¡Confiro, Canada!

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Escribe la periodista opositora Sebastiana Barraez: “Canadá parece que la agarró con el gobierno, pero también con los venezolanos de a pie. Algunas empresas en Caracas se encargan de llevar jóvenes a estudiar a Canadá, pero la embajada se niega a darles visa. Una doctora venezolana (…) que vive allá, ha interpuesto un reclamo en ese país por discriminación contra los venezolanos… Habría un doble discurso de los canadienses, que por una parte dicen trabajar en defensa de los derechos humanos de los venezolanos, pero ahora no les permiten entrar ni siquiera a hacer turismo”. Vaya manera de empezar a entender lo que significan para todos los venezolanos esas sanciones que la oposición gestionó y aplaudió emocionada, y que no iban a afectar a la gente sino a Nicolás, Diosdado y Tareck.

Los chamos del este del Este no pueden estudiar en Canadá, los chamos no pueden y eso que Justin aseguró que el único afectado con la saña canadiense sería el gobierno chavista. Los chamos del este del Este no van a su summer camp en el lago Winnipeg y el ombligo clasemediero pide a Canadá que corrija esa parte de las sanciones que afecta injustamente a los “venezolanos de a pie“ que viajan en avión, pero ni pío de la parte que nos impide acceder a los medicamentos, porque eso es culpemaduro que los escondió.

En esos niveles operan esas cabecitas del ”sector pensante del país”. Y si la cosa no fuera tan seria, si el bloqueo que sus dirigentes gestionaron contra todos nosotros no fuera tan criminal, uno podría hasta conmoverse con tanta ingenuidad. 

La misma nauseabunda ingenuidad con la que les da por ser buenos y solidarios, y recogen alimentos para los pobres, o le dan a un niño de la calle -que empiezan a aparecer en todos lados- un pedazo de pizza acompañado de un discurso sobre su deber de ir al colegio y no estar en la calle pidiendo, porque “si quieres ser alguien en la vida tienes, que estudiar”. Y creen que ir al colegio es tan fácil como prender el carro y llegar, y piensan en los padres irresponsables de ese niño miserable y la culpa, otra vez, es de los pobres, y del gobierno por el que votaron “a cambio de una caja de comida”; no del bloqueo criminal que ellos apoyan y cuyo único efecto negativo parece ser que los chamos de La Salle no tienen visa para irse demasiado a Canadá.

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Progresismo cuchi

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El progresismo es un mal urbano, clasemedia, tan soso como peligroso. Es un reguero de pincelitos súper lindos, con logos de coloritos cuchis, diseñados en estudios de marketing, con el fin de demostrarnos que no hay capitalismo feo sino mal maquillado.

Los progres salen sus banderas, con sus logos y sus causas fragmentadas, inconexas, a librar luchitas, impulsando campañas para que creamos que nosotros somos responsables del desastre porque compramos ropa fabricada por niños que no ganan un dólar al mes y usamos en bolsas plásticas que luego se traga una ballena y ¡maldita humanidad!…

El progresismo es siempre mínimo y nos vende sus nimiedades como grandes proezas. Entonces el primer ministro de Holanda agarra un coleto y limpia un café que derramó en su oficina, y ¡Ains, que lindo! Aprende Maduro, aprendan todos, que eso sí es un presidente. Al progresismo le importa el café derramado en Holanda, pero no la sangre derramada en Libia o Siria, gracias a las balas de ejército holandés. Para los progres, Holanda es tulipanes, marihuana legal, bicicletas y un mandatario que pasa coleto.

En España, el progresismo aplaude un novedoso gabinete ministerial con más ministras que ministros. ¡Igualdad de géneros! -celebran, aunque lo único que tengan en común una ministra sifrina y una obrera en el paro, sea la totona… y ni eso… Y sin ser aguafiestas, tenemos que alegrarnos “todos y todas” porque los puestos de poder, antes reservados para hombres blancos y sifrinos, los ocupen ahora mujeres sifrinas y blancas… Y Lola en la cola del paro, orgullosa de tan importante logro, y tal…

Por aquí también han pasado con su efímera legalización de la marihuana, con la idea de que la humildad es un par de chancletas, de que la cobardía es estrategia, que las revoluciones tienen años sabáticos, para que sus comandantes puedan tener un programa de tele donde pueda entrevistar y hasta llamar “Premio Nobel de la Paz” al presidente de un país vecino que, cuando fue ministro, ordenó bombardear al país del entrevistador.

