La Vida Oscura de Clara: Con la frente marchita



Clara, la de la vida oscura, intenta abrirse paso entre el gentío que abarrota el Aeropuerto Internacional de Maiquetía mientras adivina el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando su retorno. Parpadean hasta apagarse para hacer que el siempre horrible regreso sea todavía peor. Y es que antes, al finalizar sus vacaciones en Miami, volvía a un país tercermundista y atrasado, pero libre. Hoy, lo mismo que el año pasado y el anterior, y anterior… Clara vuelve a una dictadura comunista.

Después de dos luminosas semanas de libertad de mercado, limitada sólo por su capacidad de endeudamiento. Toda una sobredosis de shopping y Disney. Con casi ochenta kilos de exceso de equipaje, con más de dos horas de retraso debido a una rutinaria falsa alarma terrorista y su subsecuente revisión al pasaje, aterrizó el vuelo de Clara, bajo el burlón mirar del las estrellas que con indiferencia hoy la ven volver.

Con la frente marchita, acurrucada de angustia en el asiento trasero del taxi que la llevaría a casa, Clara recuerda el país que tuvo y que, entonces, no supo apreciar. Con una originalidad pasmosa se dice a sí misma: “Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, y se dispone a hacer una lista mental de objetos perdidos, arrebatados, robados por el sombrío comunismo que hizo que prematuramente la nieves del tiempo platearan su sien…

Y febril la mirada errante en las sombras busca y nombra y encuentra que todo está intacto: Su apartamento en Caracas, y el de la playa, dos camionetas último modelo, una Harley para los fines de semana, un negocio floreciente, cuentas bancarias aquí y allá, viajes al exterior tres veces al año, dos hijos muy a pesar de que, por momentos, ha llegado a imaginar que lo del G2 cubano sería una alternativa si tan solo no adoctrinaran… Todo estaba intacto, por ahora… Sintió que es un soplo la vida, que doce años no es nada, que todavía hay tiempo de que le quiten todo como dijo Globovisón.

Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloró otra vez: la distorsionada evocación de una Venezuela donde no había delincuencia, donde los Bancos no quebraron llevándose el dinero de la gente, donde los niños no morían de diarrea, ni había millones de analfabetas. Donde no hubo Caracazo, y los viejitos que manifestaban por el pago de su pensión no eran recibidos a rolazos y ballenas por la policía de Antonio Ledezma, donde la inflación no llegó a 108% y no había pobres, ni ranchos y mucho menos damnificados… Aquella gloriosa Venezuela exportadora de petróleo, novelas y misses…

¡Volvió, volvió volvió!, cantó un vecino chavista a verla llegar. Temerosa e indignada, Clara se apuró a subir. Entró, cruzó la sala dejando tras de sí un reguero de maletas que impregnó el aire con aquel entrañable aroma a mall mayamero. Se detuvo un momento, aspiró profundamente, como intentando capturar un último instante de felicidad, secó una lágrimita con rabia y sintonizó Globovisión.

Chan chan…

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