La MUD como Bart Simpson  

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El llamado a la abstención, por parte de un fragmento de la MUD, me recuerda un capítulo de Los Simpsons en el que Bart lleva a su perro ”Pequeño Ayudante de Santa Claus” a una escuela de adiestramiento canino. El perro de Bart, un perro muy Simpson, no le paraba a nadie y Bart necesitaba demostrar que su perro sí le obedecía, ya no recuerdo para qué. Lo que sí recuerdo es que el día del examen final, Bart le daba órdenes al perro: ”Siéntate, Ayudante de Santa, siéntate… bueno, no, hazte el muerto, vamos, hazte el muerto… bueno, no, dame la pata, bueno, no, huélele el trasero al perro blanco ¡Eso es, buen muchacho!”.

Tengo un termómetro personal que, aunque nada científico, es muy efectivo para medir el entusiasmo opositor: los grupos de whatsapp de juntas de vecinos o de padres y representantes del colegio. En esos grupos hay una regla de convivencia principalísima: Cero política. Esa regla era sagrada solo hasta que Capriles mandaba a descargar la arrechera, o Leopoldo inventaba La Salida, o Ramos Allup meneaba el motor arrechísimo; entonces esos  grupos se convertían en barricadas guarimberas virtuales desde donde pedían perseguir chavistas, amarrarlos en postes, lincharlos, que vengan los marines, que Venezuela sea Libia, plis, #SOSVenezuela. Y luego venía la derrota, el cansancio, y sin una palabra, como si nada hubiera pasado, los grupos volvían a las tareas de los niños, a las juntas de vecinos, a sus cosas, pues; hasta que se dejaron arrastrar por Freddy Guevara a la violencia del año pasado, y a la falsa ilusión del plebiscito aquel que prometía un lunes siguiente sin Maduro y por supuesto, sin chavismo. Entonces vino la apatía.

Así, las elecciones de gobernadores y las de alcaldes ni se sintieron en los grupos whatsaperos: ni una palabra, ni una sola imagen de la Virgen bañada en lágrimas, envuelta en una bandera siete estrellas, llamando a votar para ganar los 20 estados que Ramos Allup decía que iban a ganar. ¡Ni pio! Y sí llegaron las presidenciales, y la MUD, partida en pedacitos, sin gente, sin calle, como Bart Simpson a su perro, mandó a hacer lo que sus ex seguidores iban a hacer de todos modos: “No salgan a votar. Vamos, huélele el trasero al perro blanco, ¡eso es! Y los grupos de whatsapp y, más importante, las calles, tranquilas y en paz.

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Chavismo irreductible

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Cuando era un muchachito, Rafael Zambrano trabajaba empaquetando bolsas en un abasto chino, allá an San Joaquín. Una tarde, batuqueado por un patrón déspota que le robaba las propinas, Rafael no aguantó más y se puso a llorar de indefensión y rabia, calladito, mientras rellenaba bolsas. Entonces una mano grande le tocó el hombro y, al voltear, el muchachito vio a un flaco de ojos intensos y buenos que le dijo, con absoluta certeza: “Todo esto va a cambiar”. Rafael, acostumbrado a no creer en nadie, se le grabó esa cara, esa voz convencida y convincente, porque sintió que le creía y en aquellos tiempos, poder creer en alguien era algo digno de recordar.

Años más tarde, Rafael, volvió a ver al flaco de mirada intensa pronunciando el “Por ahora” que le dio rostro a la esperanza.

Conocí a Rafael hace unos años, cuando denunciaba, llamando a mi programa de radio, el despotismo de otro explotador, esta vez en Margarita; ya no contra los niños empaquetadores, sino contra los taxistas. Desde entonces nos hicimos amigos y él sin saberlo se convirtió en una especie de guía para esta señora clase media que se empeña en ser chavista.