Eso es el progresismo, lindo, potable, convenientemente inofensivo, plagado de gremiecitos, ONGs y logros inútiles. No como esas revoluciones de los pueblos, que levantan una polvareda y desordenan todo, que son feas y malas porque luchan por cambiar las cosas de verdad, verdad.


Perritos revolcados

Pompeo no solo pide suspender a Venezuela de la OEA: también demanda

 

El domingo, Mike Pence, el vice presidente de los Estados Unidos, declaró que tenían los votos para sacar a Venezuela de la OEA. -No se molesten, hace un año dijimos que nos íbamos y solo estamos ahí porque cumplimos con la norma de tener que esperar dos años para poder terminarnos de ir- “Que sí me molesto, que mañana los botamos nosotros, los dueños del mundo, para que todo sepan quién manda aquí”. Y montaron su show el lunes y vieron las caras y contaron, uno, dos, tres, cuatro… no da… “Si no nos apoyas ¡ay, ay, ay!… Negritos de mierda en islitas de mierda, ¿creen que pueden seguir votando como si fueran países, sin que eso les cueste sangre?” Aprieta, aprieta, ahorca, amenaza, que no vamos a perdonar a nadie que se interponga entre el petróleo venezolano y nosotros… Miren isluchas, que si Venezuela los compró con su petróleo, véndanse mejor para este lado y no jodan, pues… ¿Cómo que ni se compra ni se vende?… Un, dos, tres, cuatro… diecinueve… Hello, Mike, ¿no dijiste que tenías veinticuatro? porque aquí la cuenta no da…

Martes y siguen amenazando, un, dos, tres, cuatro, diecinueve… Solo se arrastran los mismos de siempre, que para no sentirse tan gusanos, ahora les dio por llamarse los ”países importantes de la región”, porque los países cuyos gobiernos se niegan a arrastrarse no son importantes, ni chéveres, you know. “Los negros no deberían tener derecho al voto, hay países que no tienen derecho a ser un país… Un, dos, tres cuatro… diecinueve. Shit, Mike, la cuenta no da”

Cambio de discurso, Mike, que no se note mucho que nos volvieron a joder los paisitos. “Ladys and gentelmen, la cosa no es expulsar a Venezuela, sino empezar a expulsarla, pasito a pasito, suave, suavecito” Votemos pues, uno, dos, tres, cuatro… diecinueve… “¡Já! Tenemos diecinueve votos! ¡Aprobada la resolución! ¡Toma Venezuela, toma, toma y toma!.

“Celebren, muchachos -dijo el titiritero-, sonrían y celebren como si hubiésemos metido un golazo ,como si estuviéramos saboreando la más gloriosa victoria y no otra humillante derrota… que no se note que no pudimos, que no se note que tenemos un voto menos que el año pasado, cuando quisimos hacer lo mismo y tampoco nos salió… Celebren, you fucking pieces of shit, que ni para joder a un país pequeñito sirven. Y toma tu muro, you fucking Peña, y toma tus aranceles, you fucking Trudeau y búscate un apellido serio y no el de un poodle francés, y patada por el culo, you fucking Macri, Piñera, Temer, y como quiera que se llame el nuevo perro de Perú… y al pajuo de Julio Borges, ni me lo nombren, que siempre nos trae el cuento de que esto es pan comido y ya ven… Y véanse todos en el espejo de Martinelli, ¿se acuerdan, imbéciles? Sí el gordo y cínico que teníamos en Panamá y que ahora tenemos preso. Ese que nombró a Maria Corina como embajadora para que participara en oootra sesión fallida contra Venezuela, en esta mierda de organización que no sirve para nada… ¿Y qué carajo va a servir una cosa que dirige una ameba como Almagro?. Shut up! Porque ahora no se me van a querer hacer los dignos embajadores que se sienten ofendidos, si aquí todos sabemos que ustedes nos vendieron barata su dignidad, es más, en muchos casos nos estafaron, Almagro, porque nos vendieron algo que no tenían… Shut up!”

