Manual de Costumbres y Procederes de la Clase Media Venezolana

Capítulo I

Tasca Gao

¿Quién no ha pasado una amena velada en casa de unos amigos, tomando unos traguitos en una acogedora tasca casera? Yo lo he hecho hasta el hastío. Cada vez que una pareja de amigos se casa nos vemos obligados a visitar su apartamento nuevecito, cortesía de papá. Dicho inmueble, generalmente, ha sufrido una serie de transformaciones para ser adaptado a las necesidades de la joven y feliz pareja, que allí comenzará una nueva vida, para toda la vida, o hasta que el divorcio nos separe.

Entre los trabajos de remodelación hay dos detalles que no pueden faltar: un jacuzzi incrustado en un bañito, que queda como mucho camisón pa’ Petra. (Eso para el disfrute exclusivo de los enamorados). Y una tasca, para todos, al mejor estilo que ellos imaginan como andaluz.

El diseño y decoración de ese importantísimo rincón del hogar, suele consumir meses, a veces años, si no toda luna vida de dedicación para obtener lo que muchos consideran como un espacio de primera necesidad. Se empieza con la construcción de la barra de madera maciza, acompañada de tres o cuatro taburetes cojos,de madera muy oscura, de esos que se balancean al posarse sobre ellos, y que, a veces, se le pone un taco de servilleta en la pata para tener un poco más de estabilidad. También, un cachivache que va pegado al techo donde cuelgan las copas patas arriba como murciélagos cristalinos.

Una vez terminados estos elementos comienza la decoración. Existen, al parecer, una cantidad de objetos que debe tener su tasca, pequeños detalles que le imprimen personalidad, no su personalidad, sino una genérica, una especie de híbrido de un quillo gaditano, un mayamero frecuente y un bebedor nacional. Explico: No puede faltar una botellita de cerveza Zulia. Una colección de latas del todo el mundo, fruto de un esfuerzo mancomunado, en el cual cada pariente, cada amigo trae de vuelta de sus viajes una lata ó más latas vacías. Otra colección indispensable es la de botellitas de avión. Estas perfectamente selladas y llenas, al contrario de sus parientes de aluminio. Algunos pocillos y ceniceros y revolvedores con logos de los Yankees de Nueva York, de la Universidad de Miami, de algún bar Key West, y el de Mickey Mouse, que no puede faltar. Un cartel taurino anunciando una tarde de corrida en Las Ventas con el nombre del anfitrión (como detalle jocoso) junto con el de algunos toreros de verdad verdad. Unos cartelitos de cerámica pintados con frases graciosas como, ‘’Entre mi carro y mi mujer, te presto a mi mujer’’. Lucecitas, madroños y platos de cerámica pegados a la pared, una réplica miniatura de La Giralda, una muñeca made in china vestida de bailaora y comprada en Barcelona. Además, colgados de una columna, una pata de jamón polvorienta y una ristra de ajos de ráfia. Detalles éstos que impregnan el lugar de un sabroso ambientillo andaluz.

Indispensable es también una bufanda y un gorro de bufón del Real Madrid, preferiblemente, aunque pueden ser de cualquier otro equipo, pero eso si: de la Liga Española de Fútbol. Dichas prendas deben ser colocadas sobre un televisor que se empotra a la pared con un armatoste giratorio que nadie, gira nunca y que pesa más que la tele. Los sábados de partido, todo buen anfitrión debe ponerse sus accesorios de forofo, aunque hagan 40 grados a la sombra.

Sin embargo, todo éste esfuerzo sería en vano si no se coronara con un cartel, uno grande, de madera oscura, con muchas capas de barniz, rectangular, con las esquinas mordidas en semicírculos y con unas retorcidas letras de mecate que digan Tasca Gao

Si Tasca Gao fuese una franquicia su inventor sería rico. Pero es mucho más que eso, es un elemento del acervo cultural de la clase media venezolana.

Cada vez que inauguro con mis amigos uno de estos bares domésticos les pregunto, en que lugar de la casa pusieron la biblioteca. Lo hago por incordiar, porque ya sé la respuesta. Me gusta imaginar como sería si todos los recursos y todo el esfuerzo que emplearon en hacer un bar lo hubieran destinado a una biblioteca. O mejor aún una biblioteca con neverita y chinchorro. Porque es rico echarse a leer tomandose un trago o dos…

Mis amigos me miran con ojos de asombro, como si apenas entonces se enteraron de que los libros existen y que sería bueno tener algunos en casa, aunque sea para disimular. ¿Disimular con quién? Si donde hay confianza da asco: ‘’no joda Carola no te la vas a echar de culta ahora, tomate unos palos y dejanos ver el fútbol. ¡Gooooooool!’’

Hace unos meses, mis amigos se reunieron en una de las sucursales de Tasca Gao. Estaban indignados porque Juan Barreto los había llamado clase media putrefacta y embrutecida. Yo en ese momento comprendí su indignación: ¿Putrefactos? Imposible, si todos están conservados en alcohol. Embrutecidos, por supuesto, donde hay confianza da asco, ¿no es así?

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3 comentarios on “Manual de Costumbres y Procederes de la Clase Media Venezolana”

  1. Anonymous dice:

    Ese rincòn de la casa, tan típico como de mal gusto, también se puede ver en Argentina, pais desde donde te leo. Bueno Carola, me gustó esta pincelada pero más me gustó que encontraste bajo esa apariencia de estilos la contradicción de su ideología: quiénes son más brutos, lso que sacrifican una biblioteca por la tasca o el pueblo que denigran?Saludos,Nikel

  2. Carola,te he estado leyendo por horas. será eso malo, o bueno? saludable? anti-stress? tienes un humor delicadamente ácido y reconfortante, qué rico es leerte.gracias de nuevo,Jose el llaga

  3. yara dice:

    Mi mamá me dijo que te leyera en aporrea, y por ahi encontré tu blog, si que te estoy leyendo de a poquito, para disfrutar más los cuentos, si no fuera por el apellido diria que eres de mi familia.El bar de mi papá es un poco más evolucionado (para no decir que es totalmente diferente al tasca gao) se llama Bar.Quisimeto (puede ser una nueva franquicia solo para guaros)Por años estuvo en el apto de mis padres como exhibidor de las matas de mi mamá porque todo el mundo se echaba los tragos en la cocina; cuando nos mudamos a una casa, pues el bar se vino con nosotros (de 1 pieza y bajado por las escaleras por mi novio y su hermano) por el cariño que mi papá sentia al bar y que algun dia le daria uso de verdad en la casa nueva~.Pues ya tiene uso, es la casita de dormir de las dos perras de la casa. Mis papás y sus amigos se siguen echando palos en la cocina.Yo? vivo en Portugal ahora y mi tasca es una despencita debajo del fregadero de la cocina.Saludos,Yara


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