de runrunes, de conjeturas que ahora llaman “análisis”, de opiniones, siempre de un solo conveniente lado, y de cálculos halados de los pelos de otra página web de “noticias” de donde toman el precio del dólar.

Las notiwebs proliferan al punto de epidemia. Se contagian por las redes sociales y se vuelven “virales”. Mientras más virales más clics y mientras más clics más dinero. Pero no todo es dinero, también hay un fin político: echar su cuota de mierda en el pozo séptico de la guerra mediática contra Venezuela. Nada es inocente.

Los grandes medios tradicionales que en perfecta sincronía han generado matrices contra gobiernos no sumisos hasta lograr borrar países enteros del mapa, ahora toman como fuente cualquier cosa que se publique en cualquier web de noticias asumiendo, contrariamente a la razón, que si sale en internet tiene que ser verdad; aunque que si no lo es, poco les importa, mientras la mentira sirva a sus objetivos.

Solo en esta semana y en cosa de tres días, supimos que Visa se iba de Venezuela. No hubo medio que no anunciara horrorizado ese que ¡Dios mío ¿qué vamos a hacer? Visa se va y para todo lo demás Master Card! Luego el desmentido de Visa que casi nadie publicó. De Visa a la falsa orden de captura del alcalde de Maturín que llegó hasta en noticiero de Antena 3 de España, siempre tan pendiente de nosotros. Por cierto, ese mismo alcalde que sería detenido, un día después del escándalo noticioso, estaba tranquilazo inaugurando una exposición de los dibujos de Leopoldo allá en Maturín. Las mismas páginas que alertaron sobre su posible arresto, hechas las locas y como si nada, cubrían el evento artístico. Tan artístico el evento como periodísticas son esas webs.

Para cerrar la semana (des)informativa con broche de oro, nos sirven de desayuno dominical a Daniela, la hija de Diosdado. “Vea la vida de lujos se da Daniela Cabello en Madrid (+Fotos)”, dice una notiweb y de ahí la “noticia” salta a un sin fin de notiwebitas, porque no hay nada más importante que saber qué hacen los hijos de los diputados chavistas y más si de Diosdado se trata. Es tan importante que, de salto en salto, la nota web termina aterrizando en la página de Globovisión, un canal de TV que insiste en cojear de la misma pata. Así, manteniendo y honrando el legado de Ravell, Globovisión copia y pega la nefasta nota como ahora la copio y pego yo:

“La hija del diputado de la Asamblea, Diosdado Cabello, fue vista en el Centro Comercial Xanadú que se encuentra en las afueras de Madrid. Daniela Cabello se encontraba con dos amigas, nada más y nada menos que comprando zapatos en la cadena nacional Marypaz. Esta cadena vende zapatos de hasta 30 euros que son 34.598 bolívares fuertes, casi la totalidad de los tickets de alimentación que cobra un venezolano tras un mes de trabajo.”

Así me entero de la verdadera y horrorosa noticia: Que Diosdado, tal como lo han repetido esas paginitas millones de veces, si es el hombre más rico de Venezuela, entonces, definitivamente, es también el más pichirre. Mira que poner a su hija a comprar en una zapatería chimba de centro comercial, donde el zapato más caro cuesta solo 30 euros, cuando, ya estando en Madrid, en la calle Serrano, con dos mil euritos, la muchacha podría comprarse unos famosísimos Manolo Blahnik.

Diosdado tendría mucho que aprender de Ramos Allup, papá generoso que manda a sus hijos a comprar zapatos carísimos en las exclusivas boutiques de Bal Harbour, en Miami. Claro, que para las notiwebs, cuando de los hijos de un político opositor se trata, comprar cosas carísimas fuera del país nunca será una noticia con (IMÁGENES FUERTES) porque los hijos son sagrados. En todo caso, si vas a hablar de hijos y los chamos son hijos del adeco, los reseñas con empalagosos titulares: “Conozca a los solteros más codiciados, herederos del motor arrechísimo de su papá (+CONMOVEDOR VIDEO)”

No solo mataron al periodismo, también dejaron bien claro que su cacareada consigna de “Con mis hijos no te metas” no aplica si el hijo es de algún chavista.


Daños colaterales

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En los últimos tres años hemos visto subir los precios de todo. Se hizo cotidiana la sonrisa sádica de algunos comerciantes avisándote que algo había subido “porque el dólar, tú sabes”. Muchos se frotaban las manos ajustando sus precios al de Dólar Today. Aspirantes que creían que mientras más subía el dólar delincuencial, más ricos serían. Nada se salvó, desde los productos más superfluos hasta los más vitales, mientras más vital más caro y que siga la fiesta.

