Debatiéndome entre la ira y la vergüenza

Alerta del Frente de damas indignadas con todo los que haga el gobierno.

En este país ya no hay manera de no sentir una profunda y cotidiana indignación, acompañada con una vergüenza crónica que nos corroe el sistema nervioso. Ese indignarnos con pena ajena delante de todo el mundo es, seguramente, una de las tácticas desmoralizadoras más efectivas que ha encontrado este rrrégimen castro-evo-joselo-comunista.

Díganme, mis desconcertadas damas, cómo no sentir que la cara se cae de vergüenza, cuando traemos a los más connotados intelectuales de Iberoamérica para que, por favor, insulten a este paisucho en el que no tocó hacer negocios, asegurándoles que serían vapuleados por hordas chavistas furibundas, arrestados y violados todos sus derechos humanos, y finalmente declarados personas no gratas y expulsados del país, lo que redundaría en publicidad gratuita a nivel mundial para ellos, y para nosotras, otra conveniente embestida desestabilizadora.

Pues los dejaron entrar, no sin antes hacerles pasar por el mal rato de ser tratados como personas comunes y corrientes, de esas que deben mostrar sus pasaportes para poder ingresar en el país, como si nadie supiera quiénes son esos insignes pensadores. Más allá de esa humillación, que evidentemente se debió a la ignorancia característica de aquellos que apoyan al rrrégimen, no hubo, como calculamos, ningún episodio sangriento que lanzar a las primeras planas del mundo civilizado.

Gracias a la Virgen Dorada de la Plaza Altamira, al funesto petrodictador le dio por jugar al demócrata, así que convocó a un debate entre nuestros ilustrísimos invitados internacionales y una banda de sujetos despeinados que se auto-proclamaban intelectuales de izquierda, como si tal cosa fuera posible.

Diles que sí pero no.- Le ordené a Mario, que siempre me ha hecho caso. Si pero no. -Dijo Mario. Si pero si. -Dijeron allá en Miraflores. No y no.- Dijimos nosotros indignados y mandamos a rodar titulares, vía CNN, que decían que queríamos debatir y no nos dejaron, que el único cobarde es el tirano que nos invitó a debatir, bajo sus condiciones dictatoriales, con esos peludos despeinados que ni en sus casas los conocen.

Permanecimos pegados a nuestras pantallas planas para ver cómo el dictatorzuelo recibía nuestra bofetada, en vivo, directo, vía satélite Simón Bolívar (¡qué horror!) pero los abofeteados fuimos nosotros cuando el tirano y su séquito rompieron a reír a carcajadas.

Reían los muy miserables, y lo hacían con ganas, no con el disimulo acalambrado con el que hemos tenido que reír tantas veces en estos eternos diez años. Reían mientras mis afamados intelectuales no podían entender dónde estaba el chiste.

Yo si entiendo, estoy convencida de que esto no es más que un plan macabro: son felices sólo para hacernos sufrir.

Atentamente,

Marifer Popof.

Presidenta del Frente de damas indignadas por todo lo que haga el gobierno.

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One Comment on “Debatiéndome entre la ira y la vergüenza”

  1. Bojotico dice:

    Casi todos tus escritos los comparto 100%, pero esta vez no 😦 para mi la oposición venezolana no tiene verguenza, nada mas tiene ira, el gobierno seguirá tendiendole “emboscada” para ver si algún día llegan a tener verguenza :lol:Saludos


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