Anticumbre en la panadería

 

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“La cumbre ha sido un fracaso. No vinieron sino 5 países” –decía un experto en asuntos de toda índole, de esos que uno encuentra tomando café en cualquier barra de panadería. “Pero yo vi la reunión de cancilleres y ahí había un gentío” –le contestó un señor mientras revolvía su café. Entonces el experto se despepitó:

“Esos son cancilleres y, además, yo me refiero a ¡pa-í-ses! Países de verdad, no esa merienda de negros que nos montaron aquí. ¡Dígame esa vaina! Contando como cuentan los pendejos, claro que hay 120 países, pero no son más que ese puño de paisitos africanos que vienen a ver qué les tiran, unos árabes, cuando esa gente está tan mal vista por la comunidad internacional, unos chinos de Corea del Norte y de otros países que uno ni sabe si existen de verdad y, claro, los chulos de las islas caribeñas… Todos ellos juntos no le dan ni por las patas al estado más pobre de los Yunaite Estei”.

“Si ellos mismos admiten, con sus caras tan lavadas, que son el tercer mundo, como si esa vaina fuera de pinga, y vienen a Margarita a llorar sus complejos: que si los Estados Unidos son malos, que si Europa también, que si nos explotan, que si nos invaden, que si el bloqueo, que si esto, que si lo otros… típico discurso resentido que siempre culpa a otros de sus fracasos”.

“Eso sí, lloran pero se quedan en hoteles de lujo que después de la cumbre quedarán ranchificados y sin estrellas. Si un amigo que trabaja en un hotel que me dijo que esas gentuzas hasta “degollan” chivos en las habitaciones”.

“Y la isla militarizada -¡lo que nos faltaba!- un esbirro en cada esquina y que velando por la seguridad. ¡Reprimiendo la libertad es lo que es! Se hacen cumbres en todo el mundo y no llenan las calles de soldados. Y no me vengan con el cuento de que en Davos hasta francotiradores ponen, porque no se puede comparar manzanas con cambures, porque si algo le pasa a Obama se arma el peo, en cambio, a quién le importa lo que le pase aquí al presidente de Cuchucustán, que uno no sabe ni quién es”.

“No son más que un club de acomplejados con el rancho en la cabeza. No entienden que si estuvieran alineados, si dejaran de preocupar a la comunidad internacional con sus pendejadas, nadie se metería con ellos y, un día, hasta los invitarían a Davos; pero la ignorancia es una cosa seria”.


Conmigo no cuenten

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Aló, mami, estoy fúrica. No vengas para acá. No, no, no, mami, cállate que tú no sabes nada. Tú no te imaginas todo lo que yo he tenido que padecer para acabar con el chavismo y convertirme en la primera presidenta de este ingrato paisito. No mami, no…

¿Te acuerdas aquellos brevísimos minutos de felicidad cuando firmamos el Carmonazo? Eso ha sido lo más cerca que hemos llegado, imagínate, y pasó hace añales, mami. Desde entonces, todo ha sido decepción y fracaso. Dediqué los mejores años de mi vida a recuperar el poder que el chavismo nos quitó. En vez de darme la buena vida que me puedo dar, me puse a restar con Súmate. ¿Te acuerdas, mami? ¡Claro, si ya nadie se acuerda! Y eso que por un ratico casi nos convertirnos en un CNE paralelo, y el Departamento de Estado apoya que apoya, mami. Todo eso por mi, porque yo soy la que da la cara, y bueno, las rodillas.

¿Te acuerdas de mis rodillas en la Oficina Oval? Esas fotos recorrieron al mundo. Georgie, excuse me, el presidente Bush y yo defendiendo la democracia. ¿Acaso algún otro dirigente venezolano ha llegado tan lejos? Pues, ya nadie se acuerda de eso, mami, no… no vengas para acá.

