A nadie le huelen sus peos, ni sus hijos le parecen feos.

ilustración de Raúl Ávila, una maravilla!!!


Eso solía decir mi mamá con cierto conocimiento de causa. De las flatulencias de mi progenitora no voy a escribir porque madre es una sola y me vino a tocar a mi. De lo que si voy a escribir es sobre los hijos feos y de los bonitos también.

‘’Cuando se tienen dos hijos, se tienen todos los hijos de la tierra…’’ Eso dijo el poeta Andrés Eloy Blanco en ‘’Los Hijos Infinitos.’’ Solo un poeta como él podía describir un sentimiento que abarca tanto, que nos sobrecoge tanto, que tantas veces nos supera.

Hace ocho años, cuando nació mi gorda mayor, yo comencé a descubrir cosas tan sencillas y tan obvias, que por sencillas y obvias, nunca antes me había detenido a observarlas.

Una madre primeriza no puede quitarle los ojos de encima a su bebé, hay una especie de magnetismo que te lo impide. Yo no hacia más que mirar a mi niña de manitas gordas, con su carita de todo es nuevo y me gusta, su culito al aire y a mi que me importa, con su sonrisa de encías rosadas y cachetes brillantes. Cada movimiento nuevo era un descubrimiento para ambas.

Cuando ella descubrió que tenía manos y que eran suyas, yo descubrí en ellas a mis manos pequeñitas, y también me di cuenta de que esas manos gorditas y descoordinadas eran iguales a las del vecinito. Claro, vivíamos en la misma urbanización, éramos mas o menos iguales.

Luego vino otra revelación más fuerte que me hasta el día de hoy me conmueve, vi en el noticiero las manos de mi gorda en las de un niño muerto, era un bebé palestino, su manita inerte era exacta a la de mi niña cuando ésta estaba dormida.

Así fuimos descubriendo, de la cabeza a los pies, a todos los niños del mundo, aprendimos a caminar y nos caímos sobre los mismos culitos mullidos, descubrimos que un ruido fuerte nos hacía llorar de miedo, que si te muerde tu perro te duele, así que la próxima vez no le vayas a halar la cola, descubrimos que el hambre es fastidiosa y que se calma comiendo, que si no comes te enfermas y que si te enfermas tu, yo me enfermo de angustia. Descubrí que todos los llantos de niño me arrugan el corazón.

Hace poco tuve otra gordita, y me tocó descubrir que todavía me faltaba mucho por descubrir. Me cayó en la cabezota una paradoja abrumadora, si con la mayor reconocí manos, pies y culitos idénticos, cuando nació la enana me di cuenta de que cada bebé es diferente. Ante esta revelación lo menos que te puede dar es una depresión post parto. Yo tenía todo resuelto, como ya había criado a una bebé, y de paso del mismo signo horoscopero, pensé que la mitad de la tarea estaba hecha.

Pues no, nada de horoscopitos baratos, nada de manitas gorditas, igualitas eso si, pero no. Si la grande llegó al mundo flotando en nubecitas azules, su hermanita lo hizo montada en una motoneta sin silenciador. Dulces bebés gorditas y rosadas, una silenciosa y dócil, la otra un cachorrito de león.

Ya tengo dos hijas, lo que me califica para tener a todos los hijos del mundo. Sigo leyendo al poeta y me aterro: ‘’ Cuando se tienen dos hijos, se tiene todo el miedo del planeta…’’

Ese miedo puede ser causado por la incertidumbre. Los hijos, y eso lo se por ser hija, casi nunca somos lo que nuestros padres imaginaron que seríamos. Cuando somos bebés nos imaginan grandes, doctores, cultismos, bien peinados, responsables, perfectos. Nos imaginan como ellos quisieran haber sido, o nos imaginan como son, si es que tienen alta autoestima. Nos imaginan de cualquier manera pero, generalmente, casi nunca la pegan.

Siempre me asombró cómo mis padres me seguían queriendo a pesar de que les he llevado la contraria en casi todo. Si por ellos fuera, yo sería una señora elegantísima, entaconada y discretamente maquillada, tendría una casa ordenadita, sin un solo plato sucio, sin una partícula de polvo, sin una sola letra escrita, flores y velitas, bebes con lazos rosados, un piano de cola con una partitura muy tocada, un diploma en una pared, una cuenta de ahorros sólida, una vida sin tropiezos, como una foto de propaganda de jabón con blanqueador.

A mi me pasa lo mismo con mi gorda, que no le gustan los libros, que tiene como mascota una culebra que come ratones vivos, que no se quiere bañar cada día como dice el reglamento, me encuentro amando a mi otra gordita que se perfila tan compleja, que hasta el día de hoy, ocho meses después, ni siquiera sabemos con certeza de qué color es su pelo. Mi gordita cara de culo, que no reparte sonrisas a menos que considere que de verdad las mereces.