Aquel dólar que celebraban mientras escalaba hacia precios obscenos metió un frenazo, mientras el dólar oficial, el no protegido, empezó a cotizar al alza. Entonces los adoradores del dólar negro pusieron un cínico grito en el cielo. “¡Maldito gobierno que devalúa el bolívar y nos empobrece!”.

La rabia radica en que parece que, en buena medida, se les cerró el chorro de de dólares baratos para vender muy caro. Se acabó la borrachera y ahora viene el ratón.

Nosotros que hemos venido nadando en esta tormenta, muchos con el agua en hasta las orejas, hemos visto cómo, con subidas brutales de precio, nos alejaron de cada tabla que conseguimos para mantenernos a flote. Fue así como la yuca, el plátano, el ocumo y cada cosa que quisimos comprar para suplir a otra que ya no alcanzábamos, llegó a precios inalcanzables. Hasta que ya no se puede más.

Pero algo está cambiando. Hay precios que están bajando, especialmente en la carne, el pollo. En los centro comerciales, las tiendas llenas de mercancía y desiertas de clientes, anuncian ajustes hasta del 70%. Nos llevaron al punto de no poder comprarles y ahora penan por hacer una venta. Hace una semana miraba la vitrina de una tienda cuando me sorprendió la dependienta que salió hasta el pasillo “¿Puedo ayudarle? Pase y pruébeselos, sin compromiso” -me dijo, esta vez con una sonrisa nerviosa de por favor, por favorcito. El verdulero se resiste mientras la mercancía se le marchita. “La cosa está jodida –dice– Hace 15 días que no repongo mercancía porque no se vende”. Más allá, otro verdulero vende 50% más barato y no se queja.

Muchos de los que se sumaron esta guerra o “boicot económico para salir de Maduro” -como lo definió un diputado opositor-, hoy, con el agua al cuello, descubren que a ellos esta guerra no los convirtió en ricos, sino en daños colaterales.


Olimpíadas de las miserias

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“¿Quién es esa Yulimar, y por qué no me está limpiando la poceta?” – Tuiteaba una venezolana decente y pensante minutos después de que nuestra atleta nos regalara una medalla olímpica de plata. Días antes, tuiteros de esta calaña, celebraban lo que para ellos eran dos grandes victorias: Rubén Limardo y Alejandra Benítez habían sido eliminados en esgrima. ¡Bien hecho, por chavistas de mierda, malditos todos!

Yoel Finol, con su medalla de bronce, tampoco se salvó del asco y el desprecio, porque “tú sabes, el Inca Valero y su tatuaje de Chávez y tal”. Stefany Hernández llevó menos, porque su deporte es más cool y además, ella vive en Suiza y aunque Yulimar también vive en España, a ella si le cae porque esa piel morena, ese pelo, “esa pinta de rancho” la condena a limpiar las pocetas ajenas y no a viajar por el mundo y ganar medallas. ¡No, señor!

Fue tanto y tan feo que, unos días antes de que el chaparrón de odio le cayera encima, viendo cómo le caía a sus compañeros de selección, Yulimar publicó un mensaje en su cuenta de Instagram: “Que impresionante es ver tantas críticas insultos malas palabras a los atletas que están representando a nuestro país en estos juegos olímpico señores no saben tanto trabajo que hay detrás de un atleta para poder llegar a estar entre los mejores del mundo la felicidad de nosotros los deportistas es ver que a pesar de la victorias y derrotas tu pueblo siempre te va querer y apoyar como si fueras el mejor del mundo”. Ya lo odiadores se vengarían de ella.

La cosa es regatearnos la gloria, convencernos de que no logramos nada, tal como expresaba desde Miami un inteligentísimo tuitero venezolano: “Yulimar, chavistas pajúos, vive en España y la patrocina Nike, así que esa victoria no es de Venezuela”.

A todas estas, Cristian Toro, un venezolano emigrado a España, obtuvo la medalla de oro en canotaje, convirtiéndose en el héroe de los mismos que insultaban a la selección olímpica venezolana. “Venezolano que se fue demasiado culpemaduro, o culpechavez, que es lo mismo, sí obtuvo apoyo de un gobierno democrático y civilizado y ganó una medalla de oro”. “Cristian Toro, nada que ver con esos monos que representan a Venezuela” -Comentaba en Facebook, sin acceso a un espejo, una muchacha de rulos planchados hasta el liso japonés, que cree que, por vivir en un apartamento de El Cafetal, ella no se parece a Yulimar.