Yo, una Machado, intentando subir un cerro que no sea el Ávila, para forjar un liderazgo, para que esa gentica comprendiera que un país gobernado por gente como ellos siempre será un rancho. Pero esa gente tiene el rancho en la cabeza, mami, una cosa hurribli. Mira que yo llegaba allá y no faltaba alguna parejera que viniera a besarme, y esa gente huela a arepa, a fritanga y en el mejor de los casos, a perfume barato. Dígame la vez en Amazonas que una india salió de no sé dónde y, en plena entrevista que daba en la calle, la tipa me estampó un beso sudado, mami. No pude más y se me vio la cara de grima, y se vio clarito cómo me limpié, y los chavistas hicieron fiesta con eso y me dijeron sifrina. ¡Y claro que soy sifrina!  ¿Qué quieren, que sea una tierruda?

Y cual tierruda recorrí el país en pre campaña presidencial. Hice de todo: Comí un sancocho asqueroso a la orilla de un río en Barinas, todavía tengo pesadillas con eso, mami. Mi equipo consiguió a dos hombres, con una barrigas enormes, prensadas, sudadas, porque toda esa gente suda, mami… dos tipos con cara de pueblo para la foto de la candidata del capitalismo popular comiendo sancocho, popularmente. Me disfracé de Pocahontas, con aquel traje de paja que picaba por todas partes, mami. Fui a cuanta fiesta de pueblo había, hasta una cosa que se llamaba el Baile del Mono, y bailé mami, y me vino una angustia, porque en medio de la bailadera me encontré sonriendo de verdad… ¡Se me estaba pegando lo niche, mami!

He manejado carritos de chicha, de perros calientes, he ido de parrillera en motos baratas, nada que ver con la Harley de Totó Aristeguieta, mami, y yo con mi sonrisa como si no estuviera sufriendo. ¡Dígame cuando bajé a las catacumbas del pueblo y me metí en el Metro! No, mami, tú no te imaginas lo que es eso: Aquellos vagones llenos de gente que no tiene carro, saca tu cuenta, mami… Un servicio tan deficiente que algunos tienen que ir de pie, agarrados de unos tubos, que te cuento, mami, están como empegostados de grasa de todas esas manos, de quién sabe quién, que los toca. Me iba muriendo, mami. Entonces, antes de pasarnos de la estación de Plaza Venezuela, no fuera a ser cosa de que termináramos en algún lugar tenebroso de Caracas, les prometí a los pasajeros que, en el capitalismo popular, todos podrían tener su propio vagón de metro para poder viajar sentados y no tener que tocar esos tubos pegostosos. Nos bajamos en la estación, mami, y fue peor, porque tenía varias salidas y no sabíamos para dónde ir. Desde entonces, mami, tengo esta arruga en el entrecejo que denota la angustia de una lideresa que sufre por su país.

Quedé de última en las primarias presidenciales. Mi sacrificio no valió de nada, ni siquiera el atentado que simulamos en el 23 de enero ¿te acuerdas, mami? Menos mal que te avisé que era mentira, mami, porque imagínate el susto… Igual seguí adelante, mami; busqué aliados y con Leo y sus loquitos inventamos La Salida. De La Salida solo me salió competencia: La Heidi, la de las trencitas, más joven, más fotogénica que yo… no, mami… Y el mamarracho Guevara que se robó mi curul, dejando a mi candidata con los crespos hechos. Y ahora, también se atraviesa la que se hace llamar Primera Dama, esa recién vestida que cree que la alcurnia se obtiene poniendo una imitación de armadura medieval en la biblioteca de su casa y vistiéndose como una actriz de reparto de Fiebre de Sábado por la Noche. No mami, no…

Pero no me rindo, mami, yo sigo en mi eterna gira nacional, hasta tuve que comer chicharrón con pelo, porque tenía pelos el que me dieron y luego me enteré, por Diosdado Cabello, que también hay chicharrón lampiño. O sea, mami, que esa gente en ese pueblo chicharronero me dio uno peludo a propósito.  Igual me trago los pelos -no importa, ya me vengaré de esos resentidos- y me subo en el techo de un carro, o en algún murito y doy discursos incendiarios a los 20 vecinos que se acercan a sacarse selfies conmigo. Sigo luchando, con blue jean y franelita insípida, por el fin del madurismo, para ya, para ayer, si fuese posible. Como ya casi no me invitan a los medios, me atrinchero en Twitter y desde ahí invoco la guerra.

