Nuestros propios desalmados.







La semana pasada escribí sobre opositores desalmados que pretenden enamorar al pueblo sin tener idea de lo que amor al pueblo significa. Esta semana le toca a nuestros propios desalmados: personajes de terrible calaña que de amor y pueblo sólo saben que este último es el mejor escalón para subir a donde puedan engordar el amor propio, la cuenta bancaria y otras menudencias.

Expertos en socialismo de boquilla, desde cualquier tarima nos muestran elocuentes cuál es el camino a seguir, mientras su audiencia ilusionada aplaude a manos batientes, que pronto serán manos vacías.

Nuestros desalmados aman las contiendas electorales, no para medirse honestamente con otros aspirantes, sino para dejarlos tendidos en el camino a punta de zancadillas, puñaladas traperas y hasta serruchadas de tacones al mejor estilo del Miss Venezuela.

Juegan un ajedrez retorcido en el que colocan sus piezas desafiando las reglas que ellos mismos inventaron en un momento de necesario disimulo. Ocupan espacios que no les pertenecen más que por la fuerza de la manipulación y, desde ahí, emprenden campañas con las que intentan convencernos de que, sin ellos, Chávez no va pa’l baile.

Hay un orden en esta cofradía de desalmados: Está el desalmado regional que generalmente no pertenece a la región a la que pretende exprimirle hasta el alma. Este jerarca del embuste suele sembrar los organismos públicos a su alcance con cómplices incondicionales afianzando así su poder en la zona que depreda. Los cómplices son fáciles de reconocer: generalmente están poco o nada calificados para los cargos que ostentan, visten de estricto rojo rojito para que no se les note el blanco que los motiva, se revelan ante los incautos como enviados directos del mismísimo Presidente y, por último, se lanzan como candidatos a lo que sea, guapos y apoyados por su desalmado superior.

Pues ahí están, a codazo limpio, encarnados en cónyuges de alcaldes o gobernadores, jefes de la oficina de no sé que cosa, director de la misión no sé que más, secretarias de no sé quién, toditos apoyados por carteras que no son de ellos.

Envalentonados por el auge de la mentira, con sus caras tan lavadas, se lanzan hoy contra nuestra Asamblea Nacional en nombre de la revolución, de la voluntad de las bases y del dedo sagrado de la Dirección Nacional.

Ya se abrazaron los compadres, ya hay buenos combatientes mal heridos, ya están alzando las copas para brindar por el reguero de ilusiones muertas que dejarán sus mentiras. Se ríen con la risa grotesca de los que no tienen alma sin darse cuenta de que esto todavía no se acaba. Mi presi y el pueblo aún no hemos hablado.





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