Cristian era el ejemplo perfecto: un muchacho de esos que llaman “de buena familia” que logró, yéndose demasiado, “lo que en su país jamás habría permitido lograr”. Entonces se desborda la catarata de autonedigración y lamesuelismo de la gente decente y pensante que siente que Venezuela siempre les debe algo y, para cobrárselo, se revuelcan golosos en ese acomplejado discurso, siempre en tercera persona, que habla de la inevitable inferioridad de “el venezolano”, producto de una mala mezclas de razas de la cual ellos se salvan porque en su mezcla hay más de español que de negro y de indio, que son los verdaderamente defectuosos, o sea, tú sabes…

Para ellos, las victorias de Venezuela, no importa en qué escenario, son amargas derrotas que hacen tambalear su nefasto discurso, “y esa vaina no se le hace a uno que sí ha estudiado, chico, así que toma tu insulto”. Para todos ellos, la medalla de oro en las olimpíadas de las miserias.

 


Sueños mayameros rotos

 

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Desde que tengo memoria y más allá, vivir en Miami ha sido el sueño de un amplio sector de la clase media. La felicidad queda allá y “los venezolanos, como somos súper pilas -decía un venemayamero- nos vacilamos a los agentes de inmigración, porque estos gringos son medio pendejos”. A lo largo de los años ha habido mil formulas, todas mutantes en la medida en que los gringos notaban que algo raro estaba pasando y cerraban grietas migratorias.

Vale todo, desde sellos falsos en los pasaportes hasta parejas que programan el nacimiento de sus hijos en Miami, a modo de tiro al piso: Nace el chamo allá y es gringo, esperas 18 años, que pasan volando, para que el carajito se vaya a su Patria querida, esa sí, y reclame a sus padres para que cosechen el fruto de su parto bien programado. El rollo es que un parto en Miami ces carísimo y que los agentes de inmigración, apenas ven una barriga, encienden las alarmas.

Pero siempre hay un modo. En los últimos años el “asilo político” abrió un portal de posibilidades. Ya no había que parir para quedarse.

Hay ir bien preparados, argumentar que un atraco fue un ataque político de algún colectivo malvado, si hay disparos mejor, métele unos tiros a tu carro, como hizo uno que conozco, y lo documentas como un atentado por pensar diferente. Recuerda, los gringos son medio pendejos.

Medio pendejos mientras les conviene reforzar la imagen de una Venezuela represora, hasta que les empieza a fastidiar el boquete en su sistema de inmigración, entonces llega la hora de pasar a a los venezolanos súper pilas al cuartico.

Es ahí cuando los que no tienen reparos en echarle mierda a su país, a sus compatriotas que nos quedamos aquí, reforzando peligrosísimas matrices que abonan el terreno para horribles desgracias, con tal poder vivir en la cuidad de cartón piedra, descubren que los gringos ni son pendejos ni son buenos.

Usted quiere asilo, muy bien, véngase para el centro de detención, póngase su uniforme anaranjado, quédese ahí, búsquese un abogado de esos que cobran un realero y demuéstrenos  es un perseguido, mire que el cuento de la dictadura malvada lo inventamos nosotros. Demuéstrelo o será deportado, eso sí, después de varios meses de hospitalario presidio.

Cerrada la grieta, tendrán que seguir pariendo para cumplir sus sueños mayameros.


Tampoco es colombiano

 

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Hace tres años la consigna era “Maduro es colombiano”. Las señoras de El Cafetal marchaban furiosas por la ignominia de tener que calarse a un Presidente nacido del otro lado de la frontera. Corrieron por las redes sociales fotos de Nicolas bailando cumbia en algún remoto carnaval de Barranquilla, de Nicolás con una camiseta del Deportivo Cali, de una casita normal y corriente en Cúcuta, cuya fachada que no decía nada pero que CNN se encargó de titular “Esta es la casa donde nació Maduro”. La MUD entera asumió la gesta imposible de demostrar la colombianidad de Nicolás, que segurito no se llama Nicolás, sino John Jairo el ilegítimo.

Con su bipolaridad característica, los mismos que se derriten de admiración por Alvaro Uribe Velez, los que dicen que Colombia es un paraíso, no como esta cagada de país dónde por desgracia les tocó nacer, desataron su xenofobia contra el caliche de Maduro. Vimos a dirigentes de la MUD ondear ante las cámaras algún papel amarillento asegurando que aquello era la partida de nacimiento del cucuteño con bigotes. Periodistas y opinadores, albañiles de la construcción mediática, los mismos que instalaron éxitos disociados como “te van a quitar a tus hijos” y “los bombillos cubanos te espían“, derramaron litros de tinta sobre la desgracia de ser gobernados por un impostor colombiano.