Por eso ayer mi tarde fue muy complicada, asistí a dos eventos que se desarrollaron en uno. Ayer nuestros muchachos, mis muchachos tuvieron su día de gloria, los vi entrar a La Asamblea Nacional seguros, jovencitos, con caras de casi soy grande, de que se lo que hago, de que me la estoy comiendo y todos me están mirando. Y si, todos los mirábamos con el corazón en la mano. Cuando se tienen dos hijos se tiene todo el miedo del planeta…

Subió mi primer muchacho, muy serio, como muy tieso, subió con unos papeles llenitos de palabras y se paró en su sitio, sus hombros estaban caídos, sus ojos miraban abajo, quizá porque leía, quizá porque se sentía como si estuviera presentando un examen de esos que sabes que vas a raspar. Mi muchacho abrió la boca y salieron palabras de ella, las palabras que no expresan ideas son solo sonidos al aire. Mi muchacho habló y no dijo nada con la boca, pero sus ojos miraban con rabia, con arrogancia, y sin luz.

Mi corazón se arrugó por mi muchacho, mi niño oveja negra, y lo vi joven y lo vi viejo, sentí mucha pena por el. Imaginé a su madre orgullosa sentada frente al televisor, y sentí pena por ella. Nuestro muchacho con su mirada antártica, palabras vacías y gestos ensayados. Nuestro muchacho de probeta, con ideas de laboratorio que alguien pensó por el, tuvo su momento y se lo dejó quitar y tan ciego de arrogancia estaba mi niño, que no se dio cuenta de que si algo nos dejó con su puesta en escena fue una angustia profunda, un mal sabor en la boca y una mirada tan vieja, tan vista y gastada, que por un momento, solo por un momento, sentí desesperanza.

Ocupó su sitio una niña estudiante de derecho, era bajita pero miraba hacia arriba. sus manos vacías, su boca llenas de palabras, muchas palabras, cada una en su sitio, sin titubeos mi niña expresó sus ideas. Una muchacha sencilla, algunas dirían que poca cosa, se fue creciendo con sus ideas, se iba haciendo grande, se iba haciendo cada vez más bonita. Yo acerqué a mi bebé a la pantalla como para que se le pegara algo, quise saber como hicieron sus padres para tener una hija así. Y recordé, como hija, que los padres hacen lo que pueden. Así que me senté con la gordita bien pegada a mi cuerpo, a ver si sentía un poco el orgullo que yo sentía.

Mi emoción con ojos aguados tuvo un breve receso. Otro muchachote, esta vez sin papel, pero igual de tieso, igual de frío, igual de viejo que el anterior. Balbuceó una explicación que no explicó nada y con la frente en alto, y la mirada clavada al suelo, se marchó dando la espalda a su oportunidad de mostrarnos algo, cualquier cosa que no fuera un silencio sin sentido.

Otra vez ese hueco en el alma que se cerró rapidito gracias a los muchachos y muchachas que no se quisieron ir. Aquellos que supieron reconocer allí tenían una gran tribuna para exponer sus ideas. Y así lo hicieron, hablaron con el corazón y la cabeza, hablaron con la osadía que solo tienen los jóvenes, nos hablaron nuestros muchachos y mientras lo hacían dejaron de ser el futuro lleno de esperanzas y se convirtieron en el presente lleno de orgullo. Nunca me sentí tan madre, jamás me sentí tan venezolana. Yo, que soy una llorona, lloré a moco tendido. Yo que no soy muy cantadora sentí la urgencia de levantarme del sofá, con mi bebé en los brazos y cantar con mis muchachos el himno nacional.

Canté emocionada pero no pude dejar de pensar en los otros, los que se fueron, y quise que regresaran consciente de que no lo harían. Vi a mi mamá a mi lado, y recordé sus palabras y supimos que estábamos de acuerdo: a nadie le huelen sus peos ni sus hijos le parecen feos. Pero esa tarde por razones, que todavía no logro entender, las dos arrugamos la nariz, nos apuramos a revisar el pañal de la gorda y comprobamos que no era ella. Entonces tuvimos que admitir si, que a veces, muy a nuestro pesar, los hijos nos parecen feos.

Anuncios

13 comentarios on “A nadie le huelen sus peos, ni sus hijos le parecen feos.”

  1. Negroartigas dice:

    Hola Carola,Me hiciste llorar de sentimiento: ¡que bien escribes!.Recibe un abrazo tan grande como tu.El Negro.