Y yo sé, mami, que el que se cansa pierde, pero uno se cansa de tanta idiotez. Que si la Toma de Caracas donde, si me hubieran dejado tomar la batuta, la historia habría sido otra. Que si el cacerolazo, que si el Chuo Torrealba, mami… ¿Qué se puede esperar de alguien con ese aspecto y que, de paso, se llame Chuo? Con razón, ahora insiste en que le digan Jesús. ¿Y qué me dices el paro de 10 minutos? ¡No, mami, no!

En esa cosa que llaman MUD ya nadie habla de revocatorio, mami. Parecen conformarse con el chorro de dólares que manda la NED. Hay runrunes de diálogo, mami, y yo eso no lo puedo soportar. Así que, con firmeza, tuiteé: ¡Conmigo no cuenten! Para desenmascararlos, para desbaratarlos, para ponerlos en su lugar.

Pero esa gente no sabe cuál es su lugar, mami. ¿Y Adivina quién me salió respondón? El tal  Requessens, mami; ese gordo parejero que legó a diputado por las guarimbas que yo impulsé. Ese, que segurito come chicharrón con pelo todos los días, mami. Ese recién llegado que cree que me puede hablar de tú a tú… Ese, mami, me respondió con que ellos ganaron la AN sin mi. ¿Lo puedes creer, mami?

Eso pasa, mami, cuando una Machado termina metida en una merienda de negros arribistas como esa que es la MUD. ¡No, no, y no! ¡No cuenten conmigo! Y, mami, no vengas para acá.

 

 


Flores envenenadas

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Emocionadísimos, metieron sus máscaras anti gases, sus capuchas y un puñado de miguelitos en sus mochilas, se enfundaron sus franelas con la palabra “Paz” estampada en el pecho y un mensaje para sus madres en la espalda: “Mamá, salí a luchar por Venezuela, si no regreso, me fui con ella”. Había llegado la hora, así se los anunciaron sus dirigentes. El gobierno caería y ellos iban a ayudar a tumbarlo. Tomarían Caracas.

Camino a la Toma, para matar el tiempo y la ansiedad que les producía estar sentados en un autobús cuando sus cuerpos pedía batalla, decidieron ir calentando el ambiente regando amenazas por las redes sociales. “Maldito chaburro ¿Dónde te vas a meter?” Llegaron al este de Caracas y lo tomaron. “¡Vamos a quemar esta vaina, que con marchitas de bailoterapia no se tumba al gobierno!”. Aquí no vamos a quemar nada porque de este lado vivimos nosotros –hubo que explicarle a unos alborotados con acento andino antes de mandarlos a sus casas a tocar cacerolas.

Aquel odio fermentado durante toda 17 años que explotar y explotó. El 1 de septiembre en la noche, en las redes sociales descargaron su arrechera. ¡Maldita MUD! Pedían sangre, guerra muerte; acusaban a su dirigencia de cobardes, colaboracionistas, traidores; juraban venganza, sangrienta y dolorosa venganza que describían con detalles macabros de un sadismo espeluznante, ahí en sus cuentas personales, justo debajo de sus fotos de muchachos y muchachas felices de no mucho más de 20 años.

La generación del selfie: chamos mostrando sus abdominales de chocolate frente al espejo del baño, pavitas posando con boca de pato en alguna heladería, en la playa, en algún lugar remoto y nevado; fotos que no hablan de carencias sino, por el contrario, muestran privilegios de miños que han sido mimados hasta el exceso. No, ahí no hay carencias… materiales.