Esta matriz fue quedando en segundo plano con vistas al olvido. Había otras formas, pensaban en la MUD, de salir de Maduro “en seis meses” –tal como aseguró Ramos Allup hace exactamente seis meses. Habemus referéndum, renuncia, abandono de cargo, o sea, no podemos perder, agreguemus nuestra carta bajo la manga: La Carta Democrática del amigo Almagro y no olvidemus la guerra económica que tantos beneficios nos ha dado.

Pasaron los seis meses como una seguidilla de fracasos. En medio de una borrachera triunfalista, les pasó de largo el 10 de enero, fecha para iniciar el referéndum, si en realidad querían que se celebrara este año. “Es que no nos poníamos de acuerdo” –aseguró detrás de las cámaras un dirigente de la MUD. Mientras se acuchillaban por dentro vendían la ilusión de salir del chavismo a sus seguidores, siempre dispuestos a comprarles cualquier vaina.

A todas estas, la tesis de la renuncia y el delirio ramosallupiano del abandono de cargo, se caían por su propio peso. Pero ahí estaba Almagro, tuiteando amenazas e insultos. La Carta Democrática sería el salvavidas de un desordenado plan que se estaba hundiendo. El salvavidas fue de plomo. “Vamos con todo” –dijo Ramos Allup en nombre de la MUD, y regresaron con nada.

La cosa está difícil, los números están apretados y esto es solo para recoger el 1% de las firmas – Comentaba tras bastidores el mismo dirigente comentador. Sin contar con la imposibilidad de hacer el referéndum este año. La soberbia de hace seis meses se diluía a punta de fracasos.

Entonces Ramos Allup, es su desesperado afán de liderar esa oposición sin liderazgo, en lugar de meterle neuronas y cordura al asunto, vuelto loco, sacó un conejo polvoriento de su chistera: ooootra vez la nacionalidad de Maduro. La estrategia opositora vuelve atrás, no seis meses, sino tres años. De vuelta al principio, pues.

Lo loco no es que vuelva con el temita, porque a esas cosas ya nos tienen acostumbrados. Lo loco es que Ramos Allup, como Presidente de la Asamblea Nacional, dirigió una carta al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia solicitando información sobre la nacionalidad del Presidente Maduro. La respuesta del ministerio colombiano es otra barajita más para el álbum de fracasos que rellena con esmero la oposición venezolana.

Con una breve carta que es casi un regaño, Patty Londoño, vice ministra, porque no vamos a poner a un ministro en esa pendejada, le dice a Ramos :

“Sr. Diputado, 

De acuerdo con su nota del pasado 26 de mayo, y después de realizar las consultas pertinentes con la Registraduría Nacional del Estado Civil de Colombia, me permito informar que no se encontró información relacionada, ni registro civil de nacimiento, ni cédula de ciudadanía que permita inferir que el Presidente Nicolás Maduro Moros sea un nacional colombiano.

Sabemos que solicitudes similares fueron dirigidas al Senador Luís Fernando Velasco, Presidente del Congreso, y a Juan Carlos Galindo, Registrador Nacional del Estado Civil. Por favor considere esta respuesta en nombre de todas las entidades a las cuales dirigió su solicitud de información.”

Dicho en términos simples: Que nooooo, que Nicolás Maduro no es colombiano, así que, por favor, dejen ya la ladilla.

Huérfanos de ideas y estrategias arriban al plazo que ellos mismos se impusieron. Claro, ahora dicen que ellos nunca dijeron que en seis meses iban a salir del Presidente Maduro. Con casi todas las cartas jugadas y perdidas, tiene que meterse Obama, para no perder esos reales.

Mientras tanto, la guerra económica, la única carta que les ha dado alguna alegría, su última carta golpeada ahora por los CLAPS, está sobre la mesa apretando con desespero. Esa es la carta a derrotar.


Mi niña con alas de colores

 

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Hace trece años la desperté y le puse la batica a cuadros que se estaban poniendo esa mañana la todos los niños de su edad. Tenía tres años y mucho sueño. ¡Es tu primer día de cole! –le dije con una sonrisa temblorosa y un nudo en la garganta. Ella me miraba sin saber si alegrarse, sin saber qué esperar. Le esperaban años y años de colegio que se fueron volando.