Y Venezuela, inmune a aquel festival de inmundicia, de pie, valiente, íntegra, insistiendo en que no se molesten, que no tienen que mostrarle al mundo tanta indignidad, que no tienen que exponerse al enfrentamiento con la verdad que siempre los desnuda, en serio, que ya nosotros nos vamos de todos modos, que ya hace un año que se los dijimos… Ahórrense las derrotas, en serio, no se hagan tanto daño…

Pero la soberbia no los deja. No puede el que se cree dueño del mundo ser humillado por un país tan pequeño… “¡No señor, Venezuela no se va! No aceptamos su retiro, ustedes se quedan aquí para que nosotros podamos seguir queriéndolos expulsar!… Y tú, Almagro, que no le temes al ridículo, embárrate con un tuit que le diga al mundo que ganamos, que Venezuela se queda en la OEA porque a nosotros no da la gana… y deja ya de lamerme el zapato, que es de gamuza y me lo vas a empegostar” 


Trémulo aleteo

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Aletea ansioso el Vampiro en su piso de Madrid. “¡Cónfiro! Sacaron a M. Rajoy y tan bien que nos llevábamos… Y ahora este Pedro Sánchez, que muy de Felipe Gonzalez como que no es, y menos cuando los Barones del PSOE le hicieron aquella zancadilla que el bobo ese supo remontar… ¡Y dígame si Sánchez tira más hacia Zapatero! Dios mío, Mitzy, bórrame aquellos tuits donde insultaba al ex presidente dialogante, no vaya a ser cosa que sea panita de este nuevo presidente, al que ahora le tengo que jalar… ¡Qué jalar! Arrastrarme si es necesario; lo que sea para que me dejen alear por estos lados y me provean de sustento, porque un vampiro en Madrid tiene sus necesidades”.

¡Riiiiing! ”Antonio, ¿cómo ves tú las cosas?” – la voz trémula de Julio Borges inquietaba más al Vampi, y ni los ocho litros de pasiflora con sangría -¡no faltaba más!- que se había bebido, calmaban ese aleteo, ese sudorcito frío… “¡Mitzy, borra esos tuits!”

“Y tan bien que la pasábamos con Mariano, conspirando contra Maduro mientras picábamos que si un jamoncito, que si un quesito manchego, que si la copita de vino, y todo eran risas, cuentas B, tarjetas Black y el firme propósito de librar al mundo de chavistas, de catalanes, de raperos republicanos, de vascos, de moros, de niches, de negros, de rojos… ¡Viva Franco, carajo!”

“No Mitzy estoy bien, son lágrimas de emoción que brotan de mis ojos secos al mentar al Generalísimo… Y es que el final todo esto es culpa de Bolívar, millonario traidor a su clase, Mitzy, a la nuestra… Bueno, a la tuya, pero yo voy pegado ahí… Un carajo que no tenia nada mejor que hacer y le dio por liberarnos del España… Y mira la vaina, Mitzy, mira esta maravilla de país del que nos liberó… ¿Para dejarnos con qué? Con un país tercermundista en manos de negros que no quieren obedecer, que no se dejan mandar por los que sabemos… Y allá estarán, contentísimos, con el cuentico ese de que “el que se mete con Venezuela se seca”, y que “Rajoy se secó”, como se secó Cuchinqui, el gringo peruano, y el gordo Martinelli que los gringos ahora van a meter preso, después de que los ayudó tanto y tanto se arrastró, y ahora Cartés y luego Temer, y Macri… Esos chavistas sí son pavosos, en verdad…”

“Borra los tuits, Mitzy y tráeme tu crema humectante, que siento cierta resequedad en las alitas”


Como Cuba

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“¡Nos va a convertir en una Cuba!” –decía una señora con los ojos desorbitados de rabia y terror, allá en 2001. Ella sabía, lo había leído en infinidad de cadenas de email, él último grito en tecnología para `romper el cerco informativo de la recién instalada dictadura chavista, que acabó con la libertad de expresión, y bueno, también lo leyó en El Nacional, El Universal, 2001, El Mundo… y lo escuchó en Unión Radio, RCR, La Mega… y lo vió en Globovisión, Venevisión, RCTV, Televen… “¡Gracias, medios de comunicación!”… 

“¡Nos van a convertir en una Cuba! Te van a quitar a tus hijos, te van a meter una familia cubana a vivir en cada habitación de tu casa, te van a quitar tu carro, te van a quitar…” Mientras reenviaba cadenas de email, se anotó en el plan carro familiar y se compró una camioneta y luego sacó un crédito hipotecario con intereses protegidos y compró el apartamento que siempre soñó tener, y ¡lo podía pagar! y montó un negocio y solicitó dólares de CADIVI y el negocio creció y viajó con su familia, tres veces al año, sufriendo en cada regreso, según lo expresaba en Facebook, “por tener que volver de Disney World al infierno de la dictadura que te quiere quitar todo lo que me he ganado yo solita con mi esfuerzo”

Sus hijos se casaron y el negocio familiar daba para todos, y más cuando el precio del dólar negro se distanció del oficial, y los precios del negocio subían y subían, y el “compro barato y vendo caro”, axioma del capitalista exitoso, se hizo realidad y la familia toda se forró de logotipos y subió al frágil pedestalito del neo riquismo. Eso sí, maldiciendo al gobierno, todavía, porque una cadena de SMS les dijo que Chávez les quería quitar todo. 

