Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana

capitulo VII

Cultureta pantaleta

Existe una palabra que aprendí en España que me caló hasta los huesos y cuyo uso se ha hecho indispensable en mi quehacer diario . Es un españolismo o malandrismo español, diría yo, que define a un tipo de gente que, desde que tengo memoria, me ha perseguido no importa cuan bien y lejos me esconda. Por eso entre todos los malandrismos que he aprendido incluí en mi vocabulario, de manera irrevocable, la palabra Cultureta, que se refiere a aquel que se las tira de culto.

Debido a mi vasta experiencia con este tipo de personajes, he notado que se pueden clasificar en diferentes grupos, todos ellos insoportables, según sus inclinaciones y sus maneras de restregarle en la cara a los ciudadanos de a pié su evidente superioridad..

Los culturetas wow, por ejemplo, son personas que no visten a la ultima sino a la próxima, que van adelantados en todo, que marcan tendencias, que son únicos. Una vez, en una galería de arte, me explicaba uno de ellos, que él vestía de esa manera tan negra, tan lineal y extravagante a la vez, como resultado de una búsqueda en su interior (y no se refería a sus calzoncillos). Su manera de vestir era una especie de grito de rebelión, un aquí estoy yo y soy diferente. Diferente a mi si que lo era, pero igualito a todos los culturetas que estaban alrededor. Supongo que todos ellos habían buscado dentro del mismo interior.

Estos pájaros nocturnos parecen sufrir de fotofobia, llevan sus lentes pequeños, oscuros y de diseño (¿cómo decirlo?) diferente. Mientras más feos les queden mejor, sobretodo a las mujeres, ya que para parecer intelectuales no dejan escapar ni un ápice de sex appeal. Asexuados culturetas que encuentran el amor a través de conexiones intelectuales obviando cualquier distracción carnal que los equipare con personas comunes y corrientes, de esas que se miran, remiran y se tocan.

Son expertos en bellas artes, pululan en las galerías, no se pierden un vernissage. Con su presencia realzan la importancia cualquier evento. Las galerías se los disputan como elementos decorativos. Con poses estudiadas analizan las obras expuestas, se hurgan el interior buscando una frase hecha y después de una pausa, un suspiro y otra pausa, encienden un cigarrillo a modo de bombillo y sueltan su veredicto, que suele ser una perorata de palabras inconexas en la que nunca faltan los vocablos profundidad, intención, propuesta, etéreo, estética, infinito, búsqueda, fusión, alma, renovación, límite, iconoclasta, sublime, cósmico, pletórico, yuxtapuesto, inmortalidad…Y yo como buena mortal me muero de la risa.

Una vez le tocó a un pintor amigo mío exponer en una galería finísima de Las Mercedes, la galería más in del momento. Como buen primerizo provinciano, cometió el faux pas de invitar a su circulo de amigos y familiares, todos plebeyos, todos vestidos de gente normal y corriente, incluso alguno un poco exagerado para la ocasión, pretendiendo estar a la altura del evento. Los Culturetas llegaron elegantemente tarde. Muchos de ellos retrocedían al ver la fauna tempranera que vino con el artista y salían a la calle a verificar si que estaban en el lugar correcto.

La galerista angustiada, con un cortes empujón los hacia entrar. Una vez dentro caían en una especie de estado hipnótico, un sublime trance inducido por la profunda estética iconoclasta producto de la yuxtaposición de brochazos pletóricos de intención policromática. Las conversaciones estridentes mermaban a susurros que se fueron extinguiendo a medida que el silencio contemplativo se apoderaba del lugar; apagando chismes, chistes y cualquier otro parloteo irrelevante. Todo giraba en torno a la belleza de la creación.

