Pequeños propietarios juntos y revueltos.

Capítulo XVII.

Nada como el olor a nuevo, si es de un apartamento mejor, y aun cuando sea viejo, si está recién pintadito, recién compradito, recién hipotecadito, tu apartamento huele a nuevo. Si viviste alquilado y ahora eres propietario has subido un grandísimo escalón, píntalo y cambia el sofá de lugar y ¡zuas! tu vida ha cambiado y tu debes cambiar.

Esto lo digo, no porque haya conocido el placer de ser copropietaria, junto con el banco y a treinta años, de un techo, que según como se mire, puede ser el piso del vecino de arriba o un piso que puede ser el techo del de abajo.

No lo he vivido en carne propia, pero mi techo ha sido el piso de felices propietarios, lo mismo que mi suelo. Yo he sido por años el jamón de ese sanduchito que llaman propiedad horizontal.
No he tenido el placer de tener derecho al voto, ni siquiera el derecho de opinar en ese selecto club de dueños de sus destinos. Los miro con cierta envidia cuando cualquier noche de luna se reúnen en juntas de propietarios, nunca de vecinos, porque no es lo mismo ni se escribe igual.

En esas exclusivas y excluyentes reuniones se toman decisiones de primer orden. Se prohibe vivir en paz, nadie se pone de acuerdo en el lugar idóneo para plantar las cayenas, o si el conserje barre bien la escalera o no, o si los nuevos vecinos son gente de bien. Se libran luchas de poder entre pequeños debiluchos que sienten que, al ser honrados con una hipoteca, se han convertido en líderes defensores de la pequeña propiedad. Yo tenia un vecino que vivía alquilado, como no tenía dinero para poner aire acondicionado de esos modernos que se pegan a la pared, el colocó uno anticuado en la ventana. Lo tuvo allí por más de dos años. Un buen día volvió a casa conduciendo una camionetota seguido por el carro nuevecito que le acababa de regalar a su mujer. Dentro de la camioneta llevaba un aparato de aire acondicionado de última generación, de esos que cocinan el desayuno y te lavan la vajilla con solo apretar un botón.
Con asquito, quitó su viejo armatoste de la ventana, se lo regaló generosamente al conserje y anunció al mundo que era propietario no solo del nuevo aparato, la camioneta y el carro sino también del apartamento.

Yo, que solo tengo un airecito de esos viejos, cumplidores y ventaneros, me alegré mucho por el conserje que en adelante dormiría mas fresquito junto a toda su familia.
A la semana siguiente nos llegó una notificación de la junta de condominio: supimos por medio de la misma que nuestro aparato no solo afeaba la fachada, sino que también era una potencial arma de destrucción masiva. No daban plazo hasta el domingo, y era sábado, para quitar ese cacharro de la ventana. Firmaba el ex alquilado, recién pequeño propietario, que estrenaba cargo de secretario de la nueva junta electa el viernes.

Esas reuniones se hacen de noche generalmente, yo creo que no es por la conveniencia de que a esas horas la mayoría de los vecinos pueden asistir. Yo creo que hay algo oscuro en esos encuentros y que la oscuridad de la noche los arropa.

Se siente una especie de excitación perversa en el aire, se escuchan pasos y murmullos afuera. Los propietarios se visten con sus mejores galas de junta, así se va estableciendo el status de cada quien. Aunque todos sean dueños no todos tienen lo mismo. Hay quienes solo pudieron comprar el apartamentico tipo estudio y allí metieron a toda la familia, incluyendo a la abuela.