Y Ganó Chávez, una y otra y otra vez y en 2012, cuando ya no se calaban otro triunfo chavista, volvió a ganar. Y la guerra no declarada apretó con fuerza. Entonces estuve en su negocio y la señora –que acababa de leer unos tuits alarmantes sobre cómo, ahora sí, nos iban a cubanizar– me atendió con ojos de llamarada y me lanzó un precio grotesco por el pecho. Al ver mi cara de asombro y sin dejarme pronunciar ni una palabra, escupió, con una sonrisa sádica: “Y esto se va a poner peor… sigan votando por el castro chavismo, pues”

Meses después estaba de fiesta, con los precios ya por las nubes, y ella embutida en su look fitness ADIDAS que no ocultaba lo bien y abundante que estaba comiendo. Ella, su esposo sus hijos, nueras, nietos, y hasta un sobrino. El negocio iba sobre ruedas, como nunca, porque ahora no solo los hacía ricos, sino que servía como arma para tumbar al gobierno. Desde la caja, la mujer se burlaba del “difunto” y cuando alguien reclamaba por los precios, le contestaba, agria y venenosa: “Pero tenemos Patria”…

Era tan su locura, que no notaba que cada vez había menos gente entrando a su negocio, y no tanto por su veneno sino por los precios que subían de manera militante. ”Dile a Nicolás que te lo compre, si no lo puedes pagar”. Y cuando Nicolás subió los salarios para que pudieras comprar, la mujer subía los precios y “dile a Nicolás que siga subiendo el salario, para que no puedas comprar más”… Y el proveedor le subía los precios a ella, es cierto, y ella lo celebraba porque eran del mismo equipo, “y va a caerrr, y va a caeeer…” y el golpe del precio lo recibía el cliente, que nunca, pero nunca, nunca, tuvo la razón.

“¡Nos quieren convertir en una Cuba!” –decía, mirando aterrada a Miraflores, mientras que en sus filas, sus dirigentes, los que la pusieron a marchar, a cerrar, a calarse meses de guarimbas frente a su negocio, que la llevaron borde de la quiebra, no una sino varias veces… Esos, dirigentes, como Julio Borges, que le juró que el chavismo, además de quitarle a sus hijos, le iba a prohibir el internet para que ni siquiera pudieran hablar con ellos por Skype; bueno, esos dirigentes recorrían el mundo mendigando sanciones contra Venezuela.

Y llegaron la sanciones, primero con un sabotaje financiero no declarado, con calificadoras de riesgo poniéndonos la nota que les daba la gana, no importa que tanto ni qué tan puntualmente pagáramos. Y los bonos del país, justo antes de su vencimiento, eran embarrados por una guerra de rumores para tumbarles el precio, y luego el rumor se disolvía, y aquí no ha pasado nada, y la señora en su negocio leía cadenas de whatsapp que decían que el país estaba al borde del default, y ella no sabía qué era eso pero, si lo decía La Patilla, tenía que ser algo para celebrar… Y celebraba remarcando precios, aquí y allá, con un marcador que servia como varita mágica al hada de la especulación.

Y luego fue oficial: “¡Tiembla, Maduro!”, decía la cadena de whatsapp que anunciaba sanciones y más sanciones, y bloqueo a PDVSA, y Julio Borges y Ledezma celebran y ella celebra, pero no tanto, no vaya a ser cosa que se le suba la tensión, porque lleva días recortando el Losartán, que no se consigue. Celebra y espera que alguien entre al negocio, para decirle que esto ya está a punto de acabar “tic, tac, tic, tac“, pero no entra nadie en toda la mañana. Ni siquiera la clienta fiel aquella que defendía la libertad del comerciante de vender “al precio que le de la gana“, y que más tarde clamaba “que lleguen los productos, al precio que sea, pero que lleguen”… Ni ella…