El novato y talentoso pintor, abrumado, se sentó en el único asiento disponible, un minimalista banco de madera ubicado en medio de la galería. Su padre, un hombre mayor y tosco, buscó refugiarse del silencio al lado de su hijo, y le recordó con la mirada que el nunca estuvo de acuerdo con esas mariconadas del arte. Entonces se escuchó el primer suspiro, se encendió el primer cigarrillo y comenzó el análisis endoscopico de una de las pinturas. Nadie entendió nada, ni siquiera quien analizaba, pero sonaba tan profundo, tan convencido, tan culto, que el tosco progenitor, temblándole el puchero y luchando, como solo un hombre lucha, contra la incontinencia lacrimal, abrazó a su ex pichón de fracasado que, repentinamente, se había convertido en maestro.

No joda papá, eso es pura paja. Yo pinté ese cuadro con tremenda pea encima. Si estaba inspirado, lo admito, pero no por partículas creativas que se fusionaron en galaxias remotas y viajaron entre el polvo cómico a través del tiempo y el espacio desafiando leyes físicas para servirse del hombre, en este caso yo, como vaso comunicante entre lo infinito y lo humano. Yo solo estaba gozando un puyero con mis pinceles, mis pinturas y la luz del amanecer. Respiró aliviado el viejo y dijo: ¡Coño! Yo me cagué, por un momento me sentí tan bruto…

Por otra parte, tenemos al cultureta encubierto, que es uno de los peores. Estos personajes se confunden entre la multitud vestidos de paisanos, acechando a los incautos, como un depredador hambriento, a la espera de la más mínima oportunidad para lanzarse sobre su presa y destrozarla a punta de sapiencia. Yo tengo la suerte de tener mi cultureta encubierto particular. Ya lo conozco bien, se donde se esconde y lo busco y lo cebo para ver como se embarra.

Mi querido cultureta, a quien llamaremos Larousse, sabe de todo nada, pero habla con tal convicción que vale la pena escucharlo. No tolera, mi pequeño Larousse, el conocimiento ajeno y mucho menos si proviene de una mujer.

Un día estaba en la playa leyendo tranquila. No noté su presencia hasta que fue demasiado tarde (para el).
¿Qué lees?- preguntó salivando.
A Jorge Amado- contesté sin levantar la mirada del libro.
Amado ¿eh? – suplicaba una pista, así que se la di.
Jorge Amado, el escritor brasileño, de San Salvador de Bahía.
¡Ahhhhh! A mi, de literatura carioca, me gusta Paolo Coelho.
Y como Amado no es carioca- agregué.
¿No me acabas de decir que es brasileño?- rebatió
Si.- Le hice una zancadilla.
Aturdido por no entender y por estar trastabillando delante de una mujer, arremetió con toda su alma.- Esas novelitas rosa que leen las mujeres ni me van ni me vienen.
Claro, a ti te van y te vienen los libros de Coelho, y otros best sellers de la lista de New York Times.
Así es- dijo inflando su el pecho orgulloso.
Por cierto mi pequeño Larousse, ¿ como se deletrea Coelho? – pregunté a modo de patada en el culo.
C – O – H – E – L- L – O -H – Dijo con cara de veinte puntos.
Gracias- conteste con vocecita inocentona y seguí leyendo mientras que, con el rabo del ojo, vi como se marchaba rascándose la cabeza.

Mi pequeño Larousse también sabe de teatro, le encantan los monólogos de Laureano Márquez, a quien define como uno de los escasos intelectuales que quedan en Venezuela. Entre su escasa lista de intelectuales escasos figuran también Claudio Nazoa, ¿Cómo que Aquiles? No, no seas bruta se llama Claudio, y Emilio Lovera. Si de ópera se trata, el comenta orgulloso que vio Cats en Nueva York y que no se pierde la gala de los tres tenores auspiciada por la FIFA ,una vez cada cuatro años. Oh sole miooo, la piuma al vento– canta con voz de soprano, es decir, como un tenor.

