Como un sostén apretado







Mirar atrás no es malo, sobre todo cuando miramos lo que hemos llegado a ser, para corroborar lo que hemos perdido y, entonces, hacer lo necesario por recuperarlo.
 Hasta hace poquito éramos el país más feliz del mundo, cuando decíamos convencidos, sin más cuentas que simples sumas: “somos mayoría, somos alegría”, cuando salir a votar era una fiesta, cuando éramos chavistas todos, de todas las clases y colores, creyentes y ateos, izquierdistas de toda la vida, gente que jamás militó en política, muchachos, viejos, profesionales, obreros, pobres, no tan pobres… Todos buscando un fin común, todos en torno a mi presi y mi presi con nosotros.
Era un movimiento libre, casi espontáneo, formado por partidos políticos, movimientos sociales, gente de aquí y de allá que creía, que sigue creyendo en la posibilidad de construir un país justo, libre y soberano.
Pero siempre hay un pero: había que hacer un partido que agrupara a todita esa gente. Una idea ambiciosa y, tal vez, poco ajustada a la realidad. Acudimos a inscribirnos, como acudíamos a todos los llamados. Emocionada me inscribí sin pensar mucho en lo que unos buenos amigos, viejos combatientes, comentaron preocupados: temían ver en el futuro la creación del partido único como una de las causas del fin de la revolución.
Mirando atrás, regresan las palabras de mis amigos, y veo a ciertos directivos enquistados que se niegan a leer la verdad de los votos, el desencanto del pueblo chavista y sus motivos, funcionarios que se aferran a cargos que ejercen sin competencia y que defienden con dedos que acusan, que quitan, que ponen, que mandan, que amenazan, que usurpan el poder que es del pueblo. Personeros estrellas, únicos y inevitables de una “democracia protagónica” con clara vocación representativa.
Algunos de los que opinamos, proponemos, criticamos, sentimos que el partido nos viene quedando como un sostén apretado. Es que invocando una equívoca disciplina revolucionaria, que todo aquel que diga, que difiera, que no se inscriba, milite o patrulle está fuera de orden y está fuera de todo.
Pero habló mi presi y los dejó sin habla: “Más allá de los partidos hay un país social que no milita y no tenemos porque aspirar a que milite en ningún partido y es una masa muy grande… la solución va más allá de los partidos, pasa por los partidos, pero no puede quedarse en los partidos” 
Las palabras de mi presi, liberadoras, reconocen al movimiento, a este gentío diverso que comparte sus ideas y lucha por ellas desde las variadas trincheras de su labor cotidiana. Millones que no nos dejamos domar por quienes secuestraron al partido del pueblo y usan el nombre de la revolución en vano. 
La revolución no puede quedarse en el partido.




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2 comentarios on “Como un sostén apretado”

  1. hatake dice:

    Oye llegué aqui por Roberto! Me parece muy acertado tu escrito, y me llama la atención especialmente esto:"…funcionarios que se aferran a cargos que ejercen sin competencia y que defienden con dedos que acusan…"Es cierto, y lo más curioso es que regularmente entre menos competentes son, más se aferran y temen perder cualquier cargo…

  2. Pedro Ayres dice:

    Querida CarolaAntes de todo, pido disculpas pela tardanza en escribir. Aquí en el Brasil las cosas están difíciles, pues, como la derecha no admite quedar más tiempo fuera del poder, hacen el posible y el inimaginable para retornar con pompa y circunstancia.Me gustó tu artículo, lo que no es ninguna novedad, pues, siempre escribes bien y con mucha precisión política. Parte de tu crítica es pertinente y correcta, sin embargo, no son los partidos (únicos) que provocan retrasos y desvíos políticos. La verdadera causa reside en el meollo de la propia sociedad, que es la ideología. El simple querer bienestar, felicidad y progreso no denota ninguna característica revolucionaria, pero, justos y legítimos deseos de cualquier ser humano. La diferencia entre lo que acontece en el sistema capitalista y lo que sucede en un sistema no-capitalista, es que tales deseos para el capitalista son, cuando mucho, los resultados de golpes de suerte, mientras que en el no-capitalista son naturales consecuencias del propio sistema. Como la sociedad venezolana es capitalista desde los primeros años de la colonización, es lógico que todos, sin excepción alguna, hagan de la ideología capitalista su lastro más esencial y condicionante. Así, tan inmediatamente fueron obtenidas ciertas victorias, por fuerza ideológica, tienden a buscar una acomodación, pues, el nuevo pasa a ser ameaçador al ya conquistado, que puede ser alterado en el todo o en parte. Una situación que provoca la vacilación y hasta el apoyo la propuestas más conservadoras. El partido único, como mucho, puede ser sólo un catalizador, nada más.Carola, de cualquier manera es siempre útil la discusión de cuestiones como las que fueron magistralmente abordadas en tu artículo. Hace bien al espíritu y estimula las neuronas.Un gran abrazoPedro


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