En la entrada del lugar de reunión colocan la lista de morosos, como para que no quede duda, pero la duda se convierte en desconcierto al corroborar que el peor de los mala pagas es el señor Forero, ese que acosa a las mujeres viudas, divorciadas o solteras que se ha atrevido a vivir solas, aunque sea porque no les quedó mas remedio. El tal Forero, las vigila, contabiliza cuantas bolsas traen del mercado, si llevan zapatos nuevos o gastados, si hay quien las visite o las apoye. Cuando detecta alguna debilidad económica en su presa, toca el timbre a deshoras, y hace una oferta: tres lochas por tu apartamento. Sabes que no puedes aceptar, pero sabes también que estás medio ahorcada con las deudas, tres lochas no, eso es un abuso, cinco por lo menos, nada, tres lochas y el pago de los recibos de condominio atrasados, lo toma o lo deja. Muchas, pobrecitas lo han tomado, y Forero ha ido tomando el edificio sin mostrar ni un ápice de piedad. Ahora, por ser accionista mayoritario pretende ser presidente.

Hay tensión política en el ambiente, los vecinos decentes se oponen a la tiranía de Forero. Otro vecino, cuñado del administrador, pretende el cargo para facilitar la comisión de chanchullos y desfalcos y quedarse con una buena tajadita para remodelar la cocina y poner piso de parquet. Y una viuda que siempre llevó los pantalones en su casa, que sabe sumar y restar y que no se deja joder mientras jode a sus anchas a todo el vecindario con sus quejas y sus órdenes.

La mesa está servida, los cuchillos afilados, en sus marcas listos fuera. ¿Cómo que no hay quórum? ¿Es que no se avisó a los vecinos?¿Cómo que una nueva convocatoria? ¿No podemos aunque sea votar para botar al conserje, o al menos para bajarle el sueldo o aumentarle sus obligaciones? Que gentuza tan indolente esta que nos ha tocado. Le dices a Joel que corte el agua por dos horas para que se jodan toditos.

Es que la mayoría de los vecinos queremos vivir en paz, es que, como sucede con la política en muchos países, no hay por quien votar por lo tanto me quedo en mi casa y que Dios nos coja confesados. ¡Coño, cortaron el agua y me quedé enjabonada!

Ganó la viuda. Sin saber lo que nos esperaba, propietarios e inquilinos respiramos aliviados. En solo cuatro días la señora Gladys, convirtió un edificio clase media en un cuartel militar. Con razón, dicen quienes asistieron al funeral de su marido, que el cadáver del pobre Toño parecía tener una sonrisota de alivio.

Gladys, en ejercicio del poder otorgado por los votos, tocaba la puerta y te ordenaba apagar la luz de la sala y dejar encendida solo la del comedor, así gastas menos. Que no ladre el perro, que no llore el niño, que mi nieto llora pero no molesta y mi perro muerde pero no ladra, que no me replique carajo que yo soy la presidenta y tu una simple inquilina. ¡Ay Forero! ¿Por qué te dejaste ganar?

Hubo un tiempo no muy remoto en el que las juntas de condominio eran muy concurridas. Incluso los inquilinos debían asistir. Se daban cursillos de seguridad vecinal. Venían expertos invitados a adiestrar a los vecinos en el arte de la defensa de la propiedad privada.

Les advirtieron los expertos que vendrían hordas de percusios a quitarles lo que les había costado el sudor de su frente y de otras partes del cuerpo que no es conveniente nombrar. Cundió el pánico, debían estar mas unidos que nunca, pero, ¿cómo unirnos ahora después de tantas disputas, de tantas torcidas de ojos, de tantos cortes de agua premeditados y alevosos? Pues como se pueda. El terror es un buen pegamento para unir lo que los años de convivencia no ha podido mas que separar.

Aplicadas octogenarias aprendieron a manejar un revolver por si acaso, también les enseñaron trucos caseros para repeler a los invasores, como calentar aceite Diana en el sartén de huevos fritos y luego lanzarlo desde el doceavo piso para chamuscar la piel de los malvados. Les advirtieron del peligro que representaba el personal doméstico, no importa cuantos años hace que trabaje para usted señora Paula, no importa si ha sido la nana de tres generaciones de su distinguida familia. El conserje se convirtió en espía cubano de la noche a la mañana, ya nadie lo regañaba porque le tenían terror. El muchacho del kiosco de en frente, por ser colombiano, se ganó una membresía instantánea en las FARC. Estaban rodeados, los inquilinos del piel mas tostada se convirtieron en informantes y dejaron de ser convocados, como de costumbre, a las reuniones súper secretas.