Vamos ahora con el cultureta cotidiano: Este tipo de individuo, es como una base de datos, que sabe todo lo que a nadie le interesa, salvo a otros cotidianos como él. Es un orador de lujo, recita los diálogos de señor de los anillos y secuelas, impresionando a quien lo quiera oír, y casi nadie quiere, con su perfecta pronunciación de los idiomas élficos. Al referirse una estrella de Hollywood, lo hace usando el nombre con el cual éste fue inscrito en el registro civil de algún pueblo perdido en medio de Oklahoma, y se queda esperando, con su sonrisa de ”yo vivo por y para la cultura” (pop), a que algún pendejo le pregunte ¿Quién?.

Por otra parte ocupa dos tercios de sus neuronas en recordar estadísticas de béisbol, los goles de todos y cada uno de los mundiales de fútbol, récords olímpicos, chismes de farándula, fechas irrelevantes, marcas de moda y las fluctuaciones del dólar en los últimos seis meses, entre otras cosas.

Eso si, todos, no importa a que categoría pertenezcan, son culturetas ciudadanos del mundo. Ellos adoran viajar y viajan. Les basta con que su vuelo haga una breve escala en cualquier aeropuerto, para que se sientan expertos conocedores de la ciudad que alberga dicho terminal. Y si logran bajarse del avión y salir de aeropuerto peor. Cuando algún cultureta conocido regresa de uno de sus viajes yo tiemblo, no vale la pena esconderse, no hay escapatoria posible. Se inicia una especie de juego el gato y el ratón, en el que el gato, no cesa hasta quebrar la voluntad del pequeño y cansado roedor.

El minino se adorna con franelas alegóricas, como para incitar la curiosidad de algún incauto. Si eso no funciona te regala un souvenir: algo horrible con el nombre de su última ciudad adoptiva, estampado en letras doradas y retorcidas. Te lo trae a tu casa, con los colmillos afuera, y para colmo, te dice donde lo vas a colocar y lo pone en mi biblioteca, al lado de mis novelitas rosa, aquellas del carioca de Bahía. No hay que preguntarle nada, lo vomita todo en mi cara, describiendo, con acento extranjero y familiaridad de local, cada esquina, cada bar, cada detallito cotidiano, el va explicando todo poquito a poco, como un buen maestro consciente de tus limitaciones.

Mi pequeño Larousse va todavía más allá. El viaja a través de los viajes de sus conocidos, no tiene que ir a ninguna parte para absorber culturas lejanas e inaccesibles. El me narra como fue mi vida en Barcelona, mientras yo asombrada de haber vivido lo que no viví, me dejo morder por un gato tonto, sintiendo un poco de lástima por él. Al final Laroussito se relame los bigotes y se marcha satisfecho creyendo haber apabullado a una rata de alcantarilla disfrazada de ratona ignorante y medio pendeja, que lo despide muerta de la risa, se sirve un traguito y se sienta a escribir su historia

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6 comentarios on “Manual de costumbres y procederes de la clase media venezolana”

  1. Anonymous dice:

    Carola:Te imaginas que no voy a decirte cada vez que me gusta tu artículo ¿Ah?. De ahora en mas solamente hablaré cuando no me guste por algo.¿Y sabes? Americanos somos todos. Vos, yo y aún los norteamericanos entre los que se cuenta a los mexicanos.No les regales el nombre. Es lo que quieren. Vaciarnos por adentro y por ajuera.Amablemente:Lizardo Sánchez, Córdoba, Argentina.

  2. Carola dice:

    Oye pibe!!!Pusiste el cometario en el capítulo equivocado!!!jajajaja!!!QQQQQQQQQQQ

  3. Carola dice:

    Te explico Lizardo,No son mis palabras las que lees, son la de los viajeros.BESOS!!!

  4. Anonymous dice:

    Demasiada sutileza pa mi entendimiento….La de embocar en el capítulo y la de comprender quien habla.LizardoCórdoba, Argentina.

  5. Anonymous dice:

    Carola está genial este cuento. Me gustó bastante. No te he visto más en Aporrea, ¿por qué?Carlos Parra


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