Esa mañana se me hizo eterna. Caminaba por la calle sin la mano de mi niña tomando la mía, me faltaba su manita, me faltaba su manera de llenar mi tiempo, entonces el tiempo sin ella era soledad.

A la hora de la salida, yo fui el primer chicharrón. La maestra me la trajo con una sentencia: ¡Tu hija es una salvaje! Mi pequeña salvaje había pasado el día orbitando por un salón donde se hablaba un idioma extraño y la maestra no entendía que ella no pudiera entender.

¿Cómo te fue en el cole? –Silencio. Pasó muchos días sin querer hablar del tema. ¿Cómo te fue el el cole? – insistía en preguntarle, hasta que un día me respondió desde el fondo de su alma: “Patal”. Le iba fatal. Pensé que era una cuestión de adaptación y me propuse darle tiempo. Pensando que algo, aunque fuera una cosita, tenía que gustarle, le pregunté otro día: ¿Qué es lo que más te gusta del cole? Su respuesta fue inmediata: “Cuando me vienes a buscar”. “Un pajarito viene siempre a saludarme en la ventana y luego va a volar por el cielo” –Me contó una vez mi pajarito enjaulado. “Los conejos pueden ser de muchos colores” –Ese día tuvo que colorear un conejo obligatoriamente marrón. El cole no es para niños artistas, supimos. Entonces puse en su bolso creyones de contrabando para que pintara conejos color “comomedalagana”. Así fue cómo empezamos a contrabandear ideas. Empezó el proceso de resistencia al convencionalismo, el desaprendizaje, la defensa de su esencia. Ella iba armada con su libreta de dibujo. Ese ha sido su escudo y su remanso.

Dibujando contra viento y marea, llegó al bachillerato y lo pasó liso. Entre mil bocetos, las tres Marías fueron pan comido, sin angustias, sin desvelos… y yo que las había sufrido tanto. Mi niña fluía de un modo que hasta el agua le envidiaría. Mi niña de mirada siempre asombrada termina hoy el cole y el mundo, con todos sus colores, la espera para que lo pinte tal como su ojos asombrados lo quieran mirar.


Pegado al taburete

 

 

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Pasó como aquella vez hace dos años, cuando Capriles anunció por Twitter que iría al diálogo convocado por el presidente Maduro “para hacer temblar a Miraflores”. Y fue, y solo puso la torta. Bueno, Ramos Allup reeditó el fracaso con un anuncio con tintes de amenazas, un tuit para el lado gris de la historia: “Maduro, Delcy y Bernardo: aprietense los cinturones y peguense del taburete que vamos con todo a la OEA.” Así, sin tildes, porque la rabia le nubla la ortografía. Y con su “todo” se fue a Washington en el avión de su cuñado.

Todo se derrumbó, dentro de él, dentro de él. No hay derecho de palabra para Henry, a menos que quieras hacer como Maria Corina y sentarte como embajador de Paraguay que, en este caso, parece ser el país subalterno que insiste en llevar la voz cantante del Departamento de Estado. Pero Henry puede ser torpe, pero no tanto. Ya sabe lo que pasa cuando uno se pone a inventar mariacorinadas.

Tanta bulla para una reunión y fotos con sonrisas de disimulo, una rueda de prensa previa a la sesión del Consejo Permanente y un encierro en un saloncito con un monitor y un taburete. Allí, Henry, William “Sigatoka Negra” Dávila, Rafaél Poleo, Luís Florido y otros, aplaudieron a rabiar cuando el consejo aprobó, por 20 votos a 12, escuchar el informe de Almagro. ¡Los jodimos! Hasta las islas chulas votaron a favor de nosotros –celebró Henry.

Informe leído, tomaron la palabra los embajadores y el gesto triunfal de Henry se le derretía en la cara. Alguien le arrimó el taburete para que se sentara, su motor arrechísimo se le estaba enchumbando. Las cuentas fallaban: Entre los 20 votos a favor, los Estados Unidos moviendo sus hilos, algunos dejándose mover. Otros hilando la ambigüedad que les permite caer de pie, pase lo que pase, apostaban al dialogo impulsado por Unasur y agregaban algún ingrediente OEA. La frase repetida: “Votar a favor de la presentación del informe no significa que estemos de acuerdo con el contenido del mismo”. El diálogo ganó. Almagro y Henry no tenían los votos. Informe engavetado.

Al día siguiente, Henry intentó recoger los vidrios rotos con un tuit al estilo del Chavo del 8: “Sobre derecho de palabra OEA: decidimos pasar agachados adrede para no entorpecer la decisión que tambaleó al régimen.” Es decir, “al cabo que ni quería”.

 


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