Prefiero morir de hambre.

Alerta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.

Ayer por poco me dio un soponcio. Claro que cuando desfallecía recordé la causa de mi desmayo y recuperé la fuerza para evitar morir envenenada.

Así como lo oyen, mis combatientes amigas: En-ve-ne-na-da.

Es que eso es lo que hace este rrrégimen con los pobres indefensos que se encuentran hospitalizados en la Policlínica Metropolitana. El gobierno ha introducido de manera inescrupulosa alimentos de Mercal en este recinto sagrado de la salud privada y costosa.

Mi pobre vecino, que estuvo internado la semana pasada por una amigdalitis subcutánea aguda, fue sometido a la humillación de ser forzado a comer, sin su conocimiento, caraotas con gorgojos de Bielorrusia, pollo cubano, leche radioactiva iraní y otros productos de dudosa procedencia.

Los médicos no lograban comprender cómo el cuadro clínico de mi vecino se complicaba cada vez más. Lo sometieron a dos operaciones carísimas en solo cuatro días, el martes del apéndice y el viernes de la próstata, pero su amigdalitis no cedía. Fue solo ayer que dieron con la causa: La comida que con tanto cuidado, higiene y amor se le suministraba a los pacientes era elaborada con productos de Mercal.

Esto es otra estrategia terrorista de éste régimen castro-evo-chavista que se ensaña con los más débiles.

Ahora el terror se riega como la pólvora: Una paciente gritaba desesperada que solo comería combos # 4 de Mc Donald’s. Pero alguien muy perspicaz sembró una semilla de duda que nos quitó el aliento: ¿Y si la carne del Mac es también de Mercal?

Todos corríamos por los pasillos con las manos en la cabeza sin saber a dónde ir. Algunos, los más centrados, corrieron a los sanitarios a devolver el almuerzo. Había empujones, codazos e insultos de esos que se perdonan solo en casos como estos.

Las enfermeras, repartían prestas bolsitas pláticas iguales a esas que hay en los aviones. En verdad fue una de las peores experiencias de mi vida. Solo comparable a la cancelación del concierto de Alejandro Sanz.

Desde entonces no pruebo bocado, sospecho de todo y de todos. La carne de las jugosas Big Macs, las costillitas de Bobby Rubbinos, los estupendos pollos de KFC, hasta los T-bones del Lee Hamilton. Toda la alta cuisine podría estar infiltrada.

¡Dios Santo! ¿Ahora que comemos? -Dirán mis aterradas compañeras de shopping. Pues nada. Estamos en una guerra y en la guerras no se come. Debemos preferir morir de hambre a ser inoculadas con quien sabe que microbacteria cubanizante.

Ya sabemos de lo que son capaces esos comunistas sin alma. No olviden lo que pretendían hacernos con sus supuestos bombillos ahorradores. De probar un solo bocado podríamos acabar en una marcha chavista gritando loas a Fidel.

Señoras decentes de este hermoso y maltratado país: Tirad a la basura esos profiteroles por suculentos que parezcan, escupid ese bocado de lomito en salsa de fresa, negad heroicamente el Happy Meal a vuestros retoños, no importa que estén regalando la colección de Hello Kitty. Ayunad mis valientes damas, que a muchas no les vendría mal rebajar unos kilitos.

Ayunad y marchad aún nos cuando falten las fuerzas para hacerlo.

No es momento de desfallecer porque, de hacerlo, ya saben que iríamos a parar en una de esas clínicas, otrora seguras, hoy contaminadas.

¡Fuerza mi valientes! Pensad que al combatir al régimen combatimos también la celulitis, roscas y mofletes.

Atentamente,

Marifer Popof
Presidenta del frente de damas indignadas con todo lo que haga el gobierno.




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