Magdalena al borde

Soñar si cuesta y mucho.

Yo sueño que estoy aquí
de estas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

La Vida es Sueño, Calderón de la Barca

Despertar de un sueño bonito es como morir un poco. Los sueños son solo sueños y nadie lo sabe mejor que nuestra atribulada Magdalena.

Sale el sol, empieza un nuevo día y la pesadilla debe continuar. Estando medio dormida se plantea vivir al revés, decide imaginar que su vida real transcurre cuando está dormida, total: ¿Quien hizo esas reglas arbitrarias? ¿Qué carajo es la realidad?

La realidad es que se está haciendo pipí y si no se levanta pronto mojará el diván en el que pasó la noche, pero ella sabe que esto es una pesadilla, que solo en las pesadillas se hace pipí, se llora, se sufre, que las pesadillas terminan cuando despierta al sueño, que la felicidad si existe, y que ese morenazo que acaba de dejar dormido sobre la arena blanca de una playa desierta volverá esta noche y la siguiente y la siguiente…

-Mamá, otra vez te quedaste dormida en el consultorio ¡coño!. Por mi te puedes quedar a dormir en medio de la calle, pero déjame las llaves de la camioneta. Anoche me perdí salir con el ”culito” mas rico de la rumba porque ‘’el niño no tiene carro para llevar a la jevita’’. ¡Que vaina contigo! – Sin dar los buenos días, sin reparar que el culito de la rumba estaba saliendo del baño en ese preciso momento, sin reconocerla después de haber recorrido todo su cuerpo con la punta de la lengua, sin la más mínima delicadeza, el moreno de sus sueños, tomo las llaves del carro y se fue dando un portazo.

-Mi hijo es igual a su padre: un cabrón. -Dijo Erica mientras desayunaba un puñadito de cápsulas con café negro sin azúcar. Veinticuatro años y no quiere servir para nada, lo suyo es solo ‘’rumbear’’, salir con mujercitas que, si de mi depende, jamás serán mis nueras, y mucho menos las madres de mis nietos. Ni siquiera se despidió de su madre, ¿Lo viste? Ni un beso, nada… ya volverá porque se le olvidó sacarme todo el dinero de mi cartera. ¿Sabes que?- Dijo con voz decidida y cansada.- Si mandé a su padre al carajo a él también lo puedo mandar. Se acabó.

Tomaron varias pastillas más para sobrellevar ese momento tan oscuro para una y tan brillante para la otra.

Magdalena quería pensar de prisa, pero sus neuronas, aturdidas por los barbitúricos del desayuno, se negaban a funcionar. Solo podía ver al moreno onírico, con granitos de arena brillando sobre sus hombros, aquella boca impaciente, aquellas manos, aquella lengua, aquel…

-Estoy viviendo el momento mas horrible de mi vida y tu ¿Sonríes?- dijo Erica ocasionando el coito interruptus del ensueño.

-No estoy sonriendo, son las pastillas, estoy tristísima con tu problema, que problema tan grande, tan rítmico, tan…

-Estás borracha, toma más café y espérame aquí que yo tengo que salir. Tengo un paciente a las diez.

Magdalena no probó el café, cerró los ojos y se dispuso a soñar, o mejor dicho, a vivir. Estaba viviendo un amanecer entre sábanas desordenadas, con el cabello despeinado, con la vida en orden, cuando otro portazo la despertó.

Riki, el moreno de sus sueños, había regresado a buscar el dinero tal como su madre lo predijo. Riki, el morenote de sus sueños, había regresado a buscar a Magdalena, tal como Morfeo lo predijo.

Allí estaba nuestra heroína, despertando de un sueño a otro sueño, su pelo suelto y despeinado, sus ojos verdes encendidos, su labios en pucherito rico de ven acá papito, su pecho libre debajo de su camiseta blanca, su cartera en el suelo junto a su pantalón y sus zapatos.