Con dolor de mamá, porque “cuando se tienen dos hijos…”, pienso es esa generación de muchachos que, envenenados de odio, se marchitan antes de florecer. Los imagino -tantas veces lo he escrito- pequeñitos, de 4 y 5 años, sentaditos en el asiento de atrás del carro camino al colegio, tratando de despertar con la voz estridente de alguna de las estrella del periodismo opositor, en la radio que sintoniza su mami religiosamente, diciendo que se los van a llevar a Cuba para siempre, lejos de sus padres, la pesadilla más terrorífica para cualquier niño. Permeando sus almas la angustia de mamá, que también se creyó el cuento y cuando los deja en el cole, con su abrazo tembloroso, no deja sino la horrenda duda de si esa tarde volverán a verse. Chamos amamantados con miedo, miedo que, para que no doliera tanto, se convirtió en odio.

Aprendieron que maldecir al otro es socialmente aceptable, deseable, necesario si quieres no ser sospechoso. El odio se hizo “cool”. Aprendieron a desear la muerte, a celebrarla, siempre que el muerto fuera chavista. Aprendieron que la violencia no es mala, que te da puntos, bonos y vidas extra; creyeron que la vida real es un video juego. Así, algunos llegaron a poner guayas para degollar a gente que jamás conocieron, no importa, y otros se regocijaron con tan cobarde hazaña. A los más violentos los llamaron héroes y hasta salieron en el la tele. Un sueño torcido hecho realidad en medio de la pesadilla que creen que viven.

Lo que me preocupa y entristece es que no son la excepción estos muchachos, son la regla en la juventud opositora. Son parte del futuro de nuestro país, una parte convencida de que la otra no debe existir, de que su exterminio -siempre doloroso- sería un acto de justicia y libertad, de que no importa lo que cueste, seguid el ejemplo que Ucrania dio.

Me preocupa enormemente porque esa mañana del 1 de septiembre, un grupo de cuarentones, seguramente con hijos, comentaban contentísimos que había un gentío en Toma de Caracas y que, ay ay ay, chavistas, miren que así empezó Libia.

Me preocupa, porque parece que solo una pesadilla como la que desean les haría comprender cuán equivocados estaban. Entonces ya sería demasiado tarde.


Maldita MUD

 

 

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Después de un mes de declaraciones MUD cargadas de violentas amenazas contra orden constitucional y, por su puesto, contra todo lo que oliera a chavismo, llegó el 1 de septiembre, y lo que la dirigencia opositora había anunciado como una tormenta terminó siendo garúa.

Hubo quienes viajaron durante horas para llegar a Caracas y tomarla, hasta hubo un cura que, a pie, viajó tanto que se pasó de largo hasta Campo Carabobo. Otros, simplemente salieron de sus casas y caminaron algunas cuadras. El Este del este salió a sus calles. Eso era un exitazo porque no lo hacían desde el 2014, cuando las guarimbas secuestraron sus calles durante meses, cuando su dirigencia se negó a recoger a sus locos, cuando les quitaron las ganas de marchar, no fuera a ser que terminaran otra vez secuestrados por la violencia encapuchada.

Convencidos de que sacarían a Maduro, tal como lo estuvieron hace poco de que hacían “la última cola”, salieron, otra vez, a otra marcha sin retorno, aunque ya la MUD había matizado el discurso un día antes del evento, confinando la Toma de Caracas al Este del este, que siempre fue bastión opositor, así que terminaron tomándose a sí mismos.