Rafael es un luchador. Yo creo que aquel fugaz pero imborrable encuentro con Chávez le marcó el camino. Rafael moviliza, organiza, empuja, convence, pelea dentro de un gremio complicado, adeco, aspiracional… y no bastando con eso, pelea también contra una burocracia que, se vista del color que se vista, es insensible, despiadada, y resistente al cambio necesario que Chávez le prometió a Rafa aquella tarde, en San Joaquín. 

Rafael tenía un carro que se iba poniendo viejo mientras organizaba el Sindicato Bolivariano de Taxistas junto a un montón de compañeros que se negaban a pertenecer al sindicato adeco que domina en la isla. Rafael coleccionó trabas burocráticas y funcionarios que bostezaban y miraban sus teléfonos mientras él les hablaba. Cuando reclamó, Rafa fue vetado por revoltoso por los mismos funcionarios bostezadores que no entienden que un revolucionario no puede ser sumiso ante la indolencia. 

Vetado, Rafael vio llegar los taxis bolivarianos, pasar de largo, y terminar trancando las calles cuando Capriles mandó a descargar la arrechera. Rafael, con su carro destartalado, llevando y trayendo gente, mientras desde la trancas, los beneficiarios adecos, sentados en su Orinocos, le hacían burlas: “Ahí tienen tu Patria”.

Vetado, se quedó sin un caucho, y luego otro, y luego otro y sin batería y se convirtió en pintor de brocha gorda, trabajando a destajo, porque tiene una familia que alimentar. Creí que seguía pintando hasta que una tarde me llamó: “¡Chávez vive!” -Así me saluda Rafa cuando hablamos por teléfono- y me puso al tanto de su vida: Ahora vende café en Playa El Agua, está pasando trabajo parejo. Me cuenta muerto de la risa –porque si algo tiene Rafa es que nada le roba la alegría– que se sembró una mata de auyama milagrosa que le parió 25 auyamas grandotas, y cuando creyó que se le habían acabado todas, la mata le regaló otra más que había crecido escondida bajo otro matorrales de su patio… ”pero no te llamo por eso, Carola, te llamo porque el señor que vende cuadros, ese que hace paisajes de la playa… no tiene casa, Carola, vive donde se puede meter a pasar la noche, y es de los nuestros; chavista rajao’… Bueno, y yo te quiero pedir a ver si conoces a alguien que lo ayude, porque está viejo y enfermo y no le sale la pensión”. Rafael, pasado trabajo y pidiendo ayuda para los demás. “Siempre hay alguien que la necesite más” –dice. Genio y figura.

Así, en medio de la pela feroz, con su sonrisa imborrable, Rafael, salió a votar el domingo. Votó  con la conciencia, plena como la luna llena, votó por Nicolás. No hubo burocracia, no hubo ineficiencia, no hubo bachaquero, ni especulación, ni “asfixia“ –de esa que el gobierno gringo y su lacayo Julio Borges creyeron que llevaría a los chavistas a arrodillarse–, no hubo sino la dignidad del chavismo puro, irreductible que vota por algo más grande de su propia vida; más grande, por supuesto, que un bono, o un Chery… Si usted no sabe por qué votó Rafa, si usted creyó que lo podía comprar, si usted cree que Rafaél no entiende, es usted el que no ha entendido nada.

La mañana siguiente de las elección, Rafa tuiteó: “los chavista jamas entregaremos la patria la pelea es peleando y ahora mas q nunca el presidente @NicolasMaduro esta mas comprometido con este pueblo que lo lleva en las venas y que dio el todo por el todo por no ser el perro de alfombra #OrgullosamenteChavista”. En su mente, en la de casi siete millones de chavistas, resuenan las palabras de Chávez: “Aquel o aquella de nosotros que logre sembrarse la conciencia hasta en la médula, se convertirá en una fuerza indetenible. Convirtámonos en eso, en un motor de conciencia, para contribuir en la larga lucha histórica por la independencia definitiva de nuestra Patria”. 

¡Nosotros venceremos!


