manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

Capítulo ya perdí la cuenta…

Tengo y luego existo.

Tener es ser y mientras más tienes más eres. Pero para ser hay que mostrar, de nada sirve tener si no se te nota. Hay una serie de objetos que se hacen tan necesarios como el aire, sin ellos simplemente no existes.

De lo pequeño a lo grande vamos haciéndonos gente de bien: Anillos de oro, muchos en cada dedo pero jamás en el indice y el pulgar, eso es muy vulgar. De oro también debe ser la cadena con medallita del santo de tu preferencia, o el de tu mamá. Debe brillar al sol alguna piedra preciosa, ya verás donde te la pones, preferiblemente en tu mano perfectamente manicureada, y muévela, muévela mucho para encandilar a todo el mundo con los aquilatados destellos de una piedra bien tallada.


De nada sirve comprar ropa cara si no es notorio su precio. Dejar la etiqueta colgando de la manga de tu camisa atenta contra la etiqueta, la moral y las buenas costumbres. El dilema se resuelve con maravillosos logotipos estampados en todas partes, que gritan al mundo que esa camisa, ese pantalón, esos calzoncillos son de Christian Dior.


La cartera, antes un objeto netamente femenino que ahora se ha vuelto ¨bisexual¨, debe ser el complemento más logotipeado de todos los que lleves encima. Pero no cualquier cartera sirve por más simbolitos que tenga, debes pagar por ella más de ochocientos dólares, para que dentro puedas guardar tu billetera sin billetes y tu tarjeta de credito bloqueda, eso si, con mucho glamour.


Uno o más teléfonos celulares, de esos con mil botoncitos, mil lucecitas y mil soniditos. De esos que hacen de todo, que si oprimes bien los botones lavan, planchan y sacan a pasear al perro. No olvides los accesorios: una funda a juego con aquella cartera carísima, un aparato que te metes en la oreja y te conecta al mundo exterior y que además te da un aire futurista de lo mas chic. Trata de caminar hablando en voz muy alta sin que se vea el teléfono, aunque parezcas un loco gris, los entendidos entenderán que está a la última con la tecnología de punta.

Nada de lo que uses puede ser nacional.

Una vez vestido y alborotado, hay que salir. ¿Cómo saber que existes si nadie te ve? Para ir a donde sea necesitas una camionetota último modelo. Como la de tu compadre que se la echa de ricachón. Lo de las camionetas es como una pandemia con efecto dominó. Nadie tenía una hasta que el compadre millonario se la compró, con asientos de cuero, DVD adelante y atrás, cuarenta porta vasos para seis sedientos pasajeros, Mata burros, porque hay mucho chavista en la calle, alarma con rayo laser desintegrador molecular, porque hay mucho chavista en la calle.


Javier, yo no voy ni a la esquina en este carro 2004, no voy a soportar la miradita de superioridad de Cristina, que está ¨insopor¨ desde que va en camionetota. Me importa un pito si esos reales son para la inicial del apartamento, yo me quedo alquilada pero en camioneta, eso es invertir en autoestima.


Encienden los motores, se ponen sus lentes uff, ¿a dónde vamos con esta pelazón? Vamos al Ti Mangio Bene, pero ni se te ocurra pedir vino, nos comemos el pan con ajo, finges un desmayo y yo te saco en volandilla. Es que desde a la cachifa le dio por cobrar como si fuera persona estamos en la carraplana. Cualquiera cree cuidar carajitos y limpiar pocetas es un trabajo que requiere mucha cabeza. ¿Que limpie yo? ¡Que bolas tienes tu! Claro, porque yo fui a la universidad para terminar limpiando mocos y baños…


Tener blanquea, alisa chicharrones y aclara ojos, en fin, mientras más tienes más blanco, mientras más blanco mas gente.


Nosotros teníamos una camioneta Dodge del 75, de esas que se usan como carrito por puesto. Igualita a las que usan los asesinos en serie en las películas gringas. Con ella navegábamos por los mares del este capitalino. Era gracioso como nuestros labios se convertían en bembas, nuestros pelos se encrespaban y nuestra piel se oscurecía una vez que nos subíamos en ella. Si te equivocabas en una maniobra, no faltaba que alguien muy bronceado ¿por el sol? asomara su cabeza por la ventana de su camionetota y te gritara: ¡Negro tenias que ser!


Eramos víctimas de una especie de discriminación racial automovilística, a la cual se sumaban como victimarios los señores encargados de estacionar los carros en los restaurantes. Mientras más oscura era su piel, con más saña nos negreaban.


Una vez nos invitaron a la boda de un amigo que se celebraba en la Quinta Esmeralda, la madre de todas las salas de fiestas de Caracas. Decidimos varios amigos ir en cambote en la Dodge. Así que nos atapuzamos quince personas con tacones, lentejuelas, falalaos, corbatas, gomina, perfumes que se mezclaban hasta hacer el aire irrespirable y casi tóxico.


Al llegar a la fiesta había una cola de carros preciosos esperando ser estacionados por unos amables señores puestos allí para comodidad de los invitados. Nosotros, respetuosos de las normas, nos pusimos en la cola a esperar nuestro turno. En eso vi, entre las luces y el brillo, a un señor con la cara enfurruñada que nos hacía unas señas que casi casi parecían insultos. Se le notaba impaciente y de alguna manera ofendido. Como no le entendíamos el señor se puso más frenético y se acercó en dos zancadas hasta la ventana del conductor: ¿Traen música o comida? -Increpó. No, lo que traemos es unas ganas de coger una pea… -Le contestó insolente un amigo desde los asientos traseros.


El Señor, vestido de almirante sacudió sus charreteras doradas con indignación y nos mandó a estacionar afuera. Terminamos aparcando a cuatro cuadras del lugar. Taconeamos en bajada hasta la sala de fiestas y al llegar, como éramos blancas, como brillaba nuestra pedrería, como llevábamos acompañantes con corbata y gomina, el mismo almirante, nos abrió la puerta con un servilismo que él confundía con amabilidad.


En fin, parece que existimos para pisotear a otros más negros, más pobres y menos fashion que nosotros. Apenas los detectas ¡zuas! patada por el culo. Pero nunca debemos olvidar que somos clase media, que nuestros culitos están justo en la mitad y que arriba hay un montón de pies mas blancos, más ricos y más fashion que los nuestros dispuestos a pateárnoslos sin un ápice de compasión.

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2 comentarios on “manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana”

  1. Anonymous dice:

    Hola Carola!estoy totalmente de acuerdo. Esta sociedad adoradora de los corotos es loca de perinola…no se es mujer sin tetas de silicón, no se es hombre si no tienes un 4 X 4 de lujo que no sirve para ir al monte porque se ensucia, no se es niño si no tienes el último juego electrónico que juega por ti.La enorme distancia que hay entre el ser y el parecer es aterradora….Anne-Marie

  2. Arturo dice:

    De acuerdo con ambas, lo peor de todo es que comenzamos a desvirtuar nuestros valores y en verdad la gente cree que vale mas o menos por lo que tiene o deja de tener… por supuesto cualquier acción que se tome en base a esa escala distorsionada nos generará múltiples problemas… debemos volver a las raíces: tengo aire en mis pulmones, tengo salud, felicidad y como dijiste hace poco Carola, doy besos porque estoy vivo y ese es un gran don que me dá la naturaleza…


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