La felicidad entrecomillada de Elián.


Elián González, el niño balsero cubano, está “feliz” en la isla. -Diario 20 minutos, España-



Elián González, a diez años de su regreso a Cuba y a la casa de su papá, declaró que es feliz. Claro que eso no puede ser porque siempre nos han dicho de Cuba que la felicidad se exilió en Miami apenas llegó la revolución. Por eso hoy leemos sin asombro titulares de prensa que entrecomillan la felicidad de Elián, como para recordarnos que, por más que lo diga el mismísimo Balserito, no podemos creerle ya que de felicidad y de Cuba los cubanos de la isla no saben ni un pepino.

La felicidad de Elián se quedó en la casita de Hialeah donde permaneció secuestrado durante siete meses, en su patio delantero atiborrado de juguetes carísimos donados por empresarios ávidos de publicidad, y que eran pisoteados por reporteros ansiosos de un tubazo, vecinos curiosos, políticos locales con vistas en el Capitolio, senadores y congresistas marcando su terreno, Gloria y Emilio Estefan, Cristina Saralegui y otras estrellas menos rutilantes pero igualmente pavosas, viejas beatas que creyeron que aquello era un milagro -porque los Estefan y esa gente importante nunca iban por esos lados- y descubrieron en Marisleisys, una pava prima de Elián, a una elegida y juraron ante las cámaras haberla visto levitar.

Marisleisys, por su parte, apenas se enteró en el noticiero de las cinco que era una santa levitante se sintió bañada por la luz celestial que emanaba la voluntad de Dios: Ella era la nueva, repentina y precoz madre del Balserito, Amén.

Amén, decían las beatas entre letanías y mueras a Fidel. Amén y muera, repetían en Univisión. Amén decía la Fundación Cubano Americana mientras se relamía los colmillos. Amén decían los Hermanos al Rescate calentando los motores de su avionetas para salvar a otros niños de los padres irresponsables que pretendían criarlos en Cuba. Entretanto la corte de apelaciones, parientes exigiendo derechos que nunca tuvieron, dos abuelas que regresan a Cuba con las manos vacías, un video en el que un adulto sopla a Elián las palabras que él no pensaba decir: “No quiero regresar.”

¡Amén! Que el niño no quiere volver y nos cagamos en su padre comunista que, desde aquí, se le nota a noventa millas que no tiene derechos. Y en el Malecón cientos de miles de cubanos exigían su derecho de a ser los padres de sus hijos, cosa elemental para cualquiera menos para la mente retorcida del exilio retorcido. Mientras, de la mano de los payasos de aquel circo vergonzoso del que tuvo que ser rescatado a punta de pistola, Elián visitaba Disney World.

Y todavía, diez años después y siempre, habrá un cínico capaz de entrecomillar la felicidad de Elián.




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One Comment on “La felicidad entrecomillada de Elián.”

  1. Anonymous dice:

    Desde Galiza, otra vez, siempre, perfecta(¡) Sigana delante (¡)


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