Y ya el negocio no alcanza para todos, y el local no tiene mercancía, y el proveedor, que era su cómplice y amigo, ahora le condiciona la compra y imponiéndole productos carísimos, que siempre se quedan fríos, para poder adquirir los que la gente sí quiere y necesita comprar. Y así no se puede, y “no hay gobierno que ponga orden… yo no sé cómo vamos a hacer”

Y un hijo se fue a Chile, con la esposa y la bebé, sí, la que es igualita a la abuela; y el otro, está por irse a Ecuador, a encontrarse con su esposa que se fue adelante con prima. Y quedan ella y el marido, solos, y el negocio sigue abierto, aunque vacío, porque una cadena de whatsapp les advirtió el gobierno lo va a expropiar para los CLAP los locales que estén cerrados. Y que los apartamentos vacíos también y que te van a quitar a tus hijos y bla, bla, bla, bla bla… Y ella, victimaria convertida en víctima de su ignorancia y estupidez, reenvía la cadena, compulsivamente, sin entender nada, todavía, a pesar de todo, con un angustiado y rabioso ”Nos van a convertir en una Cuba”.

Y como Cuba, nosotros venceremos.


La MUD como Bart Simpson  

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El llamado a la abstención, por parte de un fragmento de la MUD, me recuerda un capítulo de Los Simpsons en el que Bart lleva a su perro ”Pequeño Ayudante de Santa Claus” a una escuela de adiestramiento canino. El perro de Bart, un perro muy Simpson, no le paraba a nadie y Bart necesitaba demostrar que su perro sí le obedecía, ya no recuerdo para qué. Lo que sí recuerdo es que el día del examen final, Bart le daba órdenes al perro: ”Siéntate, Ayudante de Santa, siéntate… bueno, no, hazte el muerto, vamos, hazte el muerto… bueno, no, dame la pata, bueno, no, huélele el trasero al perro blanco ¡Eso es, buen muchacho!”.

Tengo un termómetro personal que, aunque nada científico, es muy efectivo para medir el entusiasmo opositor: los grupos de whatsapp de juntas de vecinos o de padres y representantes del colegio. En esos grupos hay una regla de convivencia principalísima: Cero política. Esa regla era sagrada solo hasta que Capriles mandaba a descargar la arrechera, o Leopoldo inventaba La Salida, o Ramos Allup meneaba el motor arrechísimo; entonces esos  grupos se convertían en barricadas guarimberas virtuales desde donde pedían perseguir chavistas, amarrarlos en postes, lincharlos, que vengan los marines, que Venezuela sea Libia, plis, #SOSVenezuela. Y luego venía la derrota, el cansancio, y sin una palabra, como si nada hubiera pasado, los grupos volvían a las tareas de los niños, a las juntas de vecinos, a sus cosas, pues; hasta que se dejaron arrastrar por Freddy Guevara a la violencia del año pasado, y a la falsa ilusión del plebiscito aquel que prometía un lunes siguiente sin Maduro y por supuesto, sin chavismo. Entonces vino la apatía.

Así, las elecciones de gobernadores y las de alcaldes ni se sintieron en los grupos whatsaperos: ni una palabra, ni una sola imagen de la Virgen bañada en lágrimas, envuelta en una bandera siete estrellas, llamando a votar para ganar los 20 estados que Ramos Allup decía que iban a ganar. ¡Ni pio! Y sí llegaron las presidenciales, y la MUD, partida en pedacitos, sin gente, sin calle, como Bart Simpson a su perro, mandó a hacer lo que sus ex seguidores iban a hacer de todos modos: “No salgan a votar. Vamos, huélele el trasero al perro blanco, ¡eso es! Y los grupos de whatsapp y, más importante, las calles, tranquilas y en paz.


Chavismo irreductible

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Cuando era un muchachito, Rafael Zambrano trabajaba empaquetando bolsas en un abasto chino, allá an San Joaquín. Una tarde, batuqueado por un patrón déspota que le robaba las propinas, Rafael no aguantó más y se puso a llorar de indefensión y rabia, calladito, mientras rellenaba bolsas. Entonces una mano grande le tocó el hombro y, al voltear, el muchachito vio a un flaco de ojos intensos y buenos que le dijo, con absoluta certeza: “Todo esto va a cambiar”. Rafael, acostumbrado a no creer en nadie, se le grabó esa cara, esa voz convencida y convincente, porque sintió que le creía y en aquellos tiempos, poder creer en alguien era algo digno de recordar.