Muchos, los más jóvenes y tristemente los más violentos, abrigaban la esperanza de un “vamos a Miraflores” a última hora, el esquinazo definitivo. Eso no pasó. Freddy Guevara, diputado guarimbero, al ser increpado por la falta de violencia, respondió a sus aspirantes a encapuchados: “Y aquí, ustedes saben, que no hay suficiente gente para cumplir ningún objetivo”. Entonces descargaron su arrechera ahí mismito en Las Mercedes

A Chuo Torrealba -porque nadie más quizo echarse esa vaina encima- le tocó cerrar la Toma, la caminata del cura caminante, las horas en autobús, la esperanza del fin de chavismo; con un hasta luego y recuerden cacerolear a las 8 pm. Entonces, todo el odio que habían sembrado, se volcó contra Chuo y la “Maldita MUD”, tuiteaban opositores sedientos de sangre, colocando la maldita frase de primera en las tendencias mundiales de la red. Ellos, tan mediáticos, tan virtuales, tan posicionadores de etiquetas para vender irrealidades a “la comunidad internacional”, el 1 de septiembre, cegados por la frustración y odio, a punta de venenosos tuits, mostraron su violento plumero, metiéndose un tuitero autogol.


Zapateando sobre el cadáver del periodismo

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Primero lo secuestraron y más tarde lo mataron. Una vez muerto el periodismo, el chisme y el rumor ocuparon su lugar vestidos de páginas web de noticias, una especie trampa atrapa clics insaciables, cada clic un billete para el cochinito.

Los titulares que conocíamos, aquellos que nos abrían la puerta a la noticia, por ejemplo “Decretado aumento de salario”, se convirtieron en cosas como “¡Horror! Sepa por qué el aumento nos hará más pobres (FOTOS FUERTES)”. Siempre unas fotos fuertes, aunque al final no lo sean, para generar tráfico en la web. Luego el texto de la noticia, una serie de brinquitos alrededor de la realidad, llenos de runrunes, de conjeturas que ahora llaman “análisis”, de opiniones, siempre de un solo conveniente lado, y de cálculos halados de los pelos de otra página web de “noticias” de donde toman el precio del dólar.

Las notiwebs proliferan al punto de epidemia. Se contagian por las redes sociales y se vuelven “virales”. Mientras más virales más clics y mientras más clics más dinero. Pero no todo es dinero, también hay un fin político: echar su cuota de mierda en el pozo séptico de la guerra mediática contra Venezuela. Nada es inocente.

Los grandes medios tradicionales que en perfecta sincronía han generado matrices contra gobiernos no sumisos hasta lograr borrar países enteros del mapa, ahora toman como fuente cualquier cosa que se publique en cualquier web de noticias asumiendo, contrariamente a la razón, que si sale en internet tiene que ser verdad; aunque que si no lo es, poco les importa, mientras la mentira sirva a sus objetivos.

Solo en esta semana y en cosa de tres días, supimos que Visa se iba de Venezuela. No hubo medio que no anunciara horrorizado ese que ¡Dios mío ¿qué vamos a hacer? Visa se va y para todo lo demás Master Card! Luego el desmentido de Visa que casi nadie publicó. De Visa a la falsa orden de captura del alcalde de Maturín que llegó hasta en noticiero de Antena 3 de España, siempre tan pendiente de nosotros. Por cierto, ese mismo alcalde que sería detenido, un día después del escándalo noticioso, estaba tranquilazo inaugurando una exposición de los dibujos de Leopoldo allá en Maturín. Las mismas páginas que alertaron sobre su posible arresto, hechas las locas y como si nada, cubrían el evento artístico. Tan artístico el evento como periodísticas son esas webs.