Si Chávez se mojó…

Venezuela's President and presidential candidate Chavez raises his arm as he delivers a speech under the rain during his closing campaign rally in Caracas

Hoy, 16 de mayo, cuatro días antes de las elecciones, era el día anunciado en las cadenas de Whatsapp, con manitos rezando, corazoncitos rotos, caritas amarillas bañadas en llanto y banderitas tricolor. Hoy era la “Gran Protesta Nacional, desde la puerta de tu casa, con cacerola, pitos, gritos, que se escuche el no rotundo de la libertad. Porque Venezuela lo que quiere es democracia, no queremos elecciones… que retumbe nuestra voz libertaria en la comunidad internacional que nos observa preocupada. No estamos solos… 🙏🏼🙏🏼🙏🏼💔💔😭😭😭🇻🇪🇻🇪”

Ayer había que calentar los motores de una oposición “en pie de lucha” que solo existe en las cadenas de Whatsapp. Así, con su irreflexiva soberbia, lo que queda la la MUD, que no le queda nada, lanzó a sus diputados guarimberos a montar un show en el Palacio Legislativo, con todo y diputado, bajo los efectos de quién sabe qué cosa, golpeando a una mujer soldado, primerojusticiamente; sin pensar que es esa violencia la que espantó a sus votantes. Pero ahí estaban, tirando coñazos para un montón de cámaras y micrófonos que titularían “agredidos diputados por la dictadura madurista“ (que no deja  que los soldados se dejen golpear). 

Y la cacerolera de El Cafetal whatsapeando entre cadena y cadena, insólitas justificaciones, cual babosos escupitajos al cielo: “Esa no es una mujer, es una Guardia Nacional Bolivariana. Si fuera una mujer llevaría un uniforme con falda… además, le pegan el puñetazo y no muestra dolor”. Es como cuando quemaron vivo a Orlando Figuera, el año pasado en las guarimbas de Altamira: “Lo quemaron porque se robó un celular” –escribió, con buena letra y  sin rubor alguno, un médico en su tuiter. “Lo quemaron por error al confundirlo con un chavista“ –Tituló un medio digital. “¿Quién lo manda a pasar por ahí?” –Remató una ”madre demócrata, cristiana, y amante de la libertad”. Porque las redes dan para todo, pero la calle es otra cosa y al final esa gente vive en una calle de verdad, verdad. 

Y así les llegó el día y por mis calles ni un pitico ha sonado. Y en Caracas, esa que invocan los que invocan invasiones contra nuestra Patria, cantando la estrofa de “seguid el ejemplo…” del Himno Nacional, solo cuatro gatos y tres dirigentes que nadie conoce marcharon a la OEA para que, cónfiro, los ayuden porque ellos, definitivamente no pueden, o sea, guon.

Y el Grupo de Lima, moviendo la colita, ladra un “Ultimo llamado” para que se suspendan las elecciones y como dijo mi amigo José Aponte, ojalá sea el último en verdad.

Y duplican los precios de lunes para miércoles y “el viernes será peor” –dice el carnicero. Pero no hay guerra económica, ni están utilizando la especulación como un arma de guerra contra el pueblo, nooooo. Y Kellogg’s se va, por puritita casualidad, justo ahora. Se lleva sus perrarinas para humanos aspirantes a diabéticos y los bolsillos llenos de  dólares cadiveros. Se va Kellogg’s y el antichavismo sufre como Maricori sin saber cómo van a poder vivir en una Venezuela sin el tigre Tony #SOSZucaritasVE… Y “pobres trabajadores que se quedan en la calle culpeMaduro” –dicen–. Y ”Maldito Maduro” –dicen después, cuando se enteran de que Nicolás le dio el control de la fábrica a los mismos trabajadores que un tuit atrás eran ”pobrecitos” y que ahora son unos ineptos que no saben hacer ”confleis”. 

