La desgraciada alegría.






Siempre creí que la alegría era producto de cosas buenas: logros, encuentros, nacimientos, de bebés, de ideas… La alegría, pensé, jamás podría relacionarse con el sufrimiento, la angustia, el fracaso, ni siquiera con un simple tropezón.

Como siempre, pensé mal.

Existe una alegría sádica. La llamo alegría a pesar de ser amarga porque viene con sonrisas tensas, pero sonrisas, carcajadas forzadas, pero carcajadas, celebraciones crueles, pero celebraciones. Una alegría con tendencias suicidas que aplaude el mal de todos como si no fuera propio, que invoca desgracias, guerras, plagas sobre su propia casa con tal de que éstas arrasen con el vecino. Una alegría enferma que proyecta su odio sobre cualquiera que no se alegre con ella.

Jamás vi a esa alegría celebrar la vida de los miles niños salvados en el Cardiológico Infantil, pero si la vi proyectando entusiasmada los muertos de una pandemia que nunca fue.

No acepta que la gente tenga esperanza, que los pobres coman pernil, que la educación sea para todos, que tengamos trenes, carreteras, libros a cinco bolos, millones de lectores nuevos; que seamos por fin dueños de nuestro petróleo y de nuestro destino… que los ciegos puedan mirar mientras los que miran se niegan hacerlo, porque la alegría de todos es su peor desgracia.

Que la alegría es asco, distancia y categoría y la felicidad un bien escaso para quien pueda pagarlo. Una felicidad mezquina asentada sobre el sufrimiento ajeno, y he ahí la palabra clave: ajeno.

Alegría ciega que no entiende que esto es un todo o nada. Que o logramos el bienestar general o será insoportable el malestar generalizado. Que si no hay agua la sed será de todos, que sus bombillos encienden con la misma electricidad que los míos, que compartimos historia y destino, aunque ellos pretendan torcerlos a su minoritaria medida.

No sé cómo piensan afrontar las desgracias que invocan en nombre de su siniestra alegría. Supongo que planean refugiarse del desastre sentados frente a la fuente sedienta de un oscuro centro comercial.



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3 comentarios on “La desgraciada alegría.”

  1. grace dice:

    Desde Argentina, comparto absolutamente todo lo que decís. A cada momento me cruzo a estos alegres que festejan cuando el pueblo sufre. Y se dicen republicanos, y se dicen defensores de la gente. En nuestro país, estos alegres son la oposición desestabilizadora y aquella izquierda que disfruta con el cuanto peor, mejor. CHe, desde acá: aguante Chaves !!!!!!!

  2. eltano343 dice:

    También desde Argentina, es increíble como lo que describís se traslada a 5000 kilómetros de distancia.Aquí tenemos una señora, que se llama Milagro Sala, que con la ayuda del gobierno nacional ha realizado una obra maravillosa entre las personas más humildes de unas las provincias más pobres de nuestro país. Sin embargo, en los medios la tratan de empresaria mafiosa. No hay regocijo con su trabajo, que, entre otras cosas, le ha permitido a muchas personas disfrutar de su primer vivienda digna. Sin embargo, los diarios publican, con una satisfacción mal disimulada, cuando un juez de Estados Unidos embarga las reservas de nuestro país.Muchos saludos y viva Chávez, Cristina y Evo!


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