  2. Carola dice:

    Hola Negro!!!Yo tambien lloré de sentimiento mientras escribía, varias veces tuve que parar para llorar un poco.¡Que vaina mas bonita son los hijos!Un beso grande para ti.

  3. Arturo dice:

    Amiga:Se nota que le pusiste amor, bueno, como a todo lo que escribes… vuelvo a tu escrito sobre POPI, porque no puedo dejar de pensar que esos que se fueron son como mis hijos, gracias a DIOS, los que se quedaron TAMBIEN…Un abrazo infinitoArturo

  4. Qué vaina tan buena y hermosa, de verdad.No tengo chamos pero me hiciste sentir, no como si los tuviera, eso es imposible, sino que se puede tener hijos de varias formas, que las hermosuras tal vez zsean metáforas de los partos que sólo las mujeres tienen.Tremendo abrazo pues !! Y gracias por remozar mi felicidad !

  5. Anonymous dice:

    Aqui habria que decir: todas las anteriores: llore al verlos, de tristeza los primeros y alegria los que siguieron, pero mas llore al leer tu excelente articulo, porque logras decir de una bella forma lo que sentimos!Te felicito!

  6. Carola dice:

    Mis queridos y conmovidos amigos,Si algún día publico este articulo en un libro de verdad verdad, les prometo y me prometo incluir una caja de pañuelitos.Muchos besos y muchas gracias!Carola

  7. Einstein2030 dice:

    Hola carola… mis comentarios a este post te los dejé en el otro blog donde lo publicaste…. espero puedas leer el comentario que te deje… Saludos

  8. adelaida dice:

    yo tambien llore y cante el himno, y de nuevo, con orgullo, llore con tu escrito.un gran abrazo!!!

  9. Anonymous dice:

    Carola a mi me pasó algo parecido, tambien tengo dos hijos uno de doce y otro de tres y pense cuando veia a los muchachos nuestros en la Asamblea: Y como hace uno para tener hijos asi? y claro que llore, es mas todavia cuando voy en el carro y me acuerdo de ellos se me salen las lagrimas y se me espeluca el cuerpo.Dios no estamos luchando en vanoUn saludoYngrid

  10. gladys dice:

    ante todo recibe mi màs cordial saludo… he pasado por la pagina de aporrea y me gustaria felicitarte por los artìculos que alli has escrito de cierta manera expresas lo que muchos sentimos y queremos decir… palabras menos palabras màs pero expresa la idea que muchas tenemos por lo menos como madres, mujeres y venezolana decir… lei este artìculo que lleva como titulo lo escrito arriba del encabezado y la verdad no te equivocas carol asi me senti yo… yo que no soy llorona y que no canto por lo menos el himno al menos que sea necesario jajaja no por antipatriota si no por flojera… ese dìa no pude dejar de soltar una lagrima y pararme tambien con mi hija de un año a cantar el himno y mi cuerpo todo erizado viendo como unos jovenes tienen bien claro con muy buenos argumentos que quieren para su pais y su pueblo…para algunos no seran correcto para otro si lo es, pero lo que si dejaron claro es la seguridad en lo que quieren y dicen cosa que lamentablemente esperaba tambien de esos otros muchachos… que puedan que para algunos no sea una lucha necesaria porque no tenemos el mismo punto de vista… pero si nos presenta unos buenos argumentos de lo que estan defendiendo y con base por lo menos puedes hacer tambalear y quien sabe pueden hacer que la gente diga “bueno de cierta manera es verdad lo que dicen sigan entonces en su lucha”… pero todo es vacio de su parte y nos dejan a todos igual vacios y dandonos cuentas que es cierto a veces si hay niños que nos parecen feos o distintos. me despido dejandote mis felicitaciones de nuevo.Gladys Pacheco.

  11. Einstein2030 dice:

    Carola… coloqué en mi página un link hacia este artículo. Debí pedirte permiso antes lo se… espero no te molesteSaludos

  12. Anonymous dice:

    Pero Caro!! si es homenaje a Guernica mas tetrico aun, no es un comentario de critica mala no deja de ser tetrico el dibujo y te digo eso de que hay gente que quiera eso para nuestros niños, no es cierto. Eso pasa a diariooooo en los barrios de nuestra patria.Mariquita Perez

  13. Carola dice:

    Pasa, si pasa Mariquita Perez, y pasa en todo el mundo, y hay quienes se acostumbran a mirar a otro lado porque son imagenes tétricas que ofenden su sensiblería.Otros miramos, y nos estremecemos y hacemos lo que podemos por tener un mundo diferente.Ya ser que no es una crítica mala, y si lo fuera no importaría, todos tenemos boca y tenemos opiniones. Yo tengo las mías y no me corto para expresarlas, ¿por qué iba yo a cortar las tuyas?


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s