Y el fake TSJ mayamero coincide con el loco suelto que Maria Corina Machado usa de mascota y dice que no hay que decidir entre votar o abstenerse porque el domingo no hay elecciones. ¡Decretado y cancelado! 🙏🏼🙏🏼🙏🏼🇺🇸🇺🇸

Y Julio Borges publica un video autobiográfico de sus gira por los EEUU, arrastrándose para que los gringos castiguen a este pueblo que no los obedece, y que no deja que Julio sea presidente. Esa es su venganza. Por eso la sonrisa sádica, las bandera gringas y la papada, todo en un solo video, por si alguien aún tuviera alguna duda. Julio y su familia están a salvo de la venganza que él gestiona contra el pueblo venezolano. 

Y Henri Falcón peleando contra los fragmentos de MUD mientras tuitea capriladas contra Nicolás. Y desde el martes empezó a exigir que, el domingo, los centros electorales cierren a las 6 pm en punto, ni un solo votante más. Extraña defensa de la democracia, la de Henri. Y, siguiendo la tradición antichavista, dice que reconocerá –o no– los resultados, dependiendo de quién gane. Si gana él, será una elección limpia y transparente y si pierde ¿Mandará a descargar la arrechera? O se asumirá como el líder de una oposición verdaderamente democrática y política que el país lleva aaaaños pidiendo a gritos.

Y a todas estas, frente a tanta indignidad, el chavismo en la calle, resistiendo, aguantando el chaparrón que arrecia en estos últimos días, buscando que arruguemos. Y no arrugamos porque arde en nuestra memoria Chávez desafiando a la muerte misma, a los dolores más dolorosos, con su sonrisa, sus canciones, su alegría, con la fuerza que da la certeza de que esta es una lucha por la dignidad y que la dignidad solo se pierde cuando se entrega y este chavismo hermoso, terco y valiente no se sabe entregar. ¡Si Chávez se mojó, también me mojo yo!

¡Nosotros venceremos!


Ni que aprieten

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Una semana para las elecciones y la guerra aprieta. ¿Cuál guerra? –pregunta una señora que espera para pagar en el supermercado un kilo de arroz que hace dos días costaba la mitad y mañana costará el doble, porque sí, porque la hiperinflación que, según, era impulsada por el dólar today que subía y subía y que ahora no sube pero los precios sí, y suben más en la medida en que se acerca el día, porque “hay que asfixiar a Venezuela” –dijo Kurt Tidd el jefe del Comando Sur, para torcernos el brazo, como dijo Obama, aunque las sanciones no afectan al pueblo venezolano, mintió y miente siempre Julio Borges, torcido, perverso, sádico y cobarde… perdedor eterno…

Una semana y aprietan las sanciones, para matarnos de hambre y luego ”salvarnos” con un ”canal humanitario”, pero claro, es culpeNicolás que nos mata de hambre para dominarnos con una caja de comida. Lo decente sería dejarnos salvar a bombazos humanitarios, como las caceroleras de Benghazi.

Una semana y la guerra aprieta sin disimulos, y la revista Zeta, en su portada manda, a “eliminar” a Diosdado, así, en su kiosco de confianza, en esta dictadura donde no hay libertad de expresión, #SOSVenezuela. Diosdado, Nicolás, Tareck, Juana, Luis, Yusely, Wilmer, tú, yo… todos somos objetivos de guerra, porque si el chavismo fuera una persona, todo hubiera sido tan fácil. Y eso creyeron, y celebraron la muerte con un torcido “Y nadie se los va a devolver”. Y es que no se puede devolver algo que no se quita, pero de esas cosas ellos no entienden. Por eso la amenaza de muerte, el “donde te vas a meter” que, en estos tiempos arrecia, para que nos entreguemos rendidos de pánico, para brindárnosles en bandeja. Díganles que esperen sentados, plis.

Una semana y la guerra aprieta también en el alma, buscando instalar el miedo y la desesperanza, y no entienden que ya entendimos de dónde viene el terror y de dónde la esperanza.

Una semana y la pesadilla que conjura la MUD reposa en un puñado de países que ellos llaman ”comunidad internacional”. Espera, lo que queda de la MUD, que desde afuera les resuelvan lo que ellos no han podido resolver. Los mismos indignos que creyeron que la Patria es un rollo de papel toilet y que por no entender no entienden que esta es una batalla por la dignidad. Por no entender, no han podido vencernos… Ni podrán. 


