Saber de todo para no saber nada.

Vivimos en la era de la información, al menos eso nos han informado. Millones de noticias frescas te emboscan por la tele, la radio, la computadora y, últimamente, te persiguen a donde vayas si eres de los que no sales sin tu BB, y entran a tu cabeza sin que puedas evitarlo. Porque no quieres evitarlo, quieres estar informado, ¿Acaso no es la era de la información?

Basta despertar en la mañana para que una avalancha de noticias ataquen a las neuronas incautas: Obama, Putin, Britney borracha, Mets 5 – Yankees 6, Ban Ki Moon, un suicidio, La Pasarela de Milán, nubosidad dispersa y pocas posibilidades de precipitaciones, Gaza -¿Qué era Gaza?-, una Cumbre, porque siempre hay una Cumbre, un perro que vuelve a casa, El Dow Jones, la lista de bestsellers de NYT, otra explosión en Bagdad… Y las noticias recurrentes, esas que vuelven cada año como si fueran una novedad: El hotel de hielo el Finlandia, los originales novios submarinistas que se casan debajo del agua, los locos conservados en vodka que se dan un gélido chapuzón en medio de la tundra siberiana…

Nombres, apellidos, eventos, lugares, cifras; noticias frescas que se marchitan aplastadas por otras noticias frescas que se marchitan… Titulares, tantos titulares que no dejan espacio al contenido, porque no hay tiempo, porque el tiempo es oro, porque hay que saber de todo para no saber nada.

Son precisamente las víctimas de este bombardeo deliberado de información instantánea, perecedera, comprimida e inconexa, quienes, ciegos de orgullo y de falsa sapiencia, no ven relación alguna entre el petróleo venezolano y las bases gringas en Colombia. Son ellos los que celebran los 20 años de la caída del muro de Berlín sin saber qué fue lo que cayó y creyendo que ya no quedan muros que derrumbar. Son ellos los que creen que muchos países son pobres porque no han querido ser ricos. Son ellos los que ante la compleja y profunda realidad prefieren sumergirse en la superficial vida de Paris Hilton, donde no pasa nada malo y si pasa es por culpa de Chávez, of course.

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3 comentarios on “Saber de todo para no saber nada.”

  1. Leí tu artículo en Ciudad Caracas y sentí el imperioso deber de decirte que es excelente. El juego de palabras y de imágenes es cautivador y rico en dinámica narrativa. Muy bueno, definitivamente.

  2. Carola dice:

    Gracias Sergio!Estoy cada sábado en Ciudad CCS con mi columna Letra Suelta. Me alegro que te haya gustado el artículo de hoy.Un beso.

  3. ¿Sabes, Carola? Necesitamos un caricaturista verdaderamente agudo que con trazos nos sugiera críticas tan sentidas como esa que tú trazas con tu verbo. Ojalá Ccs encuentre ese recurso adicional para su extraordinario periódico. Te felicito por formar parte permannete de él. Un abrazo solidario.


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