El disimulo y la discreción era elementales para el éxito de la maniobra defensiva. Fausto siguió vendiendo periódicos inocente a su nueva identidad. Joel cortaba el agua por costumbre sin que nadie se lo ordenara, y Amarilis, siguió cargando a los niños de la señora Paula ante la mirada temerosa de la madre. Y los inquilinos, ni cuenta se dieron de que los negreaban otra vez.

La presidenta y un batallón de chismosas se dedicaban cada noche a pegar la oreja de todas y cada una de las puertas de los vecinos para detectar, según el canal de televisión que estuvieran sintonizando, sus tendencias políticas. Ante una prenda de vestir roja se ponían como un toro y embestían. Prohibieron la entrada del personal de servicio al ascensor, para evitar sabotajes, vigilaron al vigilante, hicieron turnos de día y de noche asomados por las ventanas, cosa que las chismosas hacían con turno o sin el.

Y así están desde entonces, aunque ya no hay mas cursillos de aceite hirviendo, ni de cacerolazos, y las viejitas, expertas tiradoras, se les ha vuelto a olvidar como se tira, pero todavía esperan con una fe inquebrantable la invasión que viene.

Mientras, van remodelando cocinas, cambiando piezas de baño, comprando muebles nuevos, como para que los invasores, si es que llegaran a subir, no les de por pensar que uno es un pelabolas.

Nuevo año, nuevo ciclo, nueva junta de condominio. Forero arrasa y gana con su propuesta rodear el edificio con una reja electrificada y convertir el parque infantil en una trinchera con bunker, disfrazada de parquecito.

Nuevo año, nuevo ciclo, nueva junta, pero todo sigue igual, Joel sigue ganando lo mismo, corta el agua a las ocho, el vigilante se duerme, Gladys apaga mi luz, Forero sigue acosando, la puta del cinco A sigue puteando, el nuevo propietario ladillando, las chismosas chismeando, el perro ladrando, y ¿la invasión? ¡Alerta señores! Se está preparando…

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3 comentarios on “Pequeños propietarios juntos y revueltos.”

  1. Radio1 dice:

    saludospublicamos este y, a veces otros articulos tuyos en radioatake.netwww.radioatake.net

  2. Anonymous dice:

    Buenas! lei “los de las pestañas chamuscadas” recomendado por un “amigo”. Bien, te escribo, pues, soy estudiante de comunicacion social y ya que la igualdad existe (supuestamente) te cuento mi historia. Desde que entre a la universidad mis profesores se esmeraron y molestaron al repetirme… COMPORTESE COMO UN PERIODISTA “” pues bien, les hice caso. Ahora estoy trabajando en un periodico y resulta que el grupo o club de fans de “las periodistas” pues son todas mujeres, exhaustas, hastiadas de verme la cara diciendo “coño hasta cuando con la PASANTE del coño esta… cuando carajo se va a ir pal coño, piensa quitarme el trabajo y sacarme de aqui”” igualdad… ahhh pero entonces a quien le hago caso: a mis tutores molestos repitiendome q me comporte y reaccione como periodista o a las chicas cajita de aserrin que me dicen de cada rato que no lo soy? explicame si es que esto tiene explicacion. Y mas, cuando el periodico para el cual TRABAJO como PASANTE es a favor de el presidente… Gracias espero me respondas… tu articulo esta excelente!!

  3. Carola dice:

    Hola Periodista!!Yo soy solo una mamá que escribe y mis niñas todavia no estan en esos trances que tu ahora estas viviendo.Como mamá te dijo que hagas lo que dicen tus profes, los celos profesionales son comunes y sobre todo si destacas. De allí el miedo de tus compañeras.Esto parece el consultorio sentimental, jajajaja!!En serio, independientemente del medio para el que trabajes, los celos, y las zancadillas estarán a la orden del día. Tu haz lo que sabes hacer mejor, y si eres periodista, ¿quién puede convencerte de lo contrario?


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