Falsonpolio

Falsonpolio


Dígame, licenciado

 

chap

El ping pong en desacato, en el exilio, “legítimo“, paralegal que están jugando la Asamblea Nacional y el TSJ de utilería, sobrepasando el ridículo, entra en un espiral absurdo que me recuerda a aquellos personajes de Chespirito, Chaparrón Bonaparte y Lucas, y sus diálogos delirantes y comiquísimos. Claro, la diferencia, y lo más cómico, es que Chespirito hacía lo que hacía para dar risa y el TSJ falso y la AN en desacato lo hacen con mucha pompa y en serio.

–Oye, Lucas

–Dígame, licenciado

–Licenciado

–Gracias, muchas gracias

Así, más o menos es el diálogo pseudoinstitucional entre el TSJ de cartón piedra, que sesiona en Coral Gables y que manda tuits con membrete a modo de notificaciones legales, y la Asamblea Nacional en desacato y sin quórum; cuando el primero decide, con la ayuda de la ex fiscal prófuga, que el presidente Maduro ya no es presidente y, le pide a la AN que ratifique esa sentencia y destituya a Nicolás, para que todo sea apegado a una legalidad delirante que no es más que un ardid para poner entre la espada y la pared a UNT, AD y Primero Justicia, urdido por la furibunda y diminuta fracción parlamentaria que encabeza -ni más ni menos- Richard Blanco, el Igor del vampiro Ledezma, el presidente en el exilio consentido del TSJ en el ídem.

Breve paréntesis: El vampiro Ledezma, el que recibió 16 millones de dólares de Mike Pence, para derrocar a Maduro y en un aleteo, de esos reales no se supo más. Así como tampoco se supo de los euros del premio Sajarov, que recibieron el Vampi y Borges, el del cheque de PDVSA que le regaló la mamá de Leopoldo López, y que era diputado pero ya no fue más porque se fue demasiado a rumbearse los reales que los gringos les dan para ”la democracia y la libertad”…

Bueno, el cuento es que el TSJ declara que Maduro será juzgado por maluco y le lanza la pelota a la AN para que confirme la sentencia y lo destituya, pero la AN esquiva y dice que ellos no han recibido notificación oficial de TSJ ficticio que la AN en desacato creó y que ahora lo quiere arrinconar con argucias paralegales. Entonces, los magistrados de utilería mandaron un tuit oficial, con escudo de Venezuela dorado y todo, notificando a la AN, para que no digan que no les dijeron. “Malaya! Nos han notificado” –dijeron los diputados, mientras buscaban el modo de devolver la pelota.

Y la devolvieron, como Chaparrón Bonaparte lo habría hecho: Alfonso Marquina, el del casco de moto en el hemiciclo, declaró serísimo, esquivando el mate del TSJ mayamero, que ellos no podían destituir a Maduro porque ya lo habían destituido hace más de un año, sus señorías, y no se puede destituir lo que ya ha sido destituido porque el destituyizador lo destituya mal destuyizador será. –Oye, Vampi-

Paréntesis brevísimo: A todas estas, y para no dejarla afuera, Maria Corina Machado anda furibunda frente a Miraflores pidiendo la dimisión de Nicolás, e insultando a cualquiera que vaya sonriendo por la calle, “por enchufado colaboracionista”. Y los muchachos del barrio, le llamaban loca, loca, loca… Y ella sin saber que el objeto de su odio, el blanco de la dimisión hace un año que ya no es presidente, según declaró la AN.

No es presidente, ni será candidato, porque el mismo TSJ de papier maché que se llama a si mismo legítimo, para ver si se lo terminan de creer, tuiteó también un ”oficio” -con escudo dorado, como debe ser- exigiéndole al CNE que no admitiera la candidatura de Nicolás para las próximas elecciones que ese mismito fake TSJ había declarado ilegítimas, por haber sido convocadas por la ANC, que no existe, y organizadas por un CNE fraudulento, al que ahora dirigen el oficio tuitero. –Dígame, licenciado-.