Riki, el ver que su madre no estaba y, por ende, su cartera tampoco, se dirigió hacia el bolso de Magda, pero ella lo detuvo al caerle encima, arrancándole la camisa, buscando los granitos de arena de anoche con su boca, buscándolos en sus hombros, en su pecho, en su abdomen firme de pavo fisicón.

El hacía lo mismo pero no buscaba arena, buscaba la oportunidad de quitarle algún dinero a esa vieja loca. Pero no era tan vieja, pensó mientras ella se quitaba lo que le quedaba de ropa, no era tan vieja y estaba que se quemaba de ganas, y el, ni tonto ni perezoso, le echó más leña al fuego.

A veces los sueños se quedan cortos, a veces no nos atrevemos a soñar tanto por miedo a despertar, pero Magda despertaba con cada beso, con cada movimiento, con cada encuentro con la piel morena de su morenazo. Era delicioso despertar a un sueño mejor que lo soñado. Era delicioso sentir otra vez, escuchar aquellos dulces susurros: ‘’ si eso es lo que quieres oír, OK, te amo.’’

La amaba, se lo dijo mil veces cuando ella mil veces le preguntó. La amaba y ella lo amaba también. Toma no tengo efectivo pero llévate mi tarjeta y retira del cajero automático, tengo mi carro en la casa, si quieres, toma las llaves de mi casa, las del carro también, las de mi corazón, te lo doy todo, ya te he dado todo y te voy a dar mas…

Riki tuvo que recurrir su fuerza veinteañera y cumplir una vez más con el viril deber de no quedar mal con una mujer.

Tres veces cumplido su deber, Riki tuvo que luchar, con mucho esfuerzo y poca fuerza, para desprender las piernas de una ronroneaste Magdalena de su fatigadísima espalda. Toma todo, toma más…-repetía nuestra insaciable heroína. Parecía querer recuperar todo el tiempo perdido en una sola mañana.

Sin dinero ni tarjeta, se tuvo que quedar esperando a su suegra en el consultorio.

-Hola, ¿cómo sigues?- Preguntó Erica apenas entró.

-Bien. -contestó Magdalena con una sonrisota.

-¿Cómo que bien? ¿No te estabas muriendo? Yo me estoy muriendo y no me vas a dejar morir sola. Erica buscaba en su bolso las pastillas de las cinco y media que se las iba a tomar a las tres.

Magdalena sintió una puntada de solidaridad con la madre de su amado, así que comenzó a padecer un terrible ataque de tos seca para acompañarla en su sufrimiento.

Erica le había conseguido tres citas para el día siguiente con diferentes especialistas, pero Magda había arrancado una promesa a su amado para verse mañana. ¿Cómo agonizar cuando se sentía tan viva?

Moribunda, así se sentía después de haber esperado toda la mañana, con las ventanas abiertas, flores en los jarrones, pétalos en la cama. Moribunda y ya había cancelado aquellas salvadoras citas con tan eminentes doctores. Moribunda…

Al borde del abismo estaba Magdalena cuando escuchó la puerta. Su amor tenía sus llaves, su tarjeta, su vida. Tenia la capacidad de volverla loca de angustia con su ausencia, tenía la capacidad de volverla loca de felicidad, aun cuando llegaba a las nueve de la noche a su cita de las ocho de la mañana.

No tuvo tiempo de mentirle, ni de excusarse, ni de saludar siquiera. Magdalena no quería palabras que no fueran las mismas que le hacia repetir cada vez que se fusionaban en un solo ser. Vieja cursi, pensaba Riki, se dice polvo, echarse un polvo…

Abuso de menores, pensaba ella, mientras lo veía vestirse apurado. La pobre lo justificaba sin que el lo necesitara: tiene pudor de que lo vea desnudito, por eso se tapa y se va. Quédate. -le dijo. -¿Para qué? – respondió el agobiado, si ya te eché cuatro polvos, perdón, cuatro fusiones. Eso a tu edad no es bueno. Me llevo tu carro. Nos vemos…

A su edad dijo, ¡Le dijo vieja!

