Manual de amor para desalmados.







Hace poco un representante de la oposición, en un vano intento por darle contenido al un discurso hueco y fingiendo una pasión que desconoce, clamó que ellos iban a enamorar al pueblo, que amarían a los pobres y bla bla bla, más tres aplausos de los quince asistentes a la multitudinaria concentración que nunca, como siempre, fue.

Hoy vemos a los mismos Don Juanes que aplaudieron aquella declaración de amor descafeinada, matándose a puñetazos a la vez que muestran a las cámaras una sonrisa acalambrada de que aquí no pasa nada, que sólo estamos, amorosamente, resolviendo el tema de la unidad.

Por amor al pueblo aspiran ser diputados los que apoyaron el golpe de abril, los que conspiraron activamente, o de medio ladito, los que se creen por encima de la voluntad del mismo pueblo al que dicen querer enamorar. Personajes gastados por la mentira, que no han titubeado a la hora de sembrar el miedo entre sus seguidores con hijos que nunca les quitan, inquilinos cubanos que nunca llegan, bombillos que no espían, polvitos adoctrinantes que nadie les echa. Los mismos que al grito de frrraude convencieron a sus cuatro gatos de que el CNE está vendido, acuden hoy a tan vil ente estatal a inscribir candidaturas, mientras explican sin explicar nada, que sí hay trampa pero que la fe mueve montañas y ellos, por amor al pueblo, lucharán y vencerán cual David frente a Goliat.

Pero es que el amor es grande y todos quieren amar. Estos viejos que no dejan espacio para los nuevos amantes que han puesto el cuerpazo en las tantas y tan fotogénicas batallas. Caritas otrora frescas, hoy curtidas por la defensa de causas falsas, adictas al protagonismo y borrachas de ambición. Ellos también tienen su corazoncito y para demostrarlo se agarran a puños con quien ose hacerle ojitos a su amado pueblo.

Vienen de todas partes a repartir su amor, llegando incluso a descender desde las más altas esferas sociales a algún barrio, para darle la mano a alguna viejita que no esté muy sucia plis, que mejor llevo mi antibacterial líquido por si acaso, mira que con esa gentica nunca se sabe… pero por amor propio soy capaz de arriesgarme al contagio con tal de demostrarles que el socialismo es niche y que con glamour se vive mejor. Foto, foto ¡Guácalas! ¡Let’s go!

Desfilan estos pretendientes que jamás movieron un dedo para defender al pueblo, esos que nos llaman monos, flojos, brutos, esos que reniegan de las misiones y no ven la hora de borrarlas del mapa, voceros de retroceso que le tienen asquito al poder popular.

Esos que lo que saben del amor lo aprendieron de un manual de amor para desalmados.


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