Comunismo, siliconas y American Express.





Si hay algo en lo que la revolución no ha podido profundizar es en la superficialidad de buena parte de la clase media. La piedra más dura parece blanda ante la solidez compacta con la que esta gente defiende con las uñas -postizas- la simple vaciedad de su existencia.

Las mujeres, siempre a la vanguardia, han decidido meterle el pecho a dos batallas perdidas de antemano: una contra la vejez y otra contra la voluntad popular. Claro que no se puede meter cualquier pecho: deben grandes como sus ambiciones, firmes como su determinación de sacar a Chávez, y falsos como los argumentos que usan para justificar sus acciones.

Esta semana leí en una nota de Reuters que en Venezuela, a pesar de la crisis, el negocio de la cirugía plástica sigue siendo redondo cual implantes mamarios. Según este reportaje, vivir en un país como el nuestro provoca tal desolación en algunas damas que ellas, a modo de terapia, se regalan “cariñitos’’ para levantarse el ánimo, y tal vez a un pavo bello. Y nada más cariñoso que una teta reencauchada.

La nota recoge conmovedores testimonios, como el de una veterana del bisturí que se adelanta a su tiempo afirmando que está dispuesta a someter su hija por nacer a una rinoplastia de si ésta llegara a sacar la nariz del papá. O el de un dedicado “galeno” que narra cómo algunas de sus clientes -perdón, pacientes- han vendido su carro, su apartamento, sus prendas heredadas de una abuela, todo por no ser las únicas de su círculo social con senos imperfectamente naturales.

Estas luchadoras afirman que los senos falsos las convierten en verdaderas venezolanas, que el nuestro es el país de la belleza, por lo que llevar siliconas es como llevar la bandera bien en alto, y que si la naturaleza se opone…

Y oponiéndose a lo inevitable pierden el tiempo mientras ganan años. Ciegas de vanidad pretenden maquillar la verdad con mentiras evidentes, no solo levantando tetas vencidas por la gravedad, sino quejándose a viva voz, mientras pagan retoques con American Express, que este comunismo las está matando.




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3 comentarios on “Comunismo, siliconas y American Express.”

  1. Carola: Esto que te voy a decir no sé si te dará ánimo o pavor: Aquí en Argentina la clase media es exactamente igual, y tienen aparte de la misma banalidad un odio visceral contra el gobierno actual, y eso que al lado de las posturas de Chavez, Cristina es niña de pecho.Han apoyado entusiastamente infinidad de golpes militares desde 19955 hasta 1976 (y fueron muchos)En fin, ánimo compañera, esta plaga es mundial según parece!

  2. Ah, los Gorilas.. Barrio Norte, San Isidro, La Recoleta…. ¿Qué te puedo decir? Los conocemos. Lo cierto es que acá en Venezuela no es patrimonio de la burguesía tradicional, sino de los nuevos ricos surgidos a la sombra de la revolución.Es patético ver en nuestras instituciones fenómenos como los que describe Carola. La banalidad pulula espantosamente entre nuestras oficinas. Ahora en los albores de diciembre, la cosa es peor, andan vendiendo carteras, correas, productos de belleza y cualquier superficialidad comprada en el exterior con dólares subsidiados por el Estado.

  3. Muy oportuno y acertado sobre ese tema que hoy en día ha dado que hablar; las mujeres actualmente han querido ser lo que la espiritualidad a dejado de ser en ellas, “seres humanas”, y es que la televisión y sus derivados han creado paradigmas inverosímil de lo que una verdadera mujeres debe ser, es decir, que la humanidad voló de su conciencia como el zapatazo que le dieron en una oportunidad a George W Bush en un país hermano de Asia.


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