Y uno se pregunta si con ese oficio no están legitimando, entonces, las elecciones ilegítimas al pedir, con su legitimidad de TSJ legítimo, que suspendan la candidatura de Nicolás, el presidente ilegítimo, para que no pueda participar en esas elecciones ilegítimas. –Licenciado–.

Otro breve paréntesis: Y mientras todo esto sucede, una cosa llamada Frente Amplio, convoca por twitter a una gran protesta nacional para el 16 de mayo, contra las elecciones y en defensa de la democracia y porque todo está carísimo y ¡Maduro vete ya!… Llaman a otra protesta que no será porque a falta de gente, con sillas de sobra, será un conversatorio sin audiencia, con Delsa encaramada en un taburete, arengando a cuatro señoras caceroleras que no la escuchan por estar leyendo cadenas de whatsapp.

Y así, en el mundo de Lucas y Chaparrón Bonaparte, no tenemos presidente, ni candidato, ni elecciones, porque la MUD no va a participar y le manda a decir a Henri Falcón, que si no se retira, le está haciendo el juego a Maduro, a la vez que le pide que si gana, no sea presidente sino que convoque a unas elecciones “libres” para que, por fin, nuestro pobre y sufrido país tenga un presidente blanco, bilingüe y sifrino, como siempre debió ser. –Gracias, muchas gracias–…


Venezolanidad con logotipo y mascota

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Hay venezolanos que creen que la venezolanidad es una cosa concreta, que más que sentirse, se muestra. Te disfrazas de Harina Pan, te sacas un selfie, lo cuelgas en Instagram y ¡zuas! eres sentimiento nacional.

Un fenómeno nació entre los que se fueron demasiado, que se encontraban en las marcas de los productos venezolanos que afuera añoraban: entonces la venezolanidad fue un Cocosette, un Toronto o una Frescolita. Más tarde, en la medida en que el chavismo rescató nuestros símbolos y nuestra esencia, y la bandera ondeó bonita y el arpa cuatro y maracas tronaron más allá de opening del Miss Venezuela, sin liqui liquis y alpargatas con lentejuelas, cuando revivió el orgullo bolivariano, que hasta entonces casi clandestino, cuando la palabra Patria dejó de ser solo una palabra… entonces la clase media antichavista toda, huérfana de símbolos y de sentido de pertenencia, sintiéndose rodeada por una identidad nacional que, o sea, qué niche, abrazó las marcas registradas para expresar su propia venezolanidad y Harina Pan fueron todos.

El empaque amarillo no solo expresa su identidad, sino su postura política. Después de que su dirigencia los hiciera rodar una y otra vez por el barranco del fracaso, huérfanos también de liderazgos, el antichavismo se aferró a la esperanza de Lorenzo, el dueño de la harina, y se vistieron de amarillo para que él los conociera… y Lorenzo ni los ignoró.

Vestirse de Harina Pan fue solo el comienzo de una tendencia pavosísima: la ropa de marca decorada con otras marcas. Franelas con la carita del chichero de la chicha El ídem, impresa y retocada con lentejuelas, porque “El Chichero somos todos”, menos los chavistas que odian a la empresa privada, of course

Y todos son Pepito, aunque coman Cheetos, y son Toddy, aunque ya no sepa a Toddy sino a tierra, y son Cocosette, aunque no sea ni la sombra de lo que era, culpe Nestlé. Ellos son todas esas cosas que hacen a los ricos más ricos, desplumando a la gente como ellos. Y ahora también son Banesco, y lo expresan tuiteando frases cursis a favor de Juan Carlos Escotet, quien a su vez tuitea frases de líder motivacional que lo perfilan como el salvavidas presidencial que anhela el antichavismo clasemediero y que Lorenzo Mendoza no quiso ser. 

Pronto, en las mejores boutiques, su franela de Baneskín.