Años más tarde, Rafael, volvió a ver al flaco de mirada intensa pronunciando el “Por ahora” que le dio rostro a la esperanza.

Conocí a Rafael hace unos años, cuando denunciaba, llamando a mi programa de radio, el despotismo de otro explotador, esta vez en Margarita; ya no contra los niños empaquetadores, sino contra los taxistas. Desde entonces nos hicimos amigos y él sin saberlo se convirtió en una especie de guía para esta señora clase media que se empeña en ser chavista.

Rafael es un luchador. Yo creo que aquel fugaz pero imborrable encuentro con Chávez le marcó el camino. Rafael moviliza, organiza, empuja, convence, pelea dentro de un gremio complicado, adeco, aspiracional… y no bastando con eso, pelea también contra una burocracia que, se vista del color que se vista, es insensible, despiadada, y resistente al cambio necesario que Chávez le prometió a Rafa aquella tarde, en San Joaquín. 

Rafael tenía un carro que se iba poniendo viejo mientras organizaba el Sindicato Bolivariano de Taxistas junto a un montón de compañeros que se negaban a pertenecer al sindicato adeco que domina en la isla. Rafael coleccionó trabas burocráticas y funcionarios que bostezaban y miraban sus teléfonos mientras él les hablaba. Cuando reclamó, Rafa fue vetado por revoltoso por los mismos funcionarios bostezadores que no entienden que un revolucionario no puede ser sumiso ante la indolencia. 

Vetado, Rafael vio llegar los taxis bolivarianos, pasar de largo, y terminar trancando las calles cuando Capriles mandó a descargar la arrechera. Rafael, con su carro destartalado, llevando y trayendo gente, mientras desde la trancas, los beneficiarios adecos, sentados en su Orinocos, le hacían burlas: “Ahí tienen tu Patria”.

Vetado, se quedó sin un caucho, y luego otro, y luego otro y sin batería y se convirtió en pintor de brocha gorda, trabajando a destajo, porque tiene una familia que alimentar. Creí que seguía pintando hasta que una tarde me llamó: “¡Chávez vive!” -Así me saluda Rafa cuando hablamos por teléfono- y me puso al tanto de su vida: Ahora vende café en Playa El Agua, está pasando trabajo parejo. Me cuenta muerto de la risa –porque si algo tiene Rafa es que nada le roba la alegría– que se sembró una mata de auyama milagrosa que le parió 25 auyamas grandotas, y cuando creyó que se le habían acabado todas, la mata le regaló otra más que había crecido escondida bajo otro matorrales de su patio… ”pero no te llamo por eso, Carola, te llamo porque el señor que vende cuadros, ese que hace paisajes de la playa… no tiene casa, Carola, vive donde se puede meter a pasar la noche, y es de los nuestros; chavista rajao’… Bueno, y yo te quiero pedir a ver si conoces a alguien que lo ayude, porque está viejo y enfermo y no le sale la pensión”. Rafael, pasado trabajo y pidiendo ayuda para los demás. “Siempre hay alguien que la necesite más” –dice. Genio y figura.

Así, en medio de la pela feroz, con su sonrisa imborrable, Rafael, salió a votar el domingo. Votó  con la conciencia, plena como la luna llena, votó por Nicolás. No hubo burocracia, no hubo ineficiencia, no hubo bachaquero, ni especulación, ni “asfixia“ –de esa que el gobierno gringo y su lacayo Julio Borges creyeron que llevaría a los chavistas a arrodillarse–, no hubo sino la dignidad del chavismo puro, irreductible que vota por algo más grande de su propia vida; más grande, por supuesto, que un bono, o un Chery… Si usted no sabe por qué votó Rafa, si usted creyó que lo podía comprar, si usted cree que Rafaél no entiende, es usted el que no ha entendido nada.

La mañana siguiente de las elección, Rafa tuiteó: “los chavista jamas entregaremos la patria la pelea es peleando y ahora mas q nunca el presidente @NicolasMaduro esta mas comprometido con este pueblo que lo lleva en las venas y que dio el todo por el todo por no ser el perro de alfombra #OrgullosamenteChavista”. En su mente, en la de casi siete millones de chavistas, resuenan las palabras de Chávez: “Aquel o aquella de nosotros que logre sembrarse la conciencia hasta en la médula, se convertirá en una fuerza indetenible. Convirtámonos en eso, en un motor de conciencia, para contribuir en la larga lucha histórica por la independencia definitiva de nuestra Patria”. 

¡Nosotros venceremos!