Para cerrar la semana (des)informativa con broche de oro, nos sirven de desayuno dominical a Daniela, la hija de Diosdado. “Vea la vida de lujos se da Daniela Cabello en Madrid (+Fotos)”, dice una notiweb y de ahí la “noticia” salta a un sin fin de notiwebitas, porque no hay nada más importante que saber qué hacen los hijos de los diputados chavistas y más si de Diosdado se trata. Es tan importante que, de salto en salto, la nota web termina aterrizando en la página de Globovisión, un canal de TV que insiste en cojear de la misma pata. Así, manteniendo y honrando el legado de Ravell, Globovisión copia y pega la nefasta nota como ahora la copio y pego yo:

“La hija del diputado de la Asamblea, Diosdado Cabello, fue vista en el Centro Comercial Xanadú que se encuentra en las afueras de Madrid. Daniela Cabello se encontraba con dos amigas, nada más y nada menos que comprando zapatos en la cadena nacional Marypaz. Esta cadena vende zapatos de hasta 30 euros que son 34.598 bolívares fuertes, casi la totalidad de los tickets de alimentación que cobra un venezolano tras un mes de trabajo.”

Así me entero de la verdadera y horrorosa noticia: Que Diosdado, tal como lo han repetido esas paginitas millones de veces, si es el hombre más rico de Venezuela, entonces, definitivamente, es también el más pichirre. Mira que poner a su hija a comprar en una zapatería chimba de centro comercial, donde el zapato más caro cuesta solo 30 euros, cuando, ya estando en Madrid, en la calle Serrano, con dos mil euritos, la muchacha podría comprarse unos famosísimos Manolo Blahnik.

Diosdado tendría mucho que aprender de Ramos Allup, papá generoso que manda a sus hijos a comprar zapatos carísimos en las exclusivas boutiques de Bal Harbour, en Miami. Claro, que para las notiwebs, cuando de los hijos de un político opositor se trata, comprar cosas carísimas fuera del país nunca será una noticia con (IMÁGENES FUERTES) porque los hijos son sagrados. En todo caso, si vas a hablar de hijos y los chamos son hijos del adeco, los reseñas con empalagosos titulares: “Conozca a los solteros más codiciados, herederos del motor arrechísimo de su papá (+CONMOVEDOR VIDEO)”

No solo mataron al periodismo, también dejaron bien claro que su cacareada consigna de “Con mis hijos no te metas” no aplica si el hijo es de algún chavista.


Daños colaterales

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En los últimos tres años hemos visto subir los precios de todo. Se hizo cotidiana la sonrisa sádica de algunos comerciantes avisándote que algo había subido “porque el dólar, tú sabes”. Muchos se frotaban las manos ajustando sus precios al de Dólar Today. Aspirantes que creían que mientras más subía el dólar delincuencial, más ricos serían. Nada se salvó, desde los productos más superfluos hasta los más vitales, mientras más vital más caro y que siga la fiesta.

Aquel dólar que celebraban mientras escalaba hacia precios obscenos metió un frenazo, mientras el dólar oficial, el no protegido, empezó a cotizar al alza. Entonces los adoradores del dólar negro pusieron un cínico grito en el cielo. “¡Maldito gobierno que devalúa el bolívar y nos empobrece!”.

La rabia radica en que parece que, en buena medida, se les cerró el chorro de de dólares baratos para vender muy caro. Se acabó la borrachera y ahora viene el ratón.

Nosotros que hemos venido nadando en esta tormenta, muchos con el agua en hasta las orejas, hemos visto cómo, con subidas brutales de precio, nos alejaron de cada tabla que conseguimos para mantenernos a flote. Fue así como la yuca, el plátano, el ocumo y cada cosa que quisimos comprar para suplir a otra que ya no alcanzábamos, llegó a precios inalcanzables. Hasta que ya no se puede más.

Pero algo está cambiando. Hay precios que están bajando, especialmente en la carne, el pollo. En los centro comerciales, las tiendas llenas de mercancía y desiertas de clientes, anuncian ajustes hasta del 70%. Nos llevaron al punto de no poder comprarles y ahora penan por hacer una venta. Hace una semana miraba la vitrina de una tienda cuando me sorprendió la dependienta que salió hasta el pasillo “¿Puedo ayudarle? Pase y pruébeselos, sin compromiso” -me dijo, esta vez con una sonrisa nerviosa de por favor, por favorcito. El verdulero se resiste mientras la mercancía se le marchita. “La cosa está jodida –dice– Hace 15 días que no repongo mercancía porque no se vende”. Más allá, otro verdulero vende 50% más barato y no se queja.