Magdalena comprendió que necesitaba un médico con mas urgencia que nunca.

A Erica le pareció una idea brillante. Mañana irían las dos a un cirujano plástico. Ellos siempre operan y, para poder hacerlo, habrá que hacer pruebas y segurito que allí aparece nuestro terrible y extraño mal. Eres genial mi amiga. – Bañada en lágrimas abrazó a Magdalena que había olvidado por completo su agonía hasta que descubrió que la vejez podía matar al amor.

Tres semanas había que esperar antes de borrar arruguitas, subir aquello que la gravedad hizo caer, recortar aquí, coser por allá. ¿Reconstrucción vaginal? ¿Eso existe? Claro que quiero una. Yo quiero quedar como una de veinte.

Tres semanas que a Erica le parecieron días y a Magda tres años. Los exámenes pre-operatorios le robaban el tiempo de su Riki, lo cual Riki agradecía, ya que así tenía mas tiempo para gastar el dinero de la vieja esa con su culito.

Mientras Magdalena se sacaba la sangre, Riki le sacaba fondos de sus cuentas, mientras ella escogía una tetas de goma que le gustaran a su amado, él escogía ropa nueva y linda para su culito, mientras Magda soñaba despierta, Riki pateaba sus sueños, eso si, con cuidado de no despertarla antes de tiempo.

Para Erica fue un golpe bajo haber salido ilesa de todas las pruebas pre-operatorias. Para Magda, quien ya había olvidado que quería morir, fue un alivio.

Tan feliz estaba de estar viva que no pudo dormir la noche previa a la operación. Esperaba a Riki a las siete, a las once no había llegado, a la una Magda temió por el, hay tanto loco en la calle, mi pobre pequeño grande. A las tres apareció por fin, borracho, despeinado y muy besado. Ella borró sin saberlo el sabor de otros besos, el hizo lo que pudo y en ese estado, realmente, no pudo mucho. Se durmió mientras Magda le mostraba por última vez sus tetas cuarentonas dejándola allí en la cama, despierta, insomne de ganas y de angustia. ¿Habré escogido unas suficientemente grandes? Un ronquido etílico fue lo que obtuvo por respuesta.

En ayunas y feliz entró al quirófano. Pensaba en Riki dormidito en su cama, tan dormido que no fue capaz de despertarlo para despedirse con un beso. Por la sonrisa golosa que tenía en su cara supo que soñaba con ella, con ella y sus tetas nuevas, sus ojos lisitos, sus labios rellenos, su vientre plano, sus muslos firmes, en fin, soñaba con la mujer que ella soñaba ser.

Cuando uno está anestesiado ¿Sueña?- Preguntó al doctor justo antes de aquel pellizquito que deliciosamente la atontaba. Tan tontita andaba que no pudo escuchar la respuesta, que mas que respuesta fue una pregunta, y se fue yendo poquito a poco de la mano de su Riki, mientras que Riki se iba a Cancún de la manita de una veinteañera.

Su corazón se aceleraba con cada beso, se aceleraba al sentir sus manos masculinas acariciando su pecho, galopaba desbocado cuando la cubrió con su cuerpo cálido y firme. Fue tanto amor que su corazón se detuvo como si quisiera tomar un poco de aire.

¡Esto es el colmo!

¿Acaso los corazones se paran a tomar aire?


¿Es esto un sueño de nuestra infeliz heroína?


O acaso el cruel destino se ensaña con esta dulce mujer pretendiendo dejarla inerte sobre la mesa de operaciones.


¿Morirá nuestra amada Magdalena justo ahora que se atrevió a soñar?


¿Cómo le quedarán las tetas?


Que alguien me adelante lo que va a pasar porque ya no lo soporto más.

No se si, por su bien, deban perderse el próximo y último capitulo de esta insoportable historia de dolor, injusticia y ensañamiento.


Magdalena al borde.

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