Muchos de los que se sumaron esta guerra o “boicot económico para salir de Maduro” -como lo definió un diputado opositor-, hoy, con el agua al cuello, descubren que a ellos esta guerra no los convirtió en ricos, sino en daños colaterales.


Olimpíadas de las miserias

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“¿Quién es esa Yulimar, y por qué no me está limpiando la poceta?” – Tuiteaba una venezolana decente y pensante minutos después de que nuestra atleta nos regalara una medalla olímpica de plata. Días antes, tuiteros de esta calaña, celebraban lo que para ellos eran dos grandes victorias: Rubén Limardo y Alejandra Benítez habían sido eliminados en esgrima. ¡Bien hecho, por chavistas de mierda, malditos todos!

Yoel Finol, con su medalla de bronce, tampoco se salvó del asco y el desprecio, porque “tú sabes, el Inca Valero y su tatuaje de Chávez y tal”. Stefany Hernández llevó menos, porque su deporte es más cool y además, ella vive en Suiza y aunque Yulimar también vive en España, a ella si le cae porque esa piel morena, ese pelo, “esa pinta de rancho” la condena a limpiar las pocetas ajenas y no a viajar por el mundo y ganar medallas. ¡No, señor!

Fue tanto y tan feo que, unos días antes de que el chaparrón de odio le cayera encima, viendo cómo le caía a sus compañeros de selección, Yulimar publicó un mensaje en su cuenta de Instagram: “Que impresionante es ver tantas críticas insultos malas palabras a los atletas que están representando a nuestro país en estos juegos olímpico señores no saben tanto trabajo que hay detrás de un atleta para poder llegar a estar entre los mejores del mundo la felicidad de nosotros los deportistas es ver que a pesar de la victorias y derrotas tu pueblo siempre te va querer y apoyar como si fueras el mejor del mundo”. Ya lo odiadores se vengarían de ella.

La cosa es regatearnos la gloria, convencernos de que no logramos nada, tal como expresaba desde Miami un inteligentísimo tuitero venezolano: “Yulimar, chavistas pajúos, vive en España y la patrocina Nike, así que esa victoria no es de Venezuela”.

A todas estas, Cristian Toro, un venezolano emigrado a España, obtuvo la medalla de oro en canotaje, convirtiéndose en el héroe de los mismos que insultaban a la selección olímpica venezolana. “Venezolano que se fue demasiado culpemaduro, o culpechavez, que es lo mismo, sí obtuvo apoyo de un gobierno democrático y civilizado y ganó una medalla de oro”. “Cristian Toro, nada que ver con esos monos que representan a Venezuela” -Comentaba en Facebook, sin acceso a un espejo, una muchacha de rulos planchados hasta el liso japonés, que cree que, por vivir en un apartamento de El Cafetal, ella no se parece a Yulimar.

Cristian era el ejemplo perfecto: un muchacho de esos que llaman “de buena familia” que logró, yéndose demasiado, “lo que en su país jamás habría permitido lograr”. Entonces se desborda la catarata de autonedigración y lamesuelismo de la gente decente y pensante que siente que Venezuela siempre les debe algo y, para cobrárselo, se revuelcan golosos en ese acomplejado discurso, siempre en tercera persona, que habla de la inevitable inferioridad de “el venezolano”, producto de una mala mezclas de razas de la cual ellos se salvan porque en su mezcla hay más de español que de negro y de indio, que son los verdaderamente defectuosos, o sea, tú sabes…

Para ellos, las victorias de Venezuela, no importa en qué escenario, son amargas derrotas que hacen tambalear su nefasto discurso, “y esa vaina no se le hace a uno que sí ha estudiado, chico, así que toma tu insulto”. Para todos ellos, la medalla de oro en las